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El molino del Chícamo (2)


Comentario sobre el folleto explicativo del plan de rehabilitación de nuestro patrimonio histórico hidráulico, repartido durante la inauguración de la restauración del molino del Chícamo, el 15-09-2015.

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Respecto a lo reseñado en este folleto, considero necesario y conveniente efectuar unas ligeras puntualizaciones de índole geográfica, dado que en su redacción se han originado pequeños deslices y mezcolanzas que en nada alteran el fondo del asunto, pero pueden dar lugar a confusiones. Decía el humorista Miguel Gila que donde hay colillas se podía decir que habían fumado, pero sin poder afirmar quienes, cuando y donde. Lo escrito en el libro del origen de los riegos medievales, “mi libro”, escrito está, mientras no se demuestre lo contrario. Pero si quitando los revocados de cemento gris apareciera Poncio en pelotas, el que lo pueda afirmar que lo afirme, y buen afirmador será. En el molino del Partidor hay un arco y una columna presuntamente romanos, sin que se pueda afirmar que dicho molino también lo fuera. Sabido es que las piedras romanas se han reutilizado en todos los lugares donde las hubieron: Los Baños de Fortuna, Cartagena, Mérida, Tarragona, Córdoba, etc.; y aquí no somos la excepción. En Sahués está datada la existencia de una villae romana, que estuvo activa desde el siglo I al IV después de Cristo: El acueducto de Sahués salva el río-rambla El Chícamo, desde El Partidor (margen derecha) hasta el paraje llamado Las Picas, en la margen izquierda; El acueducto llamado de Mª la Reina salva la rambla de Mascosa, que no “Moscosa”; El acueducto del Salado salva la rambla del Zurca; El acueducto de Ricabacica salva la rambla de Balonga, entre la salida del antiguo molino del Arco y el inicio de la mina de la acequia mayor hacia Benical, excavada en la década de 1950. Hay documentos citados en “mi libro” que referencian que estos arcos se hicieron de sillería en el siglo XVIII, por haberse arruinado los anteriores, por causas de las riadas torrenciales, porque el paso de la acequia, según J. Riquelme Salar y otros, solía ser de tablas sobre troncos, apoyados sobre muros laterales de mampostería, sistema muy utilizado por los árabes. Así mismo, a principio del siglo XVIII, el azud consta que estaba emplazado de saliente a poniente y que en su centro partía las aguas en dos ramales o acequias, lo que hace suponer que una acequia discurría por la margen izquierda, directamente hacia Sahués y la otra por la margen derecha, hacia Mahoya. Las minas de esta acequia entre el azud y el Partidor, según cuentan personas mayores que lo oyeron de sus antepasados, son del siglo XIX, presuntamente excavadas al destruirse por las riadas ambas acequias, por lo que fue necesario hacer el Partidor y el acueducto de Sahués.

PepeCD me ha insinuado que tiene referencias de que el Partidor (caseta de los ojos) y el acueducto de Sahués son posteriores a la expulsión de los moriscos. En el arco central del referido acueducto hay una inscripción reseñando quien fue el que realizó dichos arcos -de piedra y ladrillo macizo- y la fecha, 1886, que la respetaron cuando revocaron el remate de las pilastras con cemento gris y, aunque deteriorada, se puede leer. En la base de las pilastras hay algunos sillares con presuntas inscripciones romanas, según ciertos investigadores, lo que no es de extrañar, pues pudieran proceder, reutilizadas, de la cercana villae de Sahués. Por lo tanto, existen razonadas dudas sobre el origen del Partidor y el citado acueducto de Sahués. De todas formas es necesario, aunque no urgente, que se les quite el revocado de cemento gris, se estudie su origen y se restauren en las debidas condiciones. Se percibe que hay cierta antipatía hacia el reconocimiento, por parte de algunos, de que aunque los árabes no pusieron la primera piedra, sí fueron los artífices del sistema de riego y sus infraestructuras en el río Segura y sus afluentes, las cuales han llegado hasta nuestros días, con las reformas necesarias para mantenerlas activas. A pesar de que Murcia fue fundada por Abderramán II, afloran determinados intereses turísticos hacia todo lo que huela a romanos. Hay quienes dicen que La Contraparada es romana, porque han encontrado una piedra…etc. Lo que afloró en el Congreso Internacional de Riegos de Valencia, sección de historia y arqueología hidráulica, celebrado hace un año, al que acudí como comunicante, que habían muchos vestigios de estos sistemas de riego de los árabes por todo el territorio que fue denominado y conocido como al-Ándalus (actualmente Andalucía y el Levante Español), que han sido víctima de la piqueta del desarrollo, pero en activo y lo más aproximado a su origen, queda el de la Huerta de Abajo y Sahués, en Abanilla, por lo que somos casi la excepción que confirma la regla.

