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Cronista oficioso de Favanella (Murcia)

LA CAPITANÍA DE 1922


Según los datos familiares de que dispongo, en el año 1922 la capitanía la ostentó José Marco Rivera, hermano de mi abuelo Eugenio, que tenía negocios mercantiles en Cuba y vino con su familia a cumplir la promesa. Los pajes fueron mi padre Isidro Marco Rubira, sobrino suyo, que todavía no había cumplido los cinco años, y José Rivera Ruiz (Pepe el de Joseíco). No disponemos de ninguna fotografía de dicha capitanía, suponiendo que se las hicieran. No obstante, existe la sospecha de que la foto que se ha publicado en la página 150 del libro de la Historia de nuestra Parroquia, incluso en programas y revistas festeras, y en la página 103 del programa de este año, reseñada como de 1920, pudiera corresponder a la capitanía de 1922. Lo único que ha llegado hasta nuestros días de este evento es uno de los trajes y sus botines artesanales, que no sandalias, con los que se vistió un maniquí para aquella exposición de cosas antiguas que organizó la Hermandad de la Santa Cruz en la Navidad de 1995, en La Encomienda, durante la presidencia de Ginés Rivera, cuya fotografía se publicó en la página 139 del citado libro de la Historia de la Parroquia. La peluca es de Anica la del Cine, de su hermano Juan José, que fue paje. Los trajes de estos pajes fueron de estreno, confeccionados con telas de buena calidad, incluso de seda. El blanco, que es el que luce el maniquí, ha sido estudiado por Salvador Doménech Llorens, perito textil de Alcoy, que me confirmó que lleva hilos de plata. Las puntillas son de hilo de oro de baja aleación, que con el tiempo y el uso ya están algo oscuras, pero no negras. En el año 1988, mi hijo Rodrigo Marco Martínez fue paje de la capitanía de Gaspar El Pincho. Tuve la ocurrencia de vestirlo con lo que quedaba de dicho traje, sin alhajas, junto a su abuelo Isidro, para fotografiarlos como recuerdo.

Este año 2017, mi hermana Cesárea y mi cuñado Pascual y familia ostentan la capitanía y su nieto, Sergio Lajara Ruiz, ha sido uno de los pajes, junto con Alejandro Ruiz Lajara, nieto de Enriqueta Cantero, al cual también se le ha vestido y fotografiado con este traje de su bisabuelo Isidro, para que quede constancia de esta efeméride familiar. Los trajes de los pajes de la capitanía de 1922 (Isidro y Pepe el de Joseico), se confeccionaron a cargo de los capitanes y fueron después cedidos por mis abuelos a todo el que los pedía, según me contó mi abuela Cesárea y María Lajara Rocamora, que vestía a los pajes, y era vecina de mis abuelos, que vivían en la calle del Ciervo.

Mi abuela materna, Teodora Riquelme Almarcha, ofreció que yo fuera paje. Me negué a serlo y, posteriormente, lo fue mi hermano Antonio, en la capitanía de Ginés Lifante Pérez, de Barinas, junto con Paco Sánchez Quílez, hijo de Pedro el de Natividad, en el año 1964. Yo no suelo creer en que las influencias del Más Allá lleguen al más acá, pero mi hijo Rodrigo fue paje por voluntad propia, que no por promesa, pues no entraba dentro de mis cálculos; quizá por negarme yo a serlo por la promesa de mi abuela. Lo que sí puedo manifestar es que una semana antes del día de san José, mi hijo empezó a decir que quería ser paje. Tras la subasta mi mujer fue a hablar con los que se la habían adjudicado, para decirles que si necesitaban paje que contaran con mi hijo. El otro paje de esta capitanía fue Francisco José Rubira Riquelme, nieto de Antonio Rubira y de Paco el de la luz. Desde aquí queremos agradecerle a la familia de Gaspar El Pincho el habernos dado la oportunidad para que mi hijo Rodrigo fuera paje.

Observación: El traje antiguo de mi padre Isidro, tanto en la foto de mi hijo Rodrigo, en la de Sergio y en la del maniquí de la exposición, no llevan enaguas almidonadas a la antigua usanza, sino una especie de miriñaque confeccionado con artilugios metálicos y de plástico. Trataré de conservar esta vestimenta, para que si alguna vez existe un museo de antigüedades, que no de trajes nuevos, pueda estar expuesto.

