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LA MIERDA NO SÓLO ESTÁ EN EL VERTEDERO


Desde que empezó este verano, y debido a las lluvias torrenciales que se produjeron en la zona norte de nuestro municipio, las malezas han crecido y proliferado de manera espectacular, haciendo impracticables los pasos y caminos en el cauce del río Chícamo, que se han convertido en inaccesibles.

Las fotos que se muestran, son del camino de la Era, en Macisvenda, y han sido tomadas este domingo día 7 de agosto. Como se puede observar, los turistas usan este inicio del camino como aparcamiento para dejar allí sus vehículos.

 

¿Este es el compromiso con el Medio Ambiente que tiene el Alcalde y su equipo de gobierno?

En el programa electoral con el que el PSOE se presentó a las elecciones, prometían ordenar el espacio natural del río Chícamo. Nos preguntamos si a la vista de las imágenes, alguien en el PSOE considera que esto está bien ordenado, pues la realidad que se puede ver es que hay contenedores que están volcados, y junto a este desastre de basura, una mesa de televisión, un sofá, un inodoro, calzados, trapos, bolsas de plástico sueltas, además de otro tipo de vertidos allí abandonados durante todo lo que llevamos de mes.

  

Esta es la imagen que se encuentran los visitantes que vienen a hacer senderismo por el río Chícamo. Y esto no se puede consentir, pues es una imagen lamentable que no favorece en nada nuestro turismo rural, ya que de lo único que se da imagen es de desidia y de abandono. Por esta razón, desde IUMA, creemos que el PSOE cuando habla de ordenar el espacio natural, probablemente se refiera a poner un cachivache detrás de otro.

 

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EL AZARBE DE FAVANELLA


La desembocadura natural del río Chícamo al Segura se efectúa por su margen izquierda, en Orihuela, en el paraje conocido por El Escorratel. En las descripciones más antiguas que se conocen de la época medieval, se le llamaba el río-rambla de Favanella. Pero dado que al traspasar nuestro término municipal no llevaba ningún caudal de agua constante, también se le denominó como rambla de Abanilla-Benferri. Desde remotos tiempos, quizá por los árabes, las aguas de sus avenidas se aprovecharon para regar los terrenos lindantes a sus márgenes. En La Matanza y Benferri por medio del sistema de captación de boqueras yuxtapuestas, atajando casi en su totalidad las aguas por medio del paredón construido solidamente en el s. XVIII, que las encauzaba para irrigar los campos de Benferri, Cox, Redován y la zona noroccidental de la sierra de Callosa. Con este encauzamiento desde dicho paredón se evitaban los destrozos causados en Orihuela por las riadas, salvo aquellas en que el caudal circulante sobrepasaba en mucho su capacidad de avenamiento, en cuyo caso era inevitable la inundación de Orihuela y los pueblos ya citados, por lo que en Cox tuvieron que construir un dique terrero, la mota, porque de lo contrario las aguas seguían su cauce natural hacia La Granja de Rocamora y Albatera. Según el estudio realizado por R. Moñino, desde 1545 a 1879 hubo 136 riadas en la Vega Baja, que inundaron y causaron destrozos de mayor o menor consideración, agravados en la mayoría de ocasiones cuando las ramblas de Santomera y Abanilla, y el Guadalentín, aportaban grandes caudales a los que el Segura ya traía. De triste recuerdo son la riada que en el s. XVI destruyó la población de Benferri, la del 27 de septiembre de 1947, que destruyó parte del cementerio de Benferri; incluso la del 2 al 6 de noviembre de 1987, que a pesar de estar ya el Chícamo desviado al pantano de Santomera, desde el paraje del Paúl, en Abanilla, se inundaron Cox, Redován, La Campaneta y el Escorratel.

Juan Riquelme Sebastián ( Juan Alforjas) y su hija Vicenta, abanilleros residentes en Catral, junto al azarbe, que discurre cerca de su domicilio.

El Paredón de Benferri es de origen islámico, pues ya se cita en el “Libro del Repartimiento de Orihuela”, de los siglos XIII-XIV, reforzado y mejorado con obras de mampostería y sillería a través del tiempo. Sin embargo, el agua del rio-rambla de Abanilla-Benferri y del sistema de escorrentía no se detenía totalmente en el citado paredón, sino que era laminada hacia la red de azarbes y acequias de la margen izquierda del Segura, pues se cita la existencia del azarbe mayor de Favanella (nombre de Abanilla tras la conquista cristiana), el cual formaba parte del drenaje en esta zona. A partir del s. XVIII, se queda fosilizado en la toponimia y la topografía la denominación de río-rambla de Abanilla-Benferri. Así mismo, también han quedado en la toponimia y la topografía los azarbes denominados de Abanilla y del Mayayo, en la margen izquierda de la huerta segureña. Se da la circunstancia que en las obras que en el s. XVIII emprendió Belluga, con el fin de drenar los almarjales y crear las Pías Fundaciones de Dolores, San Felipe y San Fulgencio, se tuvo que agrandar y dar mayor profundidad al azarbe de Abanilla, excavando otros más y prolongándolo hasta enlazarlo con toda la red que vierte casi en la desembocadura del Segura, puesto que el citado azarbe sólo llegaba hasta los almarjales, donde una vez desecados se colonizaron sus tierras.

El azarbe de Abanilla, a su paso por el término municipal de Catral.

El azarbe de Favanella (Abanilla), como se aprecia en los mapas topográficos actuales, se inicia en El Escorratel y recoge, además de las aguas que drena a su paso, las sobrantes de las colas de los brazales y arrobas de la margen derecha de la acequia mayor de Callosa-Catral, que fueron cedidas en su momento por los regantes, para ser aprovechadas en las Pías Fundaciones.

Plano.- Está publicado en la página 251, figura 76, del libro “LOS REGADÍOS MEDIEVALES Y SU EVOLUCIÓN HISTÓRICA EN EL BAJO SEGURA”.

E. Marco, cronista oficioso de Favanella

Artículo también publicado en la web “La Crónica Independiente” de la Vega Baja y Bajo Vinalopó.

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