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LA SAGA DE LA FAMILIA MIRALLES-GAONA


José Miralles Lucas, de Fortuna, cuyo padre tenía caleras, se casó con María Gaona Riquelme, que era una rica hacendada de Abanilla, en la segunda mitad del s. XIX. Sus hijas Luisa y Josefa vivieron y se casaron en Abanilla. Luisa con Bartolomé J. Rivera y su nieto Ramiro Rivera es cardiólogo y ha sido presidente de la Organización Médica Colegial. Su hijo Claudio fue notario en Valencia y en Barcelona hasta 1940; después en Madrid, hasta su fallecimiento. Tuvo un hijo de su primer matrimonio, Claudio Miralles Capuz (Claudito) y dos hijas de su segunda esposa: Mª Luisa y Josefina Miralles Guas. De la Exposición Universal de Barcelona en 1888, la prensa regional reseñó que obtuvieron distinciones los espartos de Luisa Miralles Gaona, los aceites de Juan Pacheco y José Yagües, y los cofines de José Riquelme Lozano, todos ellos de Abanilla.

José Miralles Lucas era socio propietario del monte del Algarrobo, juntamente con José Chacel Ferrero, médico de Abanilla y del Balneario de Fortuna (padre del general Chacel), con otra persona de Barinas que desconozco. Los periódicos del 26-2-1895, dieron la noticia de la autorización del corte de diez mil pinos en la hacienda del Algarrobo”. El 5-9-1885, dijo El Noticiero “que las aguas de las fuentes del Algarrobo y de la Higuera, situadas en Abanilla y Fortuna son riquísimas, digestivas y de inmejorables condiciones, con caudal suficiente para surtir a Murcia”. La fuente del Algarrobo está reconocida como abrevadero de las cañadas reales desde 1719, en legajos de la Orden de Calatrava. El 20-9-1892, se reseña la muerte del médico José Chacel, ocurrida el sábado día 10, a la edad de 74 años. Su único hijo, el general Julián Chacel García, presidió el funeral. El 20-7-1903, se reseña la visita del general Chacel a Abanilla, donde lo nombró el Ayuntamiento Hijo Adoptivo, porque nació en Sahagún-León, y le rindió un multitudinario homenaje. Murió en Madrid, el 29-8-1908, a los 60 años. Según el ABC fue enterrado dos días después, porque el ministro de la Guerra quiso presidir su funeral y hubo que esperar a que regresara de las vacaciones. Los Miralles Gaona y la familia del general Chacel (tres hijos, una hija y su mujer), solían venir a veranear a sus casas en El Algarrobo: Los Miralles a poniente y los Chacel a saliente, que todavía están en uso.

