REDES DE REGADÍO URBANAS Y RURALES DEL BAJO SEGURA EN ÉPOCA ANDALUSÍ. LOS CASOS DEL SEGURA Y EL CHÍCAMO

El pasado 25 de septiembre de 2014, tuvo lugar en la Universidad Politécnica de Valencia, en el Congreso Internacional Regadío, Sociedad y Territorio, homenaje a T.F. Glick. La exposición de la ponencia que a continuación se relata, realizada sobre la comunicación presentada a dicho congreso: “Redes de regadío urbanas y rurales del Bajo Segura en época andalusí; los casos del Segura y El Chícamo” extractada del libro que lleva por título “LOS REGADÍOS MEDIEVALES Y SU EVOLUCIÓN HISTÓRICA EN EL BAJO SEGURA”, editado por El Patronato Histórico Artístico de la ciudad de Orihuela, con el patrocinio de los Ayuntamientos de: Orihuela, Albatera, Benferri, Cox, Redován y Rojales; y los Juzgados Privativos de Aguas de Callosa del Segura y Orihuela, cuyos anagramas constan en la contraportada. Aunque en este trabajo histórico se contempla ampliamente al municipio de Abanilla y su río-rambla El Chícamo, la excepción institucional en el patrocinio de esta publicación confirma la regla, presuntamente por lo exiguo de su partida presupuestaria en cultura, reducida en 2014 a un simbólico €.

Como conclusión y/o resumen previo a la lectura del texto de la ponencia sobre losriegos medievales de la Vega Baja del Segura y su afluente El Chícamo, por la margen izquierda”, cabría decir lo siguiente: Los árabes no pusieron la primera piedra, pero fueron los grandes impulsores del sistema hidrofluvial de riegos del Segura y sus afluentes, sobre el que se ha desarrollado posteriormente todo el entramado reformado y mejorado que existe en la actualidad, que es de época medieval, siendo sus artífices, como se puede apreciar histórica y arqueológicamente, la sociedad andalusí.

De otra parte, en los comentarios con otros ponentes, a micrófono cerrado y en tertulias de pasillo, terraza o barra del bar, las aguas del Chícamo se están endureciendo (salinizando) cada vez más, por la sobresplotación del acuífero de Quibas, desde los dulces tiempos “carameleros”, lo cual no tiene marcha atrás. Actualmente tienen 40´5 grados de dureza en la escala francesa, por lo que sólo son apropiadas para el cultivo de oliveras, alcaciles, granados, alfalfas y pocos más cultivos industrialmente rentables. Su final será el de bombearlas para la industria salinera, cuyo canal a Torrevieja funciona a tope. Y como lo del pantano en el Cajel sigue siendo una entelequia técnicamente desaconsejada, a la que la administración no va a dedicar ni un duro, y los proyectos de balsas para recuperar las aguas de las riadas no lo tienen claro el dónde y el cómo, no va a quedar más alternativa que regar con la dotación asignada a esta comunidad por el Trasvase Tajo Segura, a través de sus propias estructuras entubadas a realizar, que serían como superponerlas a las del Porvenir, asunto poco aconsejable y costoso para los bolsillos de los particulares (la Comunidad de la Huerta de Abajo y Sahués). Que cada cual saque sus conclusiones según sus intereses, porque lo que también está bastante claro, a nivel de Estado, es que no se tardará mucho en que se prohíba el riego a manta, sobre todo en el área de la España Seca, en la que estamos irremediablemente sumidos.

