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EL CENTENARIO DE 2022


EN ABANILLA, ESTE AÑO 2022 SE CUMPLE UN CENTENARIO MÁS, QUE ESTÁ PENDIENTE DE ACLARAR HISTÓRICAMENTE, PARA PODERLO CELEBRAR A BOMBO Y PLATILLO.

La Verdad de Murcia, Órgano de los Sindicatos que integran la Federación Católica Agraria, el 04-05-1922, publicó una crónica sobre las fiestas de Abanilla: Debido a la generosidad y entusiasmo de los buenos abanilleros los señores Sánchez, Cascales y Carlos Roca, auxiliados por los vecinos, este año se están celebrando con extraordinaria solemnidad y pompa las fiestas del Centenario de la Aparición de la Santísima Cruz. La procesión con la venerada reliquia resultó suntuosa, haciendo un gran alarde de pólvora los bandos de cristianos y moros, los que lucían antiguos y vistosos trajes…Para dar mayor realce a las fiestas, amenizan las veladas las bandas de Infantería de Marina de Cartagena y la del Regimiento Sevilla de dicha población, así como igualmente la municipal de la villa.

Sigue la crónica describiendo la novillada realizada en la reciente construcción del coso taurino, con amplio ruedo, cómodas barreras y espaciosas andanadas…así como de los cuatro novillos lidiados y sus toreros. Esta plaza de toros estuvo enclavada en el barrio que se conoce como «Los Toros», situado en la margen derecha del comienzo del camino de las Cuestas. Solamente estuvo en activo dos años, pues en el verano de 1923 tuvo que desmontarse toda la madera empleada en ella y las piedras de la mampostería, para venderlas y pagar la deuda pendiente de su ejecución. No obstante, en la enciclopedia LOS TOROS (tratado técnico e histórico editada por Espasa Calpe en 1943 y dirigida en sus inicios por el académico J. Mª de Cossio, para quien trabajó de redactor antes de 1939 el poeta y pastor oriolano Miguel Hernández), figura la plaza de toros de Abanilla. De esta pomposa efeméride del Centenario dio una detallada crónica la revista local RENOVACIÓN, por su redactor y promotor don José Cascales Lifante, que ostentaba la alcaldía, pero sin detallar la reseña del porqué se celebró esta efeméride, quizá porque en ese momento era suficientemente conocida por el público. Con el paso del tiempo, cien años después se nos presenta el dilema de no saber el porqué de esta celebración, pues no hemos encontrado ninguna otra publicación o legajo donde se especifique.

En la web: abanilladigital.com, accesible por Internet, hay publicados varios y variopintos artículos en los que refiero y cuestiono las incógnitas que nos quedan pendientes de aclarar, presuntamente, por la falta de legajos y demás referencias escritas que no sabemos dónde paran o que hayan desaparecido o destruido. Uno de estos artículos lleva por título: «Incógnitas que no nos falten», el 28-06-2021. Un ejemplar de la publicación local RENOVACIÓN de 1922 está escaneado y se puede acceder a él en la web de la Federación de fiestas de Moros y Cristianos de Abanilla.

En alguno de mis artículos, he comentado que el centenario de la «aparición» que se celebró en 1922 no fuese en el sentido de una aparición espectral ligada a creencias religiosas de cualquier índole, repletas de fe y desligadas de razonamientos científicos en los que flotan los ditirambos. Por tanto, la explicación histórica que yo razono es la de una «aparición» referente a algo que se ha perdido, extraviado o que se ha olvidado donde estaba guardado y que casualmente se encuentra, produciendo una satisfacción considerable que motiva celebrarlo jubilosamente a nivel popular. Barajando los hechos históricos que se produjeron en España desde 1808 a 1822, la Guerra de la Independencia ocasionada por la invasión de las tropas napoleónicas, la Región de Murcia fue ocupada imprevistamente…etc., etc. Ante la situación, y para evitar que los objetos de culto y valor de la catedral, monasterios, conventos, iglesias y ermitas no fueran rapiñados por los soldados, como pasó en otros lugares como Almagro, desde distintos puntos se emprendieron transportes para recogerlas y llevarlas al puerto de Cartagena, donde se embarcaron y se trasladaron al castillo de Ibiza, lugar que consideraron seguro y protegido de ser ocupado por los franceses, como así se ratificó. Liberada nuestra nación de esta invasión gala, a la vuelta de Fernando VII volvieron a Cartagena los objetos custodiados en Ibiza y, supuestamente, pudimos tener la suerte de encontrar nuestra Santísima Cruz, lo cual sí que pudieron considerarlo un verdadero milagro, calificándolo de «APARICIÓN». Tradicionalmente, la aparición espectral de nuestra Santa Cruz en la «cieca» de Mahoya se remonta al final de la Edad Media o principio de la Moderna. El diccionario geográfico y estadístico de Pascual Madoz Ibáñez, editado en 1840 refiere: «Una reliquia o cruz pequeña que piadosamente se dice aparecida, se baña en la acequia mayor con gran estrépito de trabucos».