Puedo escribir todo lo que me sale de la pluma, con los debidos respetos, aunque coseche el desprecio de algunos ilustres y de determinados gerifaltes, excepto de los caballeros andantes. Como toda gloria humana, la mía será también pasajera. Y si hay alguien dispuesto a dar más por nada a cambio, que levante el dedo, que yo seré cronista oficial cuando san Juan baje el suyo y la bandera pendonera se la vendan al trapero. ¡Gloria a Dios en las alturas y que los romanos se lleven las sinecuras!.

NOTA.- Los de La Vega Baja andan detrás de conseguir que sus riegos tradicionales, de incuestionable origen árabe, no se pierdan y sean declarados Patrimonio Cultural e Inmaterial de la Humanidad. Espero que los responsables de Abanilla no se duerman en los laureles de Baco y nos quedemos al margen de este proyecto; como estuvo a punto de suceder con “mi libro”, que querían cortar por Mafraque, aguas arriba, en el linde con Benferri, presuntamente por aquello de dedicar en el presupuesto municipal 2014, solo un euro para cultura y deportes.

Ante las varias preguntas llegadas a mi Redacción sobre los riegos medievales y los molinos de Abanilla, voy a darles respuesta a nivel general:

* Hay que tener meridianamente claro que la cuna de los riegos medievales en la cuenca del Segura es Orihuela, con un siglo y pico de adelanto sobre Murcia; y que el último vestigio que más se aproxima a su original, que todavía sigue en uso por el sistema de riego continuo, a manta, por paradas y tandas periódicas, está en Abanilla, en la Huerta de Abajo y Sahués.

* Los molinos de Abanilla por orden de antigüedad y sistema de cubo, son:

– El molino del Arco, en Ricabacica, del que solo quedan los restos de su caz (salida del agua).

– El molino del Partidor, en la finca La Hacienda, probablemente de finales del s. XVI o principio del s. XVII, que ya viene relacionado en las contribuciones del s. XVIII. Todavía está para poderlo salvar de la ruina total, pero como es de propiedad particular…es casi imposible obtener subvenciones para restaurarlo.

-Los molinos del Puente y el de Santa Ana son del s. XIX. El del puente se podría restaurar, pero la empresa que contruyó el puente nuevo, según me han dicho, tuvo un percance y lo destrozó en parte. Se comprometieron a arreglarlo pero, presuntamente, por lo ajustado de la obra y por no haberse hecho dicho compromiso por escrito, al final se arruina solo. El de Santa Ana ya es irrecuperable, por reutilización de su instalación original para otros usos industriales.

– El molino del Prao, en Barinas, probablemente del s. XVII ó XVIII, del que solamente queda el cubo -que es digno de admirar por su considerable altura- y parte de las acequias.

– El molino del Chícamo es de mediados del s. XIX y se ha podido recuperar, aunque de forma testimonial, porque es propiedad comunal -de la Comunidad de Regantes-, entidad adscrita y dependiente de los organismos oficiales de la cuenca del Segura.

– El de Ricabacica, junto al antigüo molino del Arco, es del siglo XX, de propiedad particular, que todavía muele a nivel personal, aunque el sistema de zarandas está deteriorado.