Introducción histórica

En el año 713, los conquistadores musulmanes llegaron a la capitalidad de la Cora de Tudmir (Orihuela) y se encontraron con un valle formado por sedimentos de aluvión, que han sido arrastrados a través del tiempo por un río alóctono, el Segura, que en sus avenidas lo inunda de limos, los cuales les proporcionan una fertilidad extraordinaria, muy similar a la que ellos tienen en Siria, Persia, Mesopotamia y Egipto. El desnivel medio de este río, desde la Contraparada de Murcia hasta su desembocadura en Guardamar, es de aproximadamente un metro por Km. Por tanto, en el tramo final de este río, al que los romanos llamaron Thader y ellos Río Blanco (por el color de las aguas en sus avenidas y riadas), encontraron el hábitat idóneo para sus formas de irrigación y los cultivos que ellos trajeron: arroz, caña de azúcar, algodón, cítricos, sandía, berenjena, etc., procedentes de climas donde se dan intensas lluvias en su época de crecimiento, necesitando humedad regulada en el suelo y sol por encima, como ya pusieron de relieve los trabajos de A. M. Watson al respecto. Esto lo hicieron posible con el establecimiento de técnicas hidráulicas de irrigación que también trajeron, así como la forma de organización social. Los árabes se encontrarían a su llegada a esta zona con algunos aprovechamientos hidráulicos tardo romanos, encaminados básicamente al abastecimiento humano de la pequeña fortaleza visigoda oriolana y al cultivo de sus productos básicos: cereales, viñas, olivos y otros, que no necesitan tanta regularidad de irrigación. En el paraje de Sahués, en Abanilla, desde la dominación romana existen vestigios de explotaciones agrarias tipo “villae” que, por lo general eran de propiedad particular, junto al río Chícamo. Al parecer permanecieron activas del siglo I al V d.C., lo que pudo constituir un proyecto de colonización, repetido en otros puntos limítrofes. La Contraparada se dice que es de origen romano, aunque Murcia la fundaron los árabes en el año 825, en tiempos de Abderramán II.

La formación y expansión decisiva de la Huerta de Orihuela. Alquerías y azarbes

A partir de que se fuera consolidando la nueva sociedad andalusí y adaptándose al aprovechamiento de la inundación como sistema de irrigación, se va superponiendo progresivamente, como lo confirman las fuentes escritas árabes, una red de regadío ligada al río, a partir del establecimiento del primer complejo azud-acequia en el área periurbana de Orihuela, mediante la construcción de la llamada Acequia de Los Huertos.

Acequias y azarbes con nombres árabes y descripción topográfico del poblamiento, según el repartimiento de Orihuela en el siglo XIII

La ciudad de Orihuela se configura como lugar estratégico y adquiere la hegemónica del valle del Segura, como resultado de un episodio de colonización agraria premeditado y progresivo, apoyado en una consolidada y novedosa técnica de irrigación, que condujo a una nueva agricultura. Los espacios se van ordenando en relación a la formación del sistema de riego-drenaje, que parte directamente del río, adaptándose a la ley de la gravedad y a la microtopografía del terreno, siguiendo la metodología de los ríos orientales. Se construye predominantemente en las “tierras altas” del llano aluvial, a salvo de la mayor parte de las crecidas del río, incardinando a toda una serie de nuevos núcleos de hábitats rurales o potenciando los existentes, creando un ecosistema de agricultura intensiva, con bancales como si fueran jardines.

Reconstrucción del bajo Segura en el siglo X, antes de la implantación de la red de riego-drenaje “a pie”, periurbana e interurbana

En este plano ilustrativo, se aprecian los nombres árabes de algunos lugares de poblamiento.

Huerta andalusí de Murcia y Orihuela hacia el siglo XIII

El sistema de regadío se evidencia ya decisivamente implantado, cuando el geógrafo Al-Udri describe en la primera mitad del siglo XI, que estaba articulada una amplia zona de la Huerta, entre Alcantarilla, Murcia y Beniel, por un lado y Orihuela, Callosa, Catral y Almoradí, por otro, lo que confirma que estos hinterlands agrícolas ya se tocaban entre sí. Según los datos del Libro del Repartimiento de Orihuela, a finales del siglo XIII, habían más de 60 alquerías o núcleos rurales, con una superficie irrigada de casi 5.000 Ha, de la que depende toda la comunidad que gravitaba en torno a Madina Uryula (Orihuela).

Plano topográfico de la huerta de Orihuela en 1832, donde se señalan las presas de riego y los molinos

En la imagen, aunque algo deteriorado, están los nombres de las presas de riego (los azudes) y los molinos. Es fotografía del original.

