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Las “Meninas” de Madrid y Josefina Miralles


El sábado 14 de julio de 2018, tuvimos la ocasión de pasar un agradable rato en el Algarrobo, charlando con doña Josefina Miralles Guas. Ella es Licenciada en Bellas Artes, pintora y escultora, y ejerció de profesora de dibujo y catedrática en el Instituto Nacional de enseñanza media “Cervantes” de Madrid, hasta su jubilación. Es hija del abanillero Claudio Miralles Gaona (n.1869), notario que ejerció en Valencia, Barcelona y Madrid, quien escribió varios ensayos literarios y de pensamiento filosófico, que publicó por su cuenta, cuyos títulos son “Libertad y arte” (1947), “Temas eternos” (1952),  Pensamientos (1955), “Origen, idea, evolución y fines de El Dinero” (1958) -donde viene una detallada biografía del autor-, etc.. Todavía conserva en su casa del Algarrobo, algunos ejemplares que ha tenido a bien darnos, para hacerlos llegar a la Biblioteca Municipal de Abanilla, por ser esta villa el lugar de nacimiento de su padre.

El padre de Josefina, Claudio Miralles, era coproprietario junto con el general Chacel, del monte del Algarrobo, donde solían veranear. El general Chacel fue nombrado en 1903 hijo adoptivo predilecto de Abanilla, y le pusieron su nombre a la calle donde vivía (actualmente renombrada como calle Princesa, por la ignorancia que sobre este personaje se ha tenido en Abanilla de un tiempo a esta parte), muriendo posteriormente de problemas cardíacos. Josefina ha conocido personalmente en dicha casa del Algarrobo, a la viuda e hijos del general Chacel cuando allí veraneaban. Las largas temporadas de estancia en alguna de estas casas del Algarrobo, también sirvieron en su momento para paliar y tratar de curar la tuberculosis de alguno de sus propietarios. Esta enfermedad fue muy común en la época, hasta el descubrimiento del bacilo de Koch en 1882 y su posterior tratamiento con remedios naturales y descubrimientos farmacológicos.

En el artículo publicado en el programa de fiestas de 2018, ya se reseñó la visita a las fiestas de mayo del año 1949, del hispanista, amigo de Unamuno y director de la Casa Velázquez de Madrid, Maurice Legendre (1878-1955), institución de la cual doña Josefina obtuvo una beca en 1950 para ampliar sus conocimientos en Francia y en Italia. Josefina Miralles nos cuenta sus recientes andanzas por el Ayuntamiento de Madrid en pro de aclarar la figura de Maurice Legendre y su contribución a la promoción de la cultura por la institución que presidió hasta su muerte, pues en razón de la Memoria Histórica mal entendida, se pretendía eliminar del callejero madrileño la calle que a este personaje tiene dedicada en la capital cerca de la Estación de Chamartín. La evidencia ha sido que se han tomado en consideración sus argumentos y no se ha procedido a cambiar el nombre de la calle.

Todavía a sus 96 años, sigue con sus aficiones de dibujar y hacer alguna que otra pequeña escultura. Lo último ha sido pintar una de las “Meninas” que han estado expuestas por diversos lugares de la capital del Reino. Estas “Meninas” son obra del artista venezolano Antonio Atazzo, elaboradas con fibra de vidrio, resistentes a la intemperie. La singularidad de estas figuras alusivas a la pintura de Velázquez, es que las 80 realizadas, han sido decoradas pictóricamente cada una de ellas por un artista diferente, plasmando cada uno la idiosincrasia de su estilo. A Josefina le ha cabido el honor de decorar la “Menina” que ha estado expuesta en la calle de Velázquez, con la singularidad de que en honor a la institución que la becó para ampliar sus conocimientos por Europa, ha utilizado los colores propios de la divisa francesa (azul, blanco y rojo). Además, en su mano derecha, ha plasmado en un pañuelo la figura del pintor a caballo, en el lugar “donde él encontraba paisajes para sus cuadros”. “Ahora Francia, dedica en ese lugar, su apoyo y mecenazgo a artistas españoles y franceses”. Tras las debidas conversaciones, esta figura finalmente se ubicará en la Casa de Velázquez en Madrid.

En la imagen, junto con el resto de artistas y la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, en el Ayuntamiento de Madrid.