Castillo de Ibiza

Dentro de cien años más, en 2122, (y aquí sí cabe citar lo que el Ingenioso Hidalgo le dijo a su fiel escudero: «Largo me lo fías, Sancho»), puede que sea posible celebrar el III Centenario del «encuentro» de nuestra Santísima Cruz, tras la vuelta de su custodia en el castillo de Ibiza; si por indagaciones oficiales u oficiosas alguien o algunos/as encontraran los papeleos de su recogida y traslado en barco desde la Ciudad Departamental al Archipiélago Balear, donde a todos los soldados franceses que por allí intentaron medrar se les capturo, desarmó y confinó en la isla Cabrera, donde se fueron muriendo de sed, hambruna o ahogándose en el mar, que muy pocos, quizá nadie, lograría escapar, pues casi ninguno sabía nadar. Arbolado adecuado para hacer balsas flotantes allí no existía, solamente matojos y arbustos rosigados por las cabras. Su subsistencia dependía de lo que pescaran y de la caza de las cabras salvajes que lo habitaban, que se comían todo lo que verdeaba (algo así como en el islote Perejil), teniendo para beber el agua que se recogía cuando llovía en pequeños aljibes excavadas en terreno rocoso y charcos que en el estío se secaban. Esta cuestión de encontrar el libro de bitácora del barco que efectuó el transporte es bastante improbable, por desconocer su nombre y, supuestamente porque no llegó a archivarse, por haber naufragado. Más improbable todavía puede ser encontrar el inventario del traslado.

Para superar la pandemia del olvido hay que investigar el pasado. Todo lo positivo para las fiestas mayores y menores de cualquier lugar no se tiene que ceñir a promocionar solo el botellón, el tardeo, las comilonas y la parafernalia; que no solo de pan vive el hombre. Concluyo con lo dicho por el historiador Robert Proctor, de la Universidad de Stanford: “Ciertos intereses económicos fomentan la incultura”.

E. Marco, cronista oficioso de Favanilla

Artículo enviado en marzo de 2022 a «La Voz de Fortuna» para su publicación.

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APUNTES Y REFERENCIAS SOBRE SANTA ANA, SAN JOAQUÍN Y LA BATALLA DE SANTA ANA


En 1921 hay referencia del traslado de santa Ana el día 2, desde su ermita al templo de san José. En 1945 se refiere otra vez el traslado solamente de Santa Ana, pero no de san Joaquín. Ya en 1947 sí, de santa Ana y san Joaquín. El reportaje cinematográfico de 1947 (pseudo NODO), sí recoge a los Santos Abuelos en la romería.

La actual imagen de la Abuela Santa Ana fue adquirida en la década de 1940. Es de escayola, posiblemente fabricada en Olot. La encargó y pagó José Marco Riquelme, propietario del famoso molino de la cal, en el paraje de Santa Ana. Presuntamente no existe justificación documental de la adquisición, al menos que se lo mostraran al cura D. Manuel Gil, cuando la redacción del libro de la historia de la parroquia. Esta familia se encargaba de organizar la fiesta y del cuidado de la imagen, pero por razones personales (disgregación de la familia a otros lugares y cierre de la actividad industrial), dejaron de hacerlo. Hubo algunos años sin actividad festera el 26 de julio, hasta que Vicente “El Conde” (cuyo padre ostentaba el arrendamiento y la distribución del agua del aljibe, y vivía “in situ” en la cueva donde está el grifo del agua), quiso hacerse cargo de la Abuela y promocionar su festividad. Actualmente, su hijo Juan José “El Conde” ha asumido las funciones de su padre, que financia los gastos que se originan con las donaciones que le dan. Existen comentarios a nivel particular y familiar, que para la adquisición de esta imagen, algunos abanilleros le dieron dinero a José el del molino de la cal.