Orihuela a principio del siglo XX. El azud junto al Casino

En esta imagen, se destaca el río Segura bordeando su casco urbano. En primer término, se observa la situación urbana en este enclave central del regadío de origen andalusí, en el que siguen situados los azudes que suministran las aguas a las acequias de Almoradí, del Escorratel, Almoraví y Callosa, y la de Catral. Este azud está junto al Casino, en la margen izquierda. En la margen derecha del mismo se aprovechaba para los molinos, actualmente en paro. Estas acequias reseñadas, así como la de Molina y la de la Alquibla, situadas en un azud anterior, todas ellas se citan en el Libro del Repartimiento de Orihuela, de 1265-1314.

Matrices naturales del agua en el Bajo Segura y su yuxtaposición al dispositivo general de riego de origen andalusí

La interpretación nuestra de esta imagen está basada en un detallado plano del siglo XVIII, en el que se observa como los valles afluentes descienden a través de la incisión provocada por el colector principal y dónde y cómo se encajan en la red de riego-drenaje. Se observa también la interrelación que se origina entre la red de riego y la red de los caminos principales, coincidentes en la mayoría del trazado, con el fin de facilitar las labores de cultivo en las parcelas que lo componen.

La articulación del sistema de regadío. Plano de la acequia de Molina en el siglo XVIII

En esta imagen se observa cómo se iba articulando cada sistema azud-acequia, a través de una compleja estructura técnica y una red de acueductos que adaptándose a la ley de la gravedad y a la microtopografía de cada zona, hacen posible la construcción de los espacios irrigados. En colores se señalan las paradas y las cenias de sangre, así como se especifican también las norias en el curso del río. En la actualidad todavía están activas y se riega con las norias de Pando y Moquita (en la huerta de Orihuela), y las de Benijófar y Rojales, en sus respectivos espacios irrigados.

Plano del sistema hidráulico del río Chícamo, para el riego de la huerta de Abanilla, hasta la presa de desvío hacia el pantano de Santomera.

El Chícamo es un río-rambla procedente de la parte septentrional del término municipal de Abanilla y sus colindantes de la Comunidad Valenciana, que discurre por la zona norte-noreste, pasando a la Comunidad Valenciana por La Matanza, dirección Benferri, para desembocar en el Segura, por su margen izquierda, en el Escorratel de Orihuela. Durante su trayectoria de 30 Km, tiene como afluentes otras ramblas. Su cuenca tiene una superficie de 451 Km2 y su desnivel medio aproximado es de 15 metros por Km, aunque a partir de Abanilla se reduce a la mitad. Tiene una afloración de agua constante en el paraje llamado El Chícamo, del que toma su nombre. Según el aforo realizado en 2010, el caudal medio fue de 40 litros por segundo. Según los análisis efectuados en dicho año, estas aguas tienen una dureza de 40´5 grados franceses, por lo que se califican como duras. Se captan en su totalidad para su aprovechamiento agrícola, a 4 Km de su nacimiento, en un azud. Por una acequia se conducen hasta las zonas de regadío, a través de minas, acueductos y partidor de derivación proporcional a la superficie a irrigar. Toda esta obra de ingeniería hidráulica es, sin duda, de origen andalusí, sin menoscabo de que en la época romana o tardo romana, existiera algún punto de recogida de las mismas, para emplearla en los cultivos de la época, como ya se ha referido anteriormente. A partir de este azud deja de ser río, pasando a la categoría de rio-rambla aguas abajo, donde en algunos puntos se vuelven a dar afloramientos de pequeños caudales, procedentes del drenaje natural de los terrenos regados, escorrentías y de aportaciones variables de sus afluentes, que se empleaban para el riego de pequeñas superficies adyacentes a sus márgenes, antes de la llegada del transvase Tajo-Segura. Estos son los microsistemas de este mesosistema de montaña, tipo andalusí, que es El Chícamo, cuyas aguas proceden del acuífero de Quibas.