Por otra parte, Josefina comentó que ha conocido personalmente a las mujeres abanilleras elaborando las famosas manufacturas de esparto para las almazaras y bodegas llamadas cofines y capachetas, por lo que está elaborando unos dibujos de estas mujeres en su faena artesana, que si bien mirada con desconocimiento de la realidad, algunos lo califican de trabajo esclavo, pero que en el contexto de la época, no fue así, sino que la mujer abanillera y de otros lugares de la región como Fortuna, Cieza, Abarán, y el valle de Ricote, estas manufacturas del esparto contribuyeron en mucho a la pervivencia de la economía familiar, motivo por el cual, publicó un artículo en la revista “Mélanges de la Casa de Velázquez” en el que ensalzó la laboriosidad de la mujer rural española haciendo especial mención a que en Abanilla y Fortuna eran las mujeres las encargadas de manufacturar el esparto y la repercusión monetaria que dicho trabajo supuso en su momento para las economías familiares de aquellos tiempos de la autarquía. Y no estaría de más hacer realidad la propuesta que en su día hizo el doctor J. Riquelme Salar, de erigir en Abanilla un monumento a la mujer trabajadora en la figura de una cofinera, no debiendo confundirse dicha propuesta con la añoranza de las reminiscencias de tiempos pasados, que no fueron precisamente muy buenos. Las manufacturas del esparto, con sus luces y sus sombras, como cualquier otra actividad humana, contribuyeron a mantener las economías familiares, dado que el mayor censo de población del término de Abanilla en toda su historia, se dio en las décadas de los años 1940 y 1950, lo cual no ha sido superado sino todo lo contrario.

Para más información, leer el artículo “La saga de la familia Miralles-Gaona”.

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LA SAGA DE LA FAMILIA MIRALLES-GAONA


José Miralles Lucas, de Fortuna, cuyo padre tenía caleras, se casó con María Gaona Riquelme, que era una rica hacendada de Abanilla, en la segunda mitad del s. XIX. Sus hijas Luisa y Josefa vivieron y se casaron en Abanilla. Luisa con Bartolomé J. Rivera y su nieto Ramiro Rivera es cardiólogo y ha sido presidente de la Organización Médica Colegial. Su hijo Claudio fue notario en Valencia y en Barcelona hasta 1940; después en Madrid, hasta su fallecimiento. Tuvo un hijo de su primer matrimonio, Claudio Miralles Capuz (Claudito) y dos hijas de su segunda esposa: Mª Luisa y Josefina Miralles Guas. De la Exposición Universal de Barcelona en 1888, la prensa regional reseñó que obtuvieron distinciones los espartos de Luisa Miralles Gaona, los aceites de Juan Pacheco y José Yagües, y los cofines de José Riquelme Lozano, todos ellos de Abanilla.

José Miralles Lucas era socio propietario del monte del Algarrobo, juntamente con José Chacel Ferrero, médico de Abanilla y del Balneario de Fortuna (padre del general Chacel), con otra persona de Barinas que desconozco. Los periódicos del 26-2-1895, dieron la noticia de la autorización del corte de diez mil pinos en la hacienda del Algarrobo”. El 5-9-1885, dijo El Noticiero “que las aguas de las fuentes del Algarrobo y de la Higuera, situadas en Abanilla y Fortuna son riquísimas, digestivas y de inmejorables condiciones, con caudal suficiente para surtir a Murcia”. La fuente del Algarrobo está reconocida como abrevadero de las cañadas reales desde 1719, en legajos de la Orden de Calatrava. El 20-9-1892, se reseña la muerte del médico José Chacel, ocurrida el sábado día 10, a la edad de 74 años. Su único hijo, el general Julián Chacel García, presidió el funeral. El 20-7-1903, se reseña la visita del general Chacel a Abanilla, donde lo nombró el Ayuntamiento Hijo Adoptivo, porque nació en Sahagún-León, y le rindió un multitudinario homenaje. Murió en Madrid, el 29-8-1908, a los 60 años. Según el ABC fue enterrado dos días después, porque el ministro de la Guerra quiso presidir su funeral y hubo que esperar a que regresara de las vacaciones. Los Miralles Gaona y la familia del general Chacel (tres hijos, una hija y su mujer), solían venir a veranear a sus casas en El Algarrobo: Los Miralles a poniente y los Chacel a saliente, que todavía están en uso.