– En la pará del Chorro, paraje del Gema, frente a la casa de Florentina Morales, dicen que por el siglo XIV ó el XV, hay indicios de que pudo existir un molino de rampa, anterior al sistema de cubo, de ruedas pequeñas (por los 60 cm de diámetro), muy sencillos y elementales en su funcionamiento. En este lugar solo queda el desnivel donde pudo estar instalada la rampa del agua para mover el rodete y el sitio donde pudieron estar emplazadas las piedras de moler.

NOTA.- He oído hablar del molino del Pavo, en La Umbría, que aprovechaba las aguas del aliviadero de la fábrica de la luz. Dicen que era muy sencillo, sin zarandas, con unas ruedas pequeñas. Funcionó de manera semi clandestina, en la época de la autarquía y el estraperlo, décadas de 1940-50. Su acceso solo era posible a pie y con animales de carga. En La Placeta, frente a la iglesia, en el bajo donde ahora está BMN (Cajamurcia) hubo un molino accionado por energía eléctrica, instalado en el primer cuarto del siglo XX. Algunas de sus piedras, según información facilitada por Juan Aº López Marco, están ahora en el restaurado molino del Chícamo.

E. Marco, cronista oficioso de Favanella

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EL MOLINO DEL CHÍCAMO


Este molino y su infraestructura (el azud) fue construido entre los años de 1840 a 1844, a cargo del “Heredao”, actualmente la Comunidad de regantes de la Huerta de Abajo y Sahués. Su explotación se adjudicaba por puja a la llana y con esos dineros se le pagaba el sueldo al “cequiero” y si sobraba se empleaba en reparaciones y mantenimiento del sistema de riego y otros gastos. Según el estudio efectuado por el profesor de la UMU, don José Mª Gómez Espín y otros, sobre los molinos hidráulicos de Abanilla y Fortuna, que ya ha sido publicado en el programa de fiestas, este molino tenía dos cubos de rueda horizontal, de 5´50 y 6´50 metros de altura, con sus correspondientes sistemas de molienda (ruedas) que molían simultáneamente: una destinada para moler productos para el consumo humano y otra para consumo animal. Se estima que en aquel entonces el caudal de agua disponible podría sobrepasar de los cien litros por segundo, por lo que la potencia desarrollada total estaría por los ocho caballos. Tenía un amplio casal, con edificación anexa para vivienda del personal y amplias cuadras y corrales. Dejó de funcionar en la década de 1960. En 1967 ya consta en acta que estaba en estado ruinoso y, por lo tanto, se le rescindió el contrato de arrendamiento vigente a José Navarro Torá. Y siguiendo con la desidia muy española de que lo que no tiene utilidad se deja abandonado a su suerte o se intentan reutilizar sus materiales aprovechables, este molino no ha sido la excepción y solo ha quedado de él en pie el azud, sus dos cubos, el foso, los cojinetes de apoyo de los rodeznos y alguna de sus piedras que en su momento no tuvieron oferta de compra. De sus anécdotas, muchas de ellas de sumo interés, fueron referidas en la charla coloquio de “Las Cosicas de Abanilla”, primera parte de un paseo por El Chícamo, el 30-07-2011, por Juan Aº López Marco, que se pasó allí parte de su juventud primera. Todo esto está pendiente de publicar, a falta de completarlo con la segunda parte y quizá sea necesaria una tercera, hasta llegar a Orihuela. Porque el río-rambla El Chícamo tiene una dilatada historia inherente a Abanilla y Benferri que, poco a poco, iremos recogiendo y pasando a letras de imprenta. En el libro “Los regadíos Medievales y su evolución histórica en el Bajo Segura” (ISSN 2340-874-X), cuya primera edición está ya agotada, se hace un somero estudio de nuestro Chícamo, como principal afluente del Segura en la Vega Baja. En la web abanilladigital.com, podéis leer mi escrito titulado “YO, EL CHÍCAMO”, que describe de forma sencilla este río.