El topónimo de Abanilla proviene del árabe [al-] Banyala. Su etimología es la de paraje ageste, localizado entre la sucesión de ramblas y abarrancamientos producidos por la erosión pluvial en torno al río Chícamo. Este espacio irrigado forma las huertas de Mahoya y de Sahués, como unos oasis bifurcados y prolongados, definidos y encajados por montañas, los cuales se aprecian en verde en la figura que se proyecta. El topónimo de Mahoya se deriva del árabe “mahura”= terreno regado y labrado. El topónimo de Sahués o Sagués, pudiera derivarse de la misma raíz del vocablo beréber “Xauen”, que significa “los dos cuernos”, por las crestas montañosas que encajan la medina medieval del norte de Marruecos, denominada con este topónimo. Hacemos un análisis deductivo, con los datos facilitados por el diccionario geográfico y estadístico de Pascual Madoz, para situarnos en lo que fue el riego de la Huerta de Mahoya y Sahués, cuando el agua iba ligada a la tierra y sólo se practicaba la permuta del riego entre las propiedades que iban en la misma tanda, parada (tablacho de derivación) y brazal. La proporción del reparto del agua se suele hacer en función de la superficie a irrigar, en nuestro caso la de 1/5 para Sahués y 4/5 para la Huerta de Mahoya: salen 571 tahúllas para la Huerta, con tandas de 22 días, lo que corresponde a 528 horas. Por tanto, la proporcionalidad aproximada era de una hora por tahúlla, lo cual se ha podido comprobar en escrituras del siglo XVIII y posteriores, hasta que no se desligó el agua de la tierra, lo que acaeció ya entrado el siglo XX. Los topónimos de los parajes de Abanilla, generalmente derivan del árabe: Muzalé, Jaira, Benical, Aljarea, Mayola, Albellón, Aljezar, y un largo etc. Desconocemos el nombre o topónimo de Abanilla antes de la dominación musulmana, cuando pertenecía a la Cora de Tudmir (Orihuela).

El azud del Partidor

Está enclavado en el paraje llamado Las Cuevas de Botija. Los restos que quedan de la reconstrucción efectuada en 1705 (centro de la imagen), presuntamente son del trazado del mismo, en sentido este-oeste, de la época mudéjar. El actual, a la izquierda de la imagen, se hizo en la década de 1950-60, por destrucciones sucesivas de los anteriores. Las lluvias torrenciales de 1947 sólo dejaron estos restos de piedra y argamasa, destruyendo también parte del paredón de Benferri y de su cementerio. Del siglo XVI, hay una referencia de la contratación de un cantero, llamado Juan Ochoa, para hacerlo de sillería. A juzgar por la orden de busca de dicho cantero, debió quedar inconcluso, por lo que lo rematarían de mampostería.

Este es el canal o acequia que viene del azud y dirige las aguas a la galería o mina que discurre por la margen derecha, excavada sobre terreno de margas.

Aliviadero y respiradero de la galería o mina.

El interior del Partidor, donde se aprecia el sistema de peine en sentido transversal a la corriente, con sus cinco aperturas divisorias, similar a los que existen en el Magreb y Argelia, elaborados algunos de ellos con piedras o troncos de palmera o de madera. Los romanos ya observaron este sistema divisorio a su paso por el Magreb.

Las dos acequias ya encauzadas salen del partidor y dirigen las aguas a la zona regable del paraje de Sahués y a la Huerta de Mahoya.

Acequia mayor que discurre hacia Mahoya, a su paso por el arco de María La Reina (acueducto), sobre la rambla de Mascosa. La hechura actual de este acueducto y de los otros que hay a continuación, sobre la rambla del Salado y la de Balonga se hicieron de sillería en el siglo XVIII. Anteriormente es posible que fueran de pilastras de mampostería, con la acequia de tablas sobre troncos de madera.

El acueducto de Sahués, por el que pasa la acequia desde el partidor a Sahués, ha sido reconstruido en numerosas ocasiones, por destrucción de las fuertes avenidas torrenciales, quedando constancia documental de las del siglo XVIII en adelante, y reforzadas sus pilastras con sillería reutilizada, presuntamente procedente, en parte, del cercano “villae” romano del Llano de Sahués. Sus arcos fueron hechos de ladrillo en 1882, tal como consta en una inscripción existente en el arco central. Se dice que anteriormente a la construcción de estos arcos con ladrillo, el paso entre pilastras era de troncos de madera y la acequia de tablas. Debió ser construido por los árabes al establecer el Partidor y la conducción para regar la Huerta de Abajo (Mahoya), empleando el sistema de abancalado en terrazas. El “villae” de Sahués en época romana posiblemente se regara directamente desde el azud, por medio de una acequia hecha por la margen izquierda, totalmente desaparecida, pero que da los niveles.

