Don GINÉS PAGÁN LAJARA, un sacerdote abanillero

Y digo abanillero porque nació en Abanilla hace 72 años, en diciembre de 1944, en la casa de su abuela materna, sita en el rincón de la calle san Cristóbal, bautizado en el templo parroquial de san José el 1 de enero de 1945, hijo de madre abanillera y padre fortunero. Sus padres se conocieron en el Balneario de Fortuna, cuando estas instalaciones fueron hospital de guerra en la retaguardia (1936-39), donde ambos trabajaban como personal auxiliar y de servicio. El último director de este hospital fue el doctor D. Rafael Navarro Mínguez, que se casó con Obdulia Atienza Lozano, que fue médico de Abanilla desde abril de 1939 hasta mayo de 1945; y alcalde desde agosto de 1943 a mayo de 1945, periodo en que se hizo el trono y el relicario de plata Meneses de la Santa Cruz, por encargo y gestión suya.

Por méritos propios y a petición popular de las gentes que conocen a don Ginés Pagán a título personal y por la feligresía afecta, ha sido distinguido el pasado domingo día 6 de noviembre de 2016, como HIJO ADOPTIVO DE FORTUNA, poniéndole su nombre a la plaza de La Garapacha, que es donde ejerce su pastoral desde 1986.

 

En la revista LA VOZ DE FORTUNA nº 36, de diciembre de 2015, viene publicado un amplio dossier sobre este sacerdote, en las páginas 22 a 24, que lleva por título: GINÉS, EL DE LA ANICA DEL “EMPLEAO”.Y lo del “empleao” va por su padre, que trabajada en el Ayuntamiento de Fortuna; y a los que trabajan en “la Casa sin Chimenea” (los ayuntamientos), por estas tierras se les suelen llamar “los empleaos”, porque tienen empleo fijo. Como complemento de las anécdotas que en este reportaje cita su autor, Pablo Larra, referentes a su biografía y currículo, y porque no todos los que conocen a Ginés han tenido la oportunidad de leer esta revista, aparte de que no caben todas, porque se alargaría el relato, han tenido que abreviar. Por mi cuenta y de forma resumida, voy a relatar algunas más:

Estando Ginés en el seminario mayor de san Fulgencio de Murcia, estudioso él hasta la saciedad, se permitía cuestionar las enseñanzas  de algunos profesores de ciencias que no son exactas, circunstancia que no le cayó bien a estos “catedráticos”, por lo que le plantearon al Obispo que eligiera entre ellos o expulsar al alumno “sabijondo” y atrevido. Y se cumplió aquello de que “la sinceridad acarrea la enemistad”, incluso en la curia, cosa que no es novedosa en la Historia de la Iglesia desde sus primigenios tiempos. En el diario La Voz de Fortuna nº 36, en la página 22, en un escrito de Pablo Larra, se refieren dos anécdotas que le ocurrieron a Ginés en esa época, una de ellas la de la “huelga de silencio”, me la han ayudado a recordar Ángel Esteve y Andrés Herrero, que también estuvieron en esa época en el seminario: Ginés fue expulsado del seminario, pero lo más insólito vino después: sus compañeros hicieron una huelga de silencio durante algunos días. En aquellos años, cuando las únicas noticias que llegaban, en sordina, de huelgas u otras protestas similares venían de Asturias y del País Vasco, el plante de unos seminaristas en Murcia debió de oler a cuerno quemado, cuando no directamente a azufre. En la otra anécdota, Pablo Larra nos refiere que en una visita del padre de Ginés al seminario, el Rector le felicitó porque tenía un hijo muy inteligente. Y la respuesta fue: ¡Eso faltaba, que encima de no tener una perra fuera tonto!

Salió del seminario Ginés y entró a trabajar en una fábrica de conservas de una importante población molinera, donde también trabajaba su familia. En el mundo laboral pudo comprobar lo que dice el conocido refrán aplicable al meapilismo: “A Dios rogando y con el mazo dando”. Empresarios de aquella época, cursillistas de cristiandad, de misa y comunión diaria, explotaban a las obreras y obreros con jornadas agotadoras y sueldos que no se correspondían proporcionalmente con la labor exigida; pero era lo que había, porque todavía en el campo y la huerta era de peor calaña, aparte de otras sutilezas y despotismos de índole inconfesable, que los abanilleros y fortuneros conocen por experiencia; amén de la emigración al extranjero.