El notario Claudio Miralles Gaona publicó los siguientes libros: Libertad y Arte (1947), con un dibujo del autor, hecho por su hija Josefina; Temas Eternos (1952); Pensamientos (1955). Josefina Miralles Guas vive en Madrid y viene a veranear a su casa del Algarrobo. Tuve una animada conversación con ella y me conto muchas cosas: que la casa fue almacén de espartos y que la tiene como su museo, etc. Con los apuntes que tomé, más otros datos que he recopilado, voy a hacer un pequeño relato de su vida: Nació en 1922, en Valencia. Después se trasladó a Barcelona, donde su hermana Mª Luisa fue compañera de estudios de la renombrada escritora catalana Mª Aurelia Capmany. Ella estudió Bellas Artes y opositó a profesora, obteniendo plaza en el Instituto de Enseñanza Media CERVANTES, de Madrid, hasta su jubilación. Perteneció al Círculo de Bellas Artes y a la Casa de Velázquez. Becada por esta institución viajó a París y a Italia. Colaboró en la publicación “Melanger de la Casa de Velázquez”, donde escribió un artículo ensalzando la laboriosidad de la mujer rural española, haciendo mención de que en Abanilla y Fortuna eran las mujeres las que se encargaban de manufacturar el esparto para hacer los cofines que se empleaban en las prensas de las almazaras para obtener el aceite y la repercusión monetaria que ello supuso en la economía familiar de aquellos tiempos de la autarquía. En las charlas coloquio que hacemos A. Esteve y yo, tituladas “Las Cosicas de Abanilla”, en la relacionada con la industria del esparto citamos este artículo de Josefina. Ha publicado un artículo sobre la escritora Mª Aurelia Capmany, en “Full Informatiu”, nº 3, en 2016, donde ha incluido una foto de ella, su hermana Mª Luisa y Mª Aurelia, en el Algarrobo, de uno de los veranos que vinieron las tres. Josefina ha integrado sus olivos milenarios de Abanilla a la red ACUDE. El 14-7-2016,en Madrid, el embajador de Francia la condecoró con “Las Palmas Académicas”, en reconocimiento a su labor en la Casa de Velázquez. Ella ya había sido condecorada en Francia, como miembro de la Orden de las Artes y las Letras. Refiere que su padre fue un admirador del movimiento cultural y pedagógico que desarrolló “La Institución Libre de Enseñanza” y que tuvo mucha amistad con Mauricio Legendre, hispanista francés de reconocido prestigio, director de la Casa de Velázquez, que visitó El Algarrobo en varias ocasiones; incluso dice tener una fotografía de Mauricio y su padre en las fiestas de la Santa Cruz de Abanilla. La guerra incivil de 1936-39 les pilló en Barcelona. La Embajada de Suecia alquiló una casa del Conde de Godó, en Teiá, que era el dueño y director de La Vanguardia. A esta casa, procedentes de varias embajadas europeas en Madrid, enviaron niños para que estuvieran más seguros. Ella, su hermana Mª Luisa y Mª Aurelia Capmany, estuvieron de cuidadoras.

Casas en El Algarrobo

   
Josefina Miralles Guas

Mis viajes a Madrid siendo estudiante (1968-1971), los hacía en el tren correo. Por Navidad coincidí con un señor que llevaba una maletica y usaba bastón, con una gabardina modelo “teniente Colombo”. Fuimos charlando de cosas nimias: era soltero y viajaba solo. Nos dimos a conocer al apearnos en la Estación de Archena, porque los dos nos dirigimos al coche correo de Abanilla-Fortuna, que lo llevaba el tío Juan de la Calzona. Le extrañó que siendo abanillero no le conociera. Me dijo que se llamaba Claudito Miralles, primo de la madre de Pepe Luis el maestro, y que tenía una casa en El Algarrobo; que era perito Agrícola y funcionario del Ministerio de Agricultura. Me comentó que cuando vino en el verano, para ir a Abanilla lo tuvo que hacer en un tractor, porque el coche correo se había roto. Sobre este tema del enlace postal de Abanilla-Fortuna a la Estación de Archena hay para escribir una novela. A principio del s. XX lo hacía Diego Pérez, que vivía en la calle del Ciervo, vecino de mi abuelo, cuyo medio de locomoción era la mula o el caballo. Hacía noche en la estación, a la espera de recoger las sacas a otra mañana. El tren pasaba para Madrid a las 12 de la noche y volvía de regreso a las 8 de la mañana, con parada obligatoria en todas las estaciones y apeaderos del trayecto. El tío Diego “El Correo” sufrió asaltos para intentar robarle el dinero de los giros postales, hasta el punto de que en ciertos tramos lo escoltaba la Benemérita. Dicen que se puso malo de los sustos, que enfermó y por esta causa tuvo que abandonar el oficio. Esto forma parte de las leyendas urbanas, pero a más de un asaltante lo detuvo la Guardia Civil. El tío Juan salía de Abanilla a las 10 de la noche, parando en Fortuna a recoger las sacas; y se jugaba una partida de cartas en un bar de la calle de La Purísima, donde se tomaba el café y la copa.

NOTA. – En la relación de alcaldes de Abanilla en los años 1797, 98 y 99, encontramos a José Miralles Bernal.

Autor: Eugenio Marco Tristán, cronista oficioso de Favanella.

Este escrito se ha publicado en “La Voz de Fortuna nº 40”, de abril 2017.

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