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EL AZARBE DE FAVANELLA


La desembocadura natural del río Chícamo al Segura se efectúa por su margen izquierda, en Orihuela, en el paraje conocido por El Escorratel. En las descripciones más antiguas que se conocen de la época medieval, se le llamaba el río-rambla de Favanella. Pero dado que al traspasar nuestro término municipal no llevaba ningún caudal de agua constante, también se le denominó como rambla de Abanilla-Benferri. Desde remotos tiempos, quizá por los árabes, las aguas de sus avenidas se aprovecharon para regar los terrenos lindantes a sus márgenes. En La Matanza y Benferri por medio del sistema de captación de boqueras yuxtapuestas, atajando casi en su totalidad las aguas por medio del paredón construido solidamente en el s. XVIII, que las encauzaba para irrigar los campos de Benferri, Cox, Redován y la zona noroccidental de la sierra de Callosa. Con este encauzamiento desde dicho paredón se evitaban los destrozos causados en Orihuela por las riadas, salvo aquellas en que el caudal circulante sobrepasaba en mucho su capacidad de avenamiento, en cuyo caso era inevitable la inundación de Orihuela y los pueblos ya citados, por lo que en Cox tuvieron que construir un dique terrero, la mota, porque de lo contrario las aguas seguían su cauce natural hacia La Granja de Rocamora y Albatera. Según el estudio realizado por R. Moñino, desde 1545 a 1879 hubo 136 riadas en la Vega Baja, que inundaron y causaron destrozos de mayor o menor consideración, agravados en la mayoría de ocasiones cuando las ramblas de Santomera y Abanilla, y el Guadalentín, aportaban grandes caudales a los que el Segura ya traía. De triste recuerdo son la riada que en el s. XVI destruyó la población de Benferri, la del 27 de septiembre de 1947, que destruyó parte del cementerio de Benferri; incluso la del 2 al 6 de noviembre de 1987, que a pesar de estar ya el Chícamo desviado al pantano de Santomera, desde el paraje del Paúl, en Abanilla, se inundaron Cox, Redován, La Campaneta y el Escorratel.

Juan Riquelme Sebastián ( Juan Alforjas) y su hija Vicenta, abanilleros residentes en Catral, junto al azarbe, que discurre cerca de su domicilio.

El Paredón de Benferri es de origen islámico, pues ya se cita en el “Libro del Repartimiento de Orihuela”, de los siglos XIII-XIV, reforzado y mejorado con obras de mampostería y sillería a través del tiempo. Sin embargo, el agua del rio-rambla de Abanilla-Benferri y del sistema de escorrentía no se detenía totalmente en el citado paredón, sino que era laminada hacia la red de azarbes y acequias de la margen izquierda del Segura, pues se cita la existencia del azarbe mayor de Favanella (nombre de Abanilla tras la conquista cristiana), el cual formaba parte del drenaje en esta zona. A partir del s. XVIII, se queda fosilizado en la toponimia y la topografía la denominación de río-rambla de Abanilla-Benferri. Así mismo, también han quedado en la toponimia y la topografía los azarbes denominados de Abanilla y del Mayayo, en la margen izquierda de la huerta segureña. Se da la circunstancia que en las obras que en el s. XVIII emprendió Belluga, con el fin de drenar los almarjales y crear las Pías Fundaciones de Dolores, San Felipe y San Fulgencio, se tuvo que agrandar y dar mayor profundidad al azarbe de Abanilla, excavando otros más y prolongándolo hasta enlazarlo con toda la red que vierte casi en la desembocadura del Segura, puesto que el citado azarbe sólo llegaba hasta los almarjales, donde una vez desecados se colonizaron sus tierras.

El azarbe de Abanilla, a su paso por el término municipal de Catral.

El azarbe de Favanella (Abanilla), como se aprecia en los mapas topográficos actuales, se inicia en El Escorratel y recoge, además de las aguas que drena a su paso, las sobrantes de las colas de los brazales y arrobas de la margen derecha de la acequia mayor de Callosa-Catral, que fueron cedidas en su momento por los regantes, para ser aprovechadas en las Pías Fundaciones.