Cuando el obispo de Orihuela, don Pablo Barrachina, estuvo de administrador de la diócesis de Cartagena, conocedor de la valía de Ginés le ofreció la posibilidad de volver al seminario, lo cual hizo sin dudarlo, como prueba de su inequívoca vocación, siendo ordenado sacerdote en 1967. Después fue enviado a Roma ejerciendo, entre otros menesteres que le encomendaron por su valía y conocimientos personales y académicos, el de asesor de prensa e intérprete de los corresponsales extranjeros acreditados para cubrir los sínodos de obispos que hubo tras el Concilio Vaticano II. Aprovechando su estancia en Roma amplió sus conocimientos en Teología y Sociología. A su regreso a España, su primer destino y contacto con la feligresía de a pie fue en Barinas, después Alcantarilla y, finalmente, hasta la fecha, en La Garapacha, donde atiende todas las pedanías de la zona alta de Fortuna, hasta la ermita de La Zarza y La Raja, perteneciente a Jumilla, así como La Umbría de la Zarza, de Abanilla.

De las anécdotas que yo conozco, algunas referidas por él en charlas informales o ante una mesa con o sin mantel, citaré que estando en Roma le prohibieron los agentes encargados de la seguridad la entrada a algunos eventos, a pesar de ir identificado, porque no vestía ninguna prenda que le relacionara con el clero, pues iba de paisano, costumbre que siguió a su regreso a España; y que todavía la mantiene. En Barinas le costó a la feligresía acostumbrase a ver al cura sin sotanas ni alzacuellos. Se solía desplazar a visitar a sus familiares haciendo autoestop, cuando no podía realizarlo en los autobuses de línea, por sus horarios. En una ocasión le subió un camionero que transportaba arena desde Fortuna a Molina, que no le conocía como cura. Durante el trayecto, el conductor fue conversando en su jerga vulgar y Ginés le siguió la corriente. Pero al pasar por El Fenazar el cura de allí, todo uniformado de rigurosa sotana, le hizo el alto al camión, para que lo llevara a la estación del tren. El camionero le indicó a Ginés que se pasara atrás, a la caja del camión, con la arena, lo cual hizo, acomodándose el cura con sotana en la cabina, pero la conversación del chófer cambió radicalmente de discurso, evitando las palabras que engrosan habitualmente la jerga de estos sufridos profesionales. Al dejar al de la sotana en su destino Ginés pasó a la cabina, donde el camionero cambió el chip (como se dice ahora) y empezó a soltar tralla: Que si este tío es un usurero, propietario del único bar del pueblo, que lo tiene alquilado; que cuando hay bailes va con una varica avisando, para que los mozos y mozas dejen la suficiente distancia para que entre ellos no solo circule el aire, sino hasta un huracán; que les dice a los de la orquesta que toquen pasodobles y bailables sueltos; que va midiendo escotes y faldas, y la que no lleva la medida adecuada a su criterio no la deja entrar en la iglesia; que si la gente dice y no dice, y un largo etc., asuntos que eran “vox populi”, que lo referían en comentarios los del lugar y los músicos de las orquestas. Al llegar a su destino, antes de apearse, Ginés le dijo al camionero que él era cura, con lo que le provocó tal crisis que no daba crédito, por lo que tuvo que decirle que era una broma. Pero el asunto no quedó así, pues el camionero indagó hasta averiguar la verdad y buscó a Ginés para confesarse y arrepentirse de su atrevimiento ¡Pobre hombre, que por nadie pase! Que en aquellos tiempos no se le podía contar la verdad ni a los curas, a no ser que fueran como Ginés el de la Anica del “Empleao”. Y de su paso por Alcantarilla habría para publicar un folletín por fascículos coleccionables, en cómodas “diócesis”, porque los sin techo y demás ovejas descarriadas que solía recoger en su modesta casa hasta le robaron la “amoto”, la máquina de escribir, las ropas que vestía, que no eran de marca, sino de saldo, y algún que otro día hacía ayuno forzoso, que no voluntario, porque le daba su dinero y sus viandas a otros que consideraba más necesitados que él. Llegaron a llamarle sus feligreses y demás vecinos “el padre Ginés de Calcuta”. El alcalde y los concejales cuando les avisaban de que don Ginés quería hablar con ellos se escondían (hiperbólicamente hablando), porque sabían que era para pedirles algo, y no para él, que no podían negarse a dárselo. Sus más allegados tuvieron que recordarle ese dicho de que la caridad empieza por uno mismo. En Abanilla es conocido, además de por sus familiares y amigos, porque todas las semanas santas venía a confesar, hasta que un párroco dijo hace unos años que don Ginés ya no iba a venir, porque estaba delicado; y porque la gente se ponía en su confesionario a hablar con él y hacía cola, mientras que los otros curas estaban libres. Voy a referir la anécdota que le sucedió con un asalta caminos, cuando iba a Albatera a dar una conferencia, en el tramo del Mos del Bou: Era de noche y subió a uno que le hizo autoestop en Orihuela que, pistola en mano, intentó robarle, pero al ver de largo que la Benemérita le hacía el alto se apeó en marcha, a lo Rambo, a pique de matarse. Cuando paró y se lo contó a la Guardia Civil no se creyeron que era cura, porque no llevaba la uniformidad correspondiente, pero el vehículo, un R-5, sí estaba a nombre del Obispado. Estuvieron rastreando el lugar, por si el ladronzuelo se había lisiado, para socorrerlo, como el buen samaritano.