Procesión de Santa Ana y San Joaquín, el 26 de julio de 2014

Respecto a S. Joaquín, antes de la década de 1940 no había dicho santo en la ermita de Santa Ana. El actual lo adquirió Antonio Ruiz «El Mocho», en 1942, pero lo tenía en su casa. En 1945 hizo el altar para colocarlo en Santa Ana, pero sólo lo llevaba el 26 de julio, aunque no lo sacaba en la procesión; y después se lo volvía a llevar a su casa, porque la ermita tenía goteras. Tras el arreglo de Santa Ana en 1986, fue cuando Margarita «La Mocha» lo dejó allí. En la foto de la década de 1950, el 3 de mayo, a San Joaquín lo llevaban de su casa a la iglesia y lo ponían en un trono que se utilizaba para varios santos. Al regreso lo dejaban en Santa Ana y días después se lo llevaban a su casa. Restaurada y pintada interiormente la ermita de Santa Ana, Margarita encargó que le hicieran la hornacina acristalada. Lo de sacarlo conjuntamente en el mismo trono con Santa Ana es demasiado reciente, desde que surgió y se aprobó la idea de sacarlos el 14 de septiembre. (Ver anexo 1).

La ermita de santa Ana se erigió a finales del s. XVI, sobre los restos del castillo musulmán que en dicho lugar existió, posiblemente del s. XII. Hay indicios de que en dicho castillo había vigilantes para guardar Sahués, la Huerta y el Olivar, de robos y destrozos vandálicos, así como para pernocta y control de los que les tocaba regar por la noche.

La puesta en escena de la leyenda de «La Batalla de Santa Ana», filmada en el documental de 1947, se refiere en los programas de la década de 1940 y 1950. En el programa de 1953, Antonio Aguilera Bernabé (ver su biografía en Internet), escribió un detallado artículo en el que, influenciado por el nacional catolicismo reinante, basado en las tradiciones imperantes, elevó al rango de historia local esta efeméride.

En el año 1957 se suprimió el llevar en la romería a los Santos Abuelos, presuntamente porque no se sabía documentadamente el porqué de dicha tradición; y porque ya hacía unos años que no se realizaba la batalla de Santa Ana. Esto no fue por «los carros del botellón», pues el botellón de los carros se inició a partir de 1974, por algunas personas de los grupos festeros de Muzalé, Jaira y Calatrava, desmadrándose de tal manera que hasta ahora es imposible de quitar y complicado de controlar; porque el desmadre del botellón festero está extendido en cualquier fiesta popular, incluso de carácter religioso, a nivel local, nacional e internacional. Y este criterio no es de mi cosecha, sino de acreditados antropológicos como Manuel Mandianes y otros.

El programa de fiestas de 1926, refiere que la Abuela Santa Ana estaba en la ermita de san Sebastián y san Roque (san Antón). Esto fue debido a que la ermita de santa Ana estaba en estado ruinoso, con el tejado hundido. Fue el cura D. Antonio Sánchez González, destinado en Abanilla desde 1927 a 1932 (ver página 186 del libro de la Historia de la Parroquia), quien a instancia de los feligreses se encargó de dirigir la reconstrucción de la ermita de santa Ana. En este quehacer también colaboró el cura abanillero D. Antonio Salar Ruiz, destinado en La Cañada del Trigo-Jumilla. La última misa en la ermita de santa Ana se hizo con el cura colocado de espaldas a los fieles, antes de ponerse en práctica la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II. Y la primera misa allí celebrada en este s. XXI se ha realizado hace pocos años, por D. Ángel Soler, con un altar portátil de quitar y poner adaptado al lugar, en una boda que así la propusieron y organizaron los contrayentes: Rafael y Mª Teresa, el sábado 30 de septiembre de 2017.