Plano.- Está publicado en la página 251, figura 76, del libro “LOS REGADÍOS MEDIEVALES Y SU EVOLUCIÓN HISTÓRICA EN EL BAJO SEGURA”.

E. Marco, cronista oficioso de Favanella

Artículo también publicado en la web “La Crónica Independiente” de la Vega Baja y Bajo Vinalopó.

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CONSIDERACIONES SOBRE EL NOMBRE DEL PARAJE DEL CHÍCAMO


El paraje del Chícamo es el que le da nombre al río-rambla que comienza su andadura en la sierra del Reclot, frente al Rodriguillo (Pinoso) y llega hasta Orihuela, desembocando por su curso natural en la margen izquierda del río Segura, en el Escorratel. El adoptar el nombre del paraje del Chícamo, quizá se deba a que es en este lugar donde fluye agua en su cauce por su natural desde tiempo inmemorial, convirtiendo su curso de torrente seco hasta dicho lugar en flujo continuo de agua, como así lo fue en pretéritos tiempos, antes de que los humanos recogiéramos las aguas para aprovecharlas en irrigar las tierras de sus riberas.

En un artículo que lleva por título “Nombres de ayer y de hoy”, de José Miguel Martínez Ramírez, publicado en el programa de fiestas de 2002, se hace referencia a que en el siglo XIV, durante las guerras civiles que hubo por la hegemonía política del antiguo reino de Murcia, en la página 189 del libro “Manueles y Fajardos”, de Mª de los Llanos Martínez Carrillo, editado por la Real Academia Alfonso X El Sabio, Murcia 1985, dice que comisionaron a Fernando Talón para hacer un viaje a Valencia. En las cuentas que rindió a su regreso figura el pago de cuatro sueldos “al moro de Aspe que les guió hasta Murcia, por el camino del CHICANO”. Esto viene a confirmar que una de las rutas de Murcia a Valencia discurría por “Favanella” (Abanilla), Sax, Elda, Villena, Alcoy, Játiva, etc., tal cual lo referencia en su crónica el rey de Aragón Pedro IV El Ceremonioso, en 1364, durante la llamada Guerra de los dos Pedros, reseñando que se alojaron en la huerta de “Favanella” el 9 de diciembre, al anochecer, procedentes de Alcoy, pasando por Sax, que dista 9 leguas, unos 50 Kms. El antiguo camino romano que sale de Cartagena es un ramal de enlace que forma parte de la vía Augusta, de Roma a Cádiz, que discurre por la costa hasta Campoamor, continuando por Rojales hacia Elche, siguiendo por Aspe, Monóvar, Elda, Sax, Villena, Yecla, a empalmar en Montealegre y en Fuente La Higuera con la vía principal procedente de Sagunto y Játiva. Debió existir otro enlace desde Monóvar a Pinoso, Los Baños de Fortuna y Archena, por el trazado actual de la carretera C3223, que pasa por Campules, cerca de Mahoya.

El humanista, médico, geógrafo y cartógrafo alemán Jerónimo Münzer (1437-1508), realizó entre 1494 y 1495 un largo viaje desde Alemania a Granada y después a Portugal y al centro y norte de España, siendo uno de los primeros viajeros extranjeros en visitar Granada tras la Reconquista cristiana. De este viaje escribió un libro narrando sus andanzas y los lugares por donde pasó. J. Torres Fontes, en la revista Murgetana nº 11, “Un viaje a Valencia”, refiere que la ruta que siguió Münzer desde Valencia a Murcia fue por Játiva, Alicante, Elche, Orihuela. Sin embargo, también reseña que Juan Garry viajó a Valencia y que en la relación de gastos que presentó figuran los correspondientes al hospedaje y adquisición de víveres en “Habanilla” (Abanilla), por lo que se deduce que la ruta seguida fue por Abanilla, Pinoso, Villena, Fuente la Higuera, Játiva…, que no por Orihuela, Albatera, Crevillente, Elche, Alicante…, posiblemente por la inseguridad en esos momentos de viajar por las cercanías de la sierra de Crevillente.