Molinos históricos en el sistema hidráulico del Chícamo, en Abanilla

Han quedado ciertos indicios, de que en tiempo de los mudéjares pudieran haber existido dos molinos de rampa a lo largo de la acequia de Mahoya. Uno en Ricabacica, que fue posteriormente transformado al sistema de cubo, llamado del Arco, del que todavía quedan algunos restos, tras haber sido destruido en unas fuertes riadas. Junto a él se edificó, en 1932, el actual, que es el único que funciona esporádicamente. En legajos del siglo XVI, consta que era propiedad del concejo, quien lo arrendaba; y que por provocar su rotura grandes perjuicios a la población, por ser el único existente, se acordó hacer otro molino aguas arriba.

El molino del Partidor, que está situado aguas arriba del molino del Arco, en el paraje del Partidor, finca La Hacienda. No sabemos la fecha de su construcción, pero ya consta en el censo de las contribuciones del siglo XVIII, como el molino de Camarrano, del que quedan, aunque en estado ruinoso, sus dos sistemas de piedras.

Parada del Chorro

El otro molino de rampa, presuntamente pudo estar situado en la parada del Chorro, en el paraje El Gema, cerca de Aljarea, del cual sólo nos queda el desnivel por donde discurre la acequia.

Huerta de Mahoya

 

Esto es una vista general de la huerta de Mahoya, en la margen derecha, frente al cerro de Santa Ana, donde se aprecia de fondo la sierra de Abanilla y los terrenos de margas, altamente erosionados. El reparto de la propiedad en la huerta de Abanilla es de minifundismo acentuado, encaminado al autoconsumo. La media de las parcelas es muy indeterminada, aunque se puede estimar en 1´5 tahúllas. Estos rasgos morfológicos son muy similares a los sistemas de irrigación de montaña del Magreb. Este “modus operandi” de fraccionar las herencias hasta el minifundismo, es propio de la economía de subsistencia y la autarquía, circunstancia que ha hecho que desde tiempos de los mudéjares, los vecinos de Abanilla hayan tenido un floreciente y fluido comercio con la urbe más cercana, Orihuela, donde acudían con sus productos manufacturados y agrícolas a vender y cambiar.

Conclusión.- El origen del gran impulso del sistema hidrofluvial de riegos del Bajo Segura y del río-rambla El Chícamo, sobre el que se ha desarrollado posteriormente todo el entramo reformado y mejorado que existe en la actualidad, es de la época medieval, siendo sus artífices, como se puede apreciar histórica y arqueológicamente, la sociedad andalusí.

Este libro lleva por título “Los Regadíos Medievales y su evolución histórica en el Bajo Segura” y es la base de esta ponencia. Forma parte de “Los cuadernos de Historia y patrimonio cultural del Bajo Segura, números 4 y 5”. En su portada se reproduce un plano de mediados del siglo XVIII, representativo del sistema de riegos de boquera de la Rambla de Abanilla-Benferri. Lo ha editado el Patronato Histórico Artístico de la ciudad de Orihuela-Alicante, fundación perteneciente a la Comunidad Valenciana. Son sus autores: Manuel de Gea Calatayud (arqueólogo del museo de Rojales); Rafael Moñino Pérez (agente jubilado del Servicio de extensión Agraria); Patricio Marín Aniorte (cronista oficial de Cox); y Eugenio Marco Tristán-aquí presente- (Ingeniero Técnico Industrial jubilado). Está ya impreso, a falta de su presentación y distribución, a cargo del Excmo. Ayuntamiento de Orihuela. Depósito legal: A-45-2009; ISBN 2340-874-X

NOTA.- Dado que el tiempo de exposición de las ponencias está limitado a 15 minutos, no procede entrar en el sistema de riego de boqueras en forma de espiga de Benferri y su Paredón, posiblemente de los siglos XV-XVI, que estuvieron en uso hasta finales de la década de 1960, en que se construyó la presa de desvío de las aguas del Chícamo desde Abanilla (paraje de El Paúl) hasta el pantano de Santomera, con el fin primordial de evitar que las aguas de las fuertes avenidas torrenciales inundaran y causaran grandes desastres en Benferri, Ortanova, El Escorratel, El Palmeral de Orihuela, Redován, Cox, La Campaneta, la parte de poniente del campo de Callosa y demás lugares anexos; como venía sucediendo desde tiempo inmemorial. Pero en este libro sí se recogen los seis complejos de boqueras y el Paredón, todavía existentes, incluso con fotografías, así como las riadas, desde la de 1947, que fue una de las más destructivas, llevándose la mitad del cementerio. La de 1684 destruyó todo Benferri. FIN de la exposición.