ENLACE AL ÁLBUM DE FOTOS DEL ACTO (DE LA CUENTA DEL AYUNTAMIENTO DE FORTUNA EN FLICKR) 

En las elecciones municipales de 1991, Ginés expresó sus simpatías por el programa electoral de  la candidatura de Izquierda Unida de Fortuna, mayoritariamente formada por los que anteriormente militaban en el partido cuyo emblema parece el anuncio de una ferretería. Este gesto les cayó bastante mal a los obtusos de toda la vida, que le colocaron el sambenito inquisitorial de ser el anticristo que estaba escondido en la Sierra de la Pila. Se formó tal revuelo que el Obispo lo llamó a consulta. Y, según dimes y diretes, presuntamente esta reserva espiritual de occidente se jactó de haberle truncado la carrera eclesiástica tan prometedora que tenía por delante, pues se comentó que estaba ya propuesto para ser obispo, con muy buenas referencias y un considerado currículo. Desde aquel entonces algunos lo tienen embadurnado de almagra. Él, a quienes le comentan esta circunstancia, les suele decir: Procuro ser defensor de las injusticias sociales  e intento proteger a los más débiles de los atropellos de los poderosos, que es lo que predicó Jesucristo. Esto viene a confirmar que no es un cura convencional, sino atípico, sobre todo para los de la vieja guardia con camisas nuevas. Ciertos individuos venidos a más por las vicisitudes de la política, tenían a personas allegadas a don Ginés de niñeras de sus hijos, los cuales no daban crédito a que un sacerdote fuera simpatizante del programa electoral de IU, por lo que no era de su agrado el que sus hijos se pudieran influenciar.

Los conocimientos profundos que este sacerdote atípico tiene, así como su convencimiento personal de que obra en conciencia, acorde a la doctrina de Jesucristo, que la predica con la palabra y el ejemplo, son tan fuertes como las rocas que resisten el envite permanente de las olas del mar bravío, con un estoicismo tal, que permanecen inmutables a través del tiempo. Aquellos que predican eso de haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago, su gloria suele ser tan efímera que cualquier nubarrón la enturbia y se desmorona, por su poca consistencia y el presunto cinismo encubierto. La memoria del sacerdote don Ginés Pagán perdurará en las gentes llanas y sencillas por mucho tiempo, porque es un hombre sencillo y modesto. Los que hemos tenido la suerte de conocerlo, tratarlo, escucharlo y observar su ejemplaridad, nos podemos sentir dichosos de sus enseñanzas, porque es el ejemplo del buen ejemplo, del pastor que se desvive por los rebaños del Señor, procurando traer al redil a las ovejas descarriadas. No voy a decir eso de que más se merece Ginés por este nombramiento que ahora se le hace, justamente merecido y de sobra demostrado, que a la tercera va la vencida, sino con este otro: Más se merecen aquellos que han tratado de desprestigiarlo por lo de sus simpatías a la candidatura de IU de 1991, porque ellos también demuestran ser lo que son. Que los calificativos los ponga cada cual según su entendimiento, porque un agnóstico, amigo suyo, dice de él que sería fácil ser cristiano si la Iglesia fuera lo que él predica y enseña con su ejemplo. No le gusta que le llamen “don” Ginés, pero yo le llamo así, algunas veces, porque el “don” que tiene es natural, que no de pegote. Y concluyo refiriendo que don Ginés está considerado “el san Valentín de la Sierra de la Pila”, que no el anticristo, porque a él suelen acudir muchas parejas de novios a que les imparta los cursillos prematrimoniales, procedentes de aquellas parroquias donde no se suelen dar, por las sinrazones que no procede aquí y ahora analizar en profundidad. Toda gloria humana es pasajera, pero la de don Ginés irá con él para siempre, hasta el Más Allá, porque es sincera y verdadera.

NOTA.- El diario La Opinión de Murcia, del pasado día 30 de octubre de 2016, página 20, ha publicado una breve reseña bajo el título “Ginés Pagán Lajara”, del también sacerdote y columnista de este diario, J. Fernández Marín, en su sección semanal “TODOS NÓMADAS”.

Observación.- En el término municipal de Abanilla y Fortuna, desde tiempos de los romanos existen cuevas de donde se ha extraído la almagra (óxido de hierro de color “rojo”), empleado para hacer pinturas con las que embadurnar a los críticos contra ciertos sistemas inquisitoriales y dictatoriales.

E. Marco, en calidad de cronista volante de La Voz de Fortuna.

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