Otras observaciones.- En la citada «batalla de santa Ana», los capitanes de las tropas mora y cristiana no eran los capitanes de la Santa Cruz (los de la subasta de la Hermandad), sino otros nombrados entre los participantes de ambos bandos. Esto lo escribí en un artículo del programa de fiestas, con testimonios de José Alonso Gutiérrez (el padre de Nito) y Vicente Riquelme Sánchez (el Conde). Pepe el del Ciego de Dionisia también ha escrito y dicho que el capitán del bando moro fue un familiar suyo, que por eso tenía el apodo de «los Morunos»; y que esto era debido a que para ser capitanes del bando cristiano, había disputas, pero del moro no.

La primera vez que salieron en el mismo trono Santa Ana y San Joaquín fue en septiembre de 2014, el año de la rememoración de la batalla de Santa Ana.

La bandera blanca con la cruz de san Andrés en rojo vino a España de manos de Felipe el Hermoso (casado con doña Juana la Loca y padre de Carlos I de España y V de Alemania) como distintivo de su familia el ducado de Borgoña. Se empleó como bandera del Ejército en Los Tercios de Flandes desde el s. XVI, durante el reinado de la Casa de Austria, hasta Carlos II el Hechizado. Felipe V (de la casa de Borbón), tras la guerra de Sucesión reformó el Ejército y suprimió esta insignia…, que con Carlos III se estableció la roja y amarilla.

Bandera con la cruz de Borgoña o de San Andrés

Es innecesario poner la Abuela Santa Ana con la Virgen Niña, pues en toda la imaginería existente a nivel mundial la Abuela Santa Ana se representa con la Virgen Niña. La información de esta fiesta, llamada apócrifa, está en la página 200 del libro ISBN 84-414-0656-1. editado en 1999, titulado FIESTAS SAGRADAS, autor Jesús Callejo. Editorial EDAF S. A.

Los datos y referencias de los programas anteriores a la década de 1970, me los ha facilitado Gabriel Esteve; y en el tema de la historia de la imagen de San Joaquín, me los ha proporcionado Margarita «la Mocha», que es la que tiene a nivel familiar el cargo de esta imagen.

Por tanto, en el antiguo Km 18 (actualmente el 4´5 de la RM-412), al pie de la loma de SANTA ANA, en la carretera, se rueda la bandera al regresar la romería del 3 de mayo. En las décadas de 1940 y finales de la de 1950, el 3 de mayo se realizaba en esta loma un simulacro de batalla entre la soldadesca dividida en dos bandos: el moro y el cristiano. Los moros secuestraban a los Santos Abuelos, hasta que en Mahoya eran vencidos por los cristianos, convertidos y bautizados. En 1956 ya no se realizaba este simulacro guerrero, por lo que en 1957 se suprimió llevar a san Joaquín y santa Ana en la romería.

Como recuerdo histórico de la citada efeméride, que no se sabe exactamente cuándo comenzó a realizarse, actualmente en Mahoya y en este lugar ruedan la bandera los capitanes de la Santa Cruz el 3 de mayo: en Mahoya al llegar como triunfo de los cristianos; y en la carretera de Santa Ana al retorno de la romería. Este rodaje es peculiar en cada población: Aquí se realiza con una rodilla en tierra, con vueltas en ascendente y descendente, invirtiendo el sentido de giro. La bandera es blanca con la cruz de san Andrés en rojo, correspondiente a los Tercios de Flandes desde el S. XVI.

Anexo 1.- La Abuela Santa Ana que hubo en su ermita hasta 1936, dicen que fue una talla de madera policromada, de pequeño tamaño, porque el ermitaño que había, tenía como una de sus misiones el llevarla en una hornacina a las casas y lugares que lo solicitaban, donde le daban donativos en metálico y en especie. Por tanto, el llevarla con la Santa Cruz en la romería era un trabajo liviano, sin necesidad de trono. Quizá el último ermitaño en la década de 1930 fuera el padre de José Cortés Marco (Pepe el «Perfuo», que ejerció de tambor de los capitanes mientras pudo). Su madre era hermana del cura D. Diego Marco Nicolás (Pina) y de Luis M. N. (Pina), que fue sacristán desde antes de 1936, hasta 1946. En la página 92 del libro Abanilla. Historia de su parroquia, hay una descripción del «ermitaño de Santa Ana en el s. XVIII», pero no hemos encontrado, hasta ahora, ninguna más. 

Redacción.-E. Marco

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