Boqueras en Benferri

 

Boqueras en Benferri

 

Paredón del cementerio en Benferri

 

Paredón del cementerio en Benferri

 

Riada en el cementerio de Benferri. 1947

 

Presa de desvío de las aguas del Chícamo desde Abanilla (paraje de El Paúl)

 

Gota fría en Benferri. 1987

 

Gota fría en Benferri. 1987

 

 

ANEXOS

A.- Sobre el origen romano de los riegos medievales en la península Ibérica.- Según los estudios llevados a cabo por F. Beltrán y otros, los íberos en sus movimientos migratorios hacia las zonas secas, tuvieron la necesidad de establecer los riegos para sus cultivos. El imperio romano fue el primer dinamizador importante de la actividad agraria para sus cultivos y, en consecuencia, del regadío en sus posesiones, acometiendo importantes obras de infraestructuras hidráulicas y de comunicación, sobre las ya preexistentes en sus colonias y otras nuevas, según sus necesidades: para el abastecimiento humano y usos agrarios, creando así las primeras huertas. Se puede considerar que durante su dominio los riegos aquí comenzaron a ser un hecho incuestionable, gracias a su cultura y a sus conocimientos de las técnicas constructivas. Por tanto, a ellos les debemos la implantación del regadío y las obras hidráulicas que se hicieron. A continuación los árabes adaptaron, ampliaron y mejoraron las infraestructuras que se encontraron a su “modus vivendi”, algunas en un abandono total tras la dominación visigoda, que dio prioridad a la ganadería, diferenciándose de los romanos en su “modus operandi”. El esplendor del regadío vino con los árabes, así como el gran impulso dado en el sur de Europa, siendo su foco principal la sociedad andalusí. Hay que reseñar que los romanos captaban el agua para sus sistemas hidráulicos en los sitios de corrientes tranquilas o en nacimientos aislados. No existen datos para poder afirmar que durante la Edad del Hierro existieran formas de riego en España, pero cuando llegaron aquí los navegantes sirios ya se encontraron a la orilla de los ríos, núcleos de población importantes y es de suponer que si los primitivos pobladores de la península no conocían las técnicas de riego, fueran adiestrados por los sirios o, con posterioridad, por los fenicios, los griegos o los cartagineses, procedentes del norte de África. Todos estos pueblos conocían bien el mediterráneo occidental, cuna de los riegos; y los caudalosos ríos peninsulares ofrecían una importante posibilidad para desarrollar sus conocimientos adquiridos en Egipto y Mesopotamia. Hay que hacer la salvedad de que debido a las fuentes consultadas por los investigadores de referencia, la información disponible para el mundo romano no ilumina por igual todos los sistemas de riego, privilegiando, lógicamente, los situados en los alrededores de Roma y de las ciudades numerosamente pobladas.

B.- Cultivos de los romanos y de los árabes.- Según los estudios llevados a cabo por A. M. Watson, F. Beltrán, E. Nadal y otros, los romanos cultivaron principalmente la vid, el olivo, las manzanas, las palmeras datileras (introducidas en Hispania por los fenicios, que trían los dátiles como alimento y al comérselos tiraban sus huesos, que después daban origen al nacimiento de una palmera), el lino, el comino, los cereales, las rosas de invierno, las cebollas, la col, la lechuga, los cardos o alcachofas, existiendo testimonio también del cultivo del melocotonero, la granada, el peral, el cerezo, el trigo duro, el espárrago…Los árabes trajeron, entre otros, el cultivo del arroz, la caña de azúcar, el algodón asiático, la morera y demás plantas de clima monzónico, como la naranja, la sandía, la berenjena, etc.