El notario Claudio Miralles Gaona publicó los siguientes libros: Libertad y Arte (1947), con un dibujo del autor, hecho por su hija Josefina; Temas Eternos (1952); Pensamientos (1955). Josefina Miralles Guas vive en Madrid y viene a veranear a su casa del Algarrobo. Tuve una animada conversación con ella y me conto muchas cosas: que la casa fue almacén de espartos y que la tiene como su museo, etc. Con los apuntes que tomé, más otros datos que he recopilado, voy a hacer un pequeño relato de su vida: Nació en 1922, en Valencia. Después se trasladó a Barcelona, donde su hermana Mª Luisa fue compañera de estudios de la renombrada escritora catalana Mª Aurelia Capmany. Ella estudió Bellas Artes y opositó a profesora, obteniendo plaza en el Instituto de Enseñanza Media CERVANTES, de Madrid, hasta su jubilación. Perteneció al Círculo de Bellas Artes y a la Casa de Velázquez. Becada por esta institución viajó a París y a Italia. Colaboró en la publicación “Melanger de la Casa de Velázquez”, donde escribió un artículo ensalzando la laboriosidad de la mujer rural española, haciendo mención de que en Abanilla y Fortuna eran las mujeres las que se encargaban de manufacturar el esparto para hacer los cofines que se empleaban en las prensas de las almazaras para obtener el aceite y la repercusión monetaria que ello supuso en la economía familiar de aquellos tiempos de la autarquía. En las charlas coloquio que hacemos A. Esteve y yo, tituladas “Las Cosicas de Abanilla”, en la relacionada con la industria del esparto citamos este artículo de Josefina. Ha publicado un artículo sobre la escritora Mª Aurelia Capmany, en “Full Informatiu”, nº 3, en 2016, donde ha incluido una foto de ella, su hermana Mª Luisa y Mª Aurelia, en el Algarrobo, de uno de los veranos que vinieron las tres. Josefina ha integrado sus olivos milenarios de Abanilla a la red ACUDE. El 14-7-2016,en Madrid, el embajador de Francia la condecoró con “Las Palmas Académicas”, en reconocimiento a su labor en la Casa de Velázquez. Ella ya había sido condecorada en Francia, como miembro de la Orden de las Artes y las Letras. Refiere que su padre fue un admirador del movimiento cultural y pedagógico que desarrolló “La Institución Libre de Enseñanza” y que tuvo mucha amistad con Mauricio Legendre, hispanista francés de reconocido prestigio, director de la Casa de Velázquez, que visitó El Algarrobo en varias ocasiones; incluso dice tener una fotografía de Mauricio y su padre en las fiestas de la Santa Cruz de Abanilla. La guerra incivil de 1936-39 les pilló en Barcelona. La Embajada de Suecia alquiló una casa del Conde de Godó, en Teiá, que era el dueño y director de La Vanguardia. A esta casa, procedentes de varias embajadas europeas en Madrid, enviaron niños para que estuvieran más seguros. Ella, su hermana Mª Luisa y Mª Aurelia Capmany, estuvieron de cuidadoras.

Casas en El Algarrobo

   
Josefina Miralles Guas

Mis viajes a Madrid siendo estudiante (1968-1971), los hacía en el tren correo. Por Navidad coincidí con un señor que llevaba una maletica y usaba bastón, con una gabardina modelo “teniente Colombo”. Fuimos charlando de cosas nimias: era soltero y viajaba solo. Nos dimos a conocer al apearnos en la Estación de Archena, porque los dos nos dirigimos al coche correo de Abanilla-Fortuna, que lo llevaba el tío Juan de la Calzona. Le extrañó que siendo abanillero no le conociera. Me dijo que se llamaba Claudito Miralles, primo de la madre de Pepe Luis el maestro, y que tenía una casa en El Algarrobo; que era perito Agrícola y funcionario del Ministerio de Agricultura. Me comentó que cuando vino en el verano, para ir a Abanilla lo tuvo que hacer en un tractor, porque el coche correo se había roto. Sobre este tema del enlace postal de Abanilla-Fortuna a la Estación de Archena hay para escribir una novela. A principio del s. XX lo hacía Diego Pérez, que vivía en la calle del Ciervo, vecino de mi abuelo, cuyo medio de locomoción era la mula o el caballo. Hacía noche en la estación, a la espera de recoger las sacas a otra mañana. El tren pasaba para Madrid a las 12 de la noche y volvía de regreso a las 8 de la mañana, con parada obligatoria en todas las estaciones y apeaderos del trayecto. El tío Diego “El Correo” sufrió asaltos para intentar robarle el dinero de los giros postales, hasta el punto de que en ciertos tramos lo escoltaba la Benemérita. Dicen que se puso malo de los sustos, que enfermó y por esta causa tuvo que abandonar el oficio. Esto forma parte de las leyendas urbanas, pero a más de un asaltante lo detuvo la Guardia Civil. El tío Juan salía de Abanilla a las 10 de la noche, parando en Fortuna a recoger las sacas; y se jugaba una partida de cartas en un bar de la calle de La Purísima, donde se tomaba el café y la copa.

NOTA. – En la relación de alcaldes de Abanilla en los años 1797, 98 y 99, encontramos a José Miralles Bernal.

Autor: Eugenio Marco Tristán, cronista oficioso de Favanella.

Este escrito se ha publicado en “La Voz de Fortuna nº 40”, de abril 2017.

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