La siguiente referencia la encontramos en la “Memoria sobre los riegos de la huerta de Orihuela”, de Juan Roca de Togores y Alburquerque, en un manuscrito de 1832, que se conserva en la Real Sociedad de Amigos del País de Valencia. En su página 12 relata que en el año 1595 se efectuó una delimitación con Orihuela: colocando el quinto mojón al cabo de la peña Roja; el sexto en las tres sillas del Agudo; el séptimo en las fuentes del CHICANEO, donde se pusieron tres losas; el octavo en la sierra del Villi; y el noveno y último por aquella parte del mojonazo de Jumilla. Dicha delimitación la consultó en el manuscrito Mollons.

En el libro “Abanilla, historia de su Parroquia”, en la página 103 se reseña el testamento del clérigo don Francisco Ruiz Tristán, natural de Abanilla, en el año 1727, donde especifica la promesa que tiene hecha de fabricar a su costa “una ermita en la hacienda que tengo mía y del dicho mi padre, en dicha jurisdicción de Abanilla, en el partido que llaman EL CHICAMO (sin tilde), con el título de Nuestra Señora del Rosario”. No ha llegado hasta nosotros ninguna referencia más sobre esta ermita, ni se ha detectado hasta ahora ningún resto arqueológico que pueda confirmar su existencia en este paraje, estando documentado que la ermita a Ntra. Sra. del Rosario, en Barinas, se erigió en 1881, siendo el cura párroco de Abanilla don Francisco Bernal Yagües, de cuyas vicisitudes escribió un artículo en el programa de fiestas de 2005, página 79, J. Tenza Lajara (Pepe CD).

Cuando la Jefatura de Carreteras colocó en la década de 1970 los carteles indicadores en el puente de Mahoya, según recuerdo, y es posible que alguien tenga alguna fotografía, ponía: Río Chicano. A muchos nos sonó a error e instamos a las autoridades a que incidieran para corregirlo, lo cual hicieron con posterioridad. Desconocemos de qué planimetría sacaron lo de Chicano, o si fue una posible confusión con el apellido de algunos murcianos, según se puede apreciar en la guía telefónica, existiendo una agencia inmobiliaria que lleva este nombre. La etimología de la palabra chicano, según se puede leer en la Wikipedia proviene de los aztecas y, actualmente, se les llama así a las personas de origen mexicano que habitan en los Estados Unidos de América.

Actualmente escribimos Chícamo con tilde, pero circula por Internet sin ella, por lo que entra dentro de lo posible que fuera sin tilde y que algún escribiente, escribano u oficial de notaría la “n” la pasara a “m”; y la tilde por la fonética popular con que lo pronunciamos.

Observación a modo de especulación histórica.- Según los historiadores, el nombre de Thader al río Segura se lo dieron los romanos. Los hispanogodos le llamaron Taderus, que el historiador Schulten lo identificó con el Theodosus de Avieno. Posteriormente los árabes le llamaron Nahr-el-Abiad, sinónimo de “río blanco”, por el color de sus aguas en las avenidas fluviales que provocaban sus periódicas riadas. No sería descabellado pensar que en época de los árabes a nuestro Chícamo le llamaran: Nahr-el-Abiad- Al´banyala (río blanco de Al´banyala). Lo de la época de los romanos ya es otra historia, que pudiera estar escrita en las ruinas de la “villae” de Sahués, por lo que pudiera ser la cuestión indagatoria más difícil que encontrar una aguja en un pajar.

Nota adicional.- La publicación “Historia y Lengua en el reino de Murcia Bajomedieval”, de Pilar Díez de Revenga e Isabel García Díaz; Universidad de Murcia, E.L.U.A., 8, 1992, pp: 85-98, accesible por Internet en este enlace.   Es muy ilustrativa para conocer lo que se habla en Orihuela y la Vega Baja. En la página 97 da referencias del manuscrito Mollons que, entre otras cuestiones, recoge cartas entre los concejos de Abanilla y Orihuela. J. Roca Togores dice que él consultó el manuscrito Mollons, que se guardaba en Orihuela. Actualmente está en Alicante, en La Casa de la Cultura.

E. Marco, cronista oficioso de Favanella

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