C.- Sobre el empleo de las cenias de sangre fuera del curso de las acequias, en terrenos perimetrales de almarjal y humedales.- No se han encontrado restos arqueológicos que lo confirmen. Y lo lógico es que no las emplearan, dado que a poca profundidad del nivel freático, antes de su desecación, había aguas salobres fósiles, de origen marino, muy poco apropiadas para los cultivos, como se ha confirmado por un estudio reciente de la CHS. Es lógico que teniendo acceso a aguas no salobres por su nivel, extrajeran del subsuelo las de mala calidad, empleando el esfuerzo animal.

D.- Hinterlands.- Procede del Alemán: Tierra posterior, en la esfera de influencia de un asentamiento. Área para la cual, el asentamiento central es el nexo comercial. Espacio de crecimiento.

E.- Repartimiento del agua entre los musulmanes y los cristianos, de forma comunal, y en proporción directa a la tierra a cultivar.- El reparto y la división del agua en proporción a la tierra, tiene su origen de aplicación en Hispania en la “lex riui Hiberiensis”, en la época del emperador Adriano (F. Beltrán). Alfonso X, El Sabio, en 1267, otorgó este privilegio al consejo murciano, señalando días y horas de riego. Esto no es ni más ni menos que el sistema de las tandas, para el reparto del agua circulante en cada momento. Lo que hizo fue dar continuidad a lo ya establecido en época romana y andalusí. Las ordenanzas de Arnau Torrellas, confirmadas por Pedro IV El Ceremonioso, en 1375, también ratifican lo anteriormente establecido que, en algunos lugares como Abanilla, ha llegado hasta la actualidad, con pequeñas variaciones sobre el original. Dice así: Que se les permita regar los campos de noche a los moros de Abanilla, Crevillente, Elda y Alicante, que riegan sus tierras por tandas, cuando les toque, siempre que lo notifiquen previamente al señor del lugar y no salgan de sus campos. (Ferrer y Mallol, 1988)

F.- Cenias de sangre instaladas en las acequias.- Sólo se conservan algunas, de museo, fuera de su emplazamiento, dado que en su momento se sustituyeron por equipos de elevación motorizados. En Callosa las hay de museo, aunque reconstruidas. Las norias y las cenias de sangre ya las empleaban los romanos en las explotaciones mineras de Río Tinto. Los árabes las mejoraron y las aplicaron a sus sistemas de infraestructuras de riego y abastecimiento humano.

G.- CLIMATOLOGÍA.- Pluviometrías medias anuales en el Bajo Segura y en la cuenca del río-rambla El Chícamo: Abanilla 296 mm; Benferri 290 mm; Orihuela 317 mm. La temperatura media oscila entre los 18-19º Centígrados y el riesgo de heladas es casi nulo. La evaporación supera en mucho a la pluviometría. Y los acuíferos existentes, sobre todo el de Quibas, que afecta al Chícamo, están deficitarios, debido a la despiadada e incontrolada sobreexplotación a que ha sido sometido desde la década de 1970 y a la baja pluviometría.

H.- Redes de distribución del agua de riego.- Lo conforman las acequias madre o mayores, que parten de los azudes o motas de toma; las derivadas por las paradas (tablachos), llamadas brazales, arrobas o acequias menores; así como las que en definitiva llevan el agua para irrigar los huertos o bancales, llamadas hijuelas. Además de los azarbes y azarbetas, también llamados meranchos o landronas, que recogen las aguas de drenaje y escorrentía para su posterior reutilización en el riego a más bajo nivel, constituyen el sistema fundamental implantado por los árabes en la vega media y baja del Segura. Por poner un ejemplo, en Rojales (Vega Baja), las medidas de las acequias mayores es de una braza (2´28 m.); las acequias menores media braza (1´14 m.) y las hijuelas un cuarto de braza (57 cm.). En todo el sistema existen en determinados punto un artilugio o tablacho de drenaje llamado albellón, para derivar las aguas excedentes por causas diversas otra vez al río, a fin de que en las crecidas o cuando no sea necesario regar devolverlas al cauce principal, a fin de evitar roturas y desastres en las canalizaciones.

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