E.Marco

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INCREÍBLE PERO, PRESUNTAMENTE CIERTO, AL 50+1%


Si nos pusiéramos a analizar y revisar, sin ánimo de ofender, el pasado político abanillero de los últimos tiempos democráticos, nos podríamos encontrar con algunos de los siguientes pasteleos:

  • La galopante y casi imparable subida del IBI (la contribución).
  • La no menos imparable subida del agua “putable” que sale por los grifos, por obra y gracia de la fórmula polinómica que regula sus tasas y tarifas, donde un factor muy destacado son “los impagados” pues, salvo alguna excepción, si la hay, no es conocido de que se le haya cortado el suministro a nadie por NO pagar, ni que ninguno haya sido requerido por la vía ejecutiva para cobrársela, cuya orden tiene la potestad de darla, preceptivamente, el sr. Alcalde. Se sospecha que mucha de esta presunta deuda es incobrable, por suspensión de pagos en algunos casos y por paradero desconocido e insolvencia económica en otros; a pesar de que alguna de esta agua puede no haber sido empleada para usos domésticos de necesitados e indigentes (pobres de solemnidad en otros tiempos), ni para usos industriales, sino para algún desconocido “Pepito Piscinas” de presunto alto standing, sin que se conozca que se hayan efectuado indagaciones contrastables sobre el asunto.
  • El desmadre del ¡Viva la Pepa! en cuanto a la burbuja flotante inmobiliaria se refiere, que al llegar a la estratosfera de la economía insostenible ha reventado y todavía está por caer la basura espacial que ha generado, posiblemente sobre el arca municipal.
  • Del botafumeiro que lixivia sin parar y que de vez en cuando huele que no se puede aguantar y se incendia por generación espontánea, cuando le viene en gana, hay para escribir una historia novelada más voluminosa que el libro gordo de Petete, en varios capítulos coleccionables, entre los que circulen bolsas y bolsos más negros que el carbón, ídem a los que, presuntamente, usaban los Pujol en sus viajes a Andorra la Bella.
  • Del enjambre de moscas, moscones y demás parásitos y pulgones que pululan, de facto, alrededor de las casas sin chimenea y demás habitáculos de los dioses de barro, que no hay apicultor capaz de cogerlos ni insecticida que pueda eliminarlos.
  • De las cosas y asuntos inconfesables que algunos pretenden ocultar bajo las alfombras mágicas que, sin embargo, circulan de boca en boca en los conciliábulos, saraos y barras de bar; como el de las presuntas prebendas y demás presuntas cuentas de compensación al estilo del Gran Capitán, que todavía están, presuntamente, pendientes de aclarar, lavar y desinfectar con lejía, aunque sea en el Lavadero, o como determina el Plan General Contable oficial.
  • Y de otras muchas cosas más, que se saben a nivel de leyenda urbana, pero que va a ser muy difícil, casi imposible, poderlas dilucidar: los contratos de obras y servicios de intachable y pulcra adjudicación legal, por lo que no hay necesidad de indagar; ciertas subvenciones a comisiones de fiestas cuyas cuentas no se conoce que las hayan hecho públicas y notorias, con luz, taquígrafos y pasquines; y otras menudencias de endoses gastronómicos y demás “onomasticás”, que no son preocupantes más que por el hedor de las grandes cagadas y pedorretas de algunos de los comensales. En fin, como se suele decir, “el “cocholate del loro”, del caso de aquella marquesa de Cagalaolla venida a menos por manirrota.
  • Y a pesar de ello, parece como que algunos en su vida NO han roto un plato y pretender ser los adalides del progreso con la ley en la mano, mientras que no se les pueda demostrar lo contrario por la vía judicial. Esto me hace pensar que algunos alumnos aventajados desconocen la teoría de la RELATIVIDAD, descubierta por Albert Einstein (no confundir con Albert Rivera, de Ciudadanos) y pretenden que nos creamos sus supuestas e intrínsecas verdades absolutas que, a veces, rayan en la minusvalía mental.

  • ¿Será posible que esto sea posible y pueda quedar inerte por obra y gracia de algún presunto pacto secreto entre los diabólicos dioses del Averno, los lobos solitarios y los mansos corderos o las aves de altos vuelos: rapaces y gavioteros?.
  • – Antony de Melo refiere en sus meditaciones, “que si aprendemos a disfrutar el aroma de las mil flores, no te aferrarás a ninguna de ellas ni sufrirás cuando no puedas conseguirla”.
  • – La mayoría de los mortales, en su relación social tratan de hacerse un nido seguro, inmóvil a los vaivenes de esta vida y sus circunstancias. Muy pocos son los que prefieren la libertad antes que la sumisión incondicional. Un fanático, por lo general, es aquel que solamente se fija en lo que le confirman sus creencias y aparta todo aquello que lo pueda poner en entredicho. Y para rematar la faena, solo falta que alguno, entre la multitud, grite diciendo: ¡Arrepentíos, comisionados, que vamos a tener bandera XXX hasta que san Juan baje el dedo, o hasta que la paloma del Espíritu Santo ponga huevos!. Para los buenos discípulos siempre ha sido, incluso en el orden de la política, un orgullo superar a sus maestros, aunque sea dando ejemplo del mal ejemplo ¡Manda huevos!.
  • – Es la primera vez, y sin que sirva de precedente, que consigo escribir algo sin incluir la palabra “zascandil”.

E. Marco

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