El Balneario de Fortuna-Leana

Por los vestigios encontrados a 500 metros del balneario romano, en el Castillejo de los Baños, posiblemente ya se utilizaron estas aguas con fines medicinales, domésticos y agrícolas, por los íberos, entre los siglos V y IV a. C., aunque no se descarta que su verdadero origen pudiera ser anterior. Por los objetos encontrados, la presencia de los romanos se puede datar a partir del siglo II a. C., aunque la transformación a la modalidad de exedra, con el ninfeo, sea del siglo I a. C.

La estructura romana se utilizó hasta el siglo XVI, pero en el XVII se siguió utilizando el manantial y las canalizaciones. A finales de siglo XVIII, el manantial fue reduciendo su caudal, se secó y se abandonó, hecho que también se produjo en la antigua fuente de Abanilla. Fue en el siglo XIX, cuando se localizó el actual manantial y se hicieron las nuevas instalaciones termales. En las excavaciones arqueológicas que actualmente se están realizando, se aprecia su disposición primitiva y la grieta por donde fluía el agua y sus canalizaciones, así como la evolución de sus distintas fases a través de la historia. Durante la dominación musulmana se hicieron los baños árabes, que en el siglo XV se dividieron en dos zonas, por medio de una tapia, para que no se mezclaran los cristianos con los moros.

En el año 1628, cuando la delimitación territorial con la que se dio Carta Puebla a Fortuna, consta así el amojonamiento: Cabezo Gordo (en La Matanza); Lomas del Tale; Las Contiendas; cerrito de Francisco Cascales, junto a la ermita de Abanilla, junto a la fuente de los baños; Canta el Gallo, etc. El motivo de este trazado fue el que las instalaciones termales quedaran dentro del término de Fortuna. El propietario de la referida ermita a la advocación de Ntra. Señora de la Salud, era Pedro Cutillas, quien en 1703, dado que amenazaba ruina, retiró todos los objetos que en ella había y los depositó en la iglesia de Abanilla y en la ermita de San Sebastián y San Roque, con el encargo a sus herederos de que la restauraran. Lo anterior no lo cumplieron, pues en la revisión de 1749, se cita un mojón en el cerrito que llaman de Francisco Cascales, donde antiguamente estaba la ermita de Ntra. Señora de la Salud, antigua ermita de Los Baños, de la que sólo quedan algunos vestigios. En el año 1846, se hicieron sondeos y se localizó el agua, excavándose una galería de 156 metros, para que fluyese por su natural. Don Juan Cascales Font, casado con Doña Carlota Bocio Bouchón, adquirieron estos terrenos y en 1863 concluyeron las instalaciones balnearias que siguen funcionando, con las pertinentes reparaciones y modificaciones hasta nuestros días, con el nombre de “Balneario de Fortuna-Leana.

En el referido cerrito que llaman de Francisco Cascales, donde estaba la antigua ermita de Ntra. Sra. de la Salud, término de Abanilla, es donde los propietarios edificaron el palacete para su residencia, encontrándose restos de enterramientos en la parte del medio día, lo que corrobora la posible existencia de un cementerio cristiano anexo a esta ermita. En 1896 se hizo el edificio del Casino y después los hoteles adjuntos: Victoria y España. Cuando se empezó la construcción de estas instalaciones termales, en 1846, hubo una nueva delimitación, porque el Ayuntamiento de Fortuna lo exigió, con el fin de que todo este nuevo complejo termal quedara dentro de su término, porque con el anterior amojonamiento pertenecía a Abanilla. Por tanto, la línea de la nueva demarcación quedó fijada por debajo de la actual piscina termal. En estas edificaciones del siglo XIX, se aprecia la reutilización de la sillería, basamentos y demás materiales procedentes de las antiguas y vetustas instalaciones termales. Las aguas fluyen a 52ºC y tras ser utilizadas se recogen en un colector y a través de una acequia descubierta se dirigen hacia Fortuna, regando a su paso pequeñas huertas colindantes, plantadas de olivos, palmeras, higueras, frutales, verduras y hortalizas. En su recorrido hubo instalados tres molinos de cubo, de los que quedan algunos vestigios: el Viejo, el de las Parecicas y el de la Cana, que funcionaron hasta la década de 1950 y varios lavaderos, del que sólo queda el de Fortuna. La composición del agua termal es muy concordante con la de la fuente de Abanilla, lo cual corrobora su común procedencia.

El agregado del nombre de Leana es relativamente nuevo y se debe a que en las escrituras de adquisición de los terrenos del actual balneario, figura descrita la finca así: “el lugar conocido como Leana”. Leana es un nombre griego de mujer, que se romanizó. Sus propietarios son condes de San Jorge, título nobiliario procedente de Italia, legado de generación en generación.

Recopilación efectuada por E. Marco, para incluirla en el libro de los riegos medievales en la cuenca baja del Segura, que está en proceso de impresión.

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