Pero mi intención ahora es la de relatar alguna de las muchas anécdotas ocurridas en la década de 1940 y mitad de 1950, al socaire de este molino, donde por efecto de la autarquía reinante y el estraperlo, vivió su época dorada en cuanto a rentabilidad de su industria y de servicio a la ciudadanía, pues en aquel pretérito tiempo de penurias y racionamientos el mercado negro, los ratones coloraos y los de guante blanco, sabido es que suelen ser los más beneficiados. El hambre y la necesidad agudizan el ingenio y este molino trabajada de continuo, con la clientela en cola, las 24 horas del día, y solo se interrumpía la molienda para las labores de mantenimientos (picado de las piedras y engrases) y en las roturas e imprevistos. Se le llegó a acoplar una dinamo de coche para producir corriente y alumbrar la sala de máquinas, a la cual se accedía por unas escaleras, por estar a más bajo nivel del acceso por el casal. En las cuadras, vivienda y demás dependencias anexas, existían una serie de zulos muy disimulados para el almacenamiento, que servían para esconder los productos de los inquisidores inspectores de la Fiscalía de Tasas, que se desplazaban en aquellas históricas “amotos” SANGLA, incluso por las noches. A este molino acudían los pobladores circunvecinos de Macisvenda, La Umbría, Barinas, El Cantón, los Martínez, incluso de la provincia de Alicante: La Algueña, Barbaroja, Hondón de los Frailes y de Las Nieves, La Romana, hasta Aspe. Los abanilleros tenían más cercano los molinos de El Puente, Santa Ana, Ricabacica y El Partidor, por lo que no solían ir a éste, salvo excepciones.


Entorno del molino del «Heredao» en El Chícamo. (foto de Alfonso Atienza Gaona).

 En Aspe, en el siglo XVIII hubo cinco molinos hidráulicos, pero a principio del siglo XX sólo quedaban en funcionamiento dos: uno alejado de la población, que en 1940 ya funcionaba poco por falta de agua y otro en la misma población, al final de la calle Barranco, en la margen derecha del río Tarafa, que recogía además los sobrantes de una fuente pública y abrevadero allí existente, de la que todavía quedan las piedras, sin agua por haberse secado el manantial de origen. La Benemérita local hacía la vista gorda en el asunto de la legalidad de la molienda, pero los de la Fiscalía de Tasas no paraban de incordiar con sus inspecciones, lo que dio lugar a que el propietario les soltara un garrotazo, con la consecuencia de su encarcelamiento y cierre del molino. Y como los molinos más próximos estaban en Crevillente y para llegar a ellos el camino era tortuoso, por estar en la ladera sur de la sierra, el trayecto más factible era el del Chícamo, aunque estaba fuera de su demarcación territorial. Un aspense que tenía una camioneta Ford de 3.000Kgs, se dedicó por las noches a llevar productos a moler a nuestro molino y en uno de sus recorridos, ya de vuelta, por la madrugada, la camioneta se le paró por falta de aceite en el motor (otro producto controlado y escaso, que había que conseguir en el mercado negro, por causa de la autarquía reinante, igual que la gasolina, por lo que se pusieron en marcha también los gasógenos) delante del cuartel de la Guardia Civil del Hondón de las Nieves. Al insistir en arrancarlo y trastearlo el ruido despertó al guardia de puertas, el cual salió a ver qué pasaba y sorprendió al transportista y le dijo: ¿Qué le pasa? El presunto estraperlista, ante el temor a que le revisara la mercancía y ser descubierto “in fraganti” se le ocurrió decirle que había parado para dejarles una “taleguica” de harina. Eso hizo, pero al intentar arrancar el cacharro ya no lo consiguió, pero el guardia, agradecido por la dadiva, le buscó a un vecino que tenía un carro de mulas y le hizo el transporte hasta su destino, sin ser molestado, porque le dio un salvoconducto. En lo sucesivo este camioncillo circuló sin problemas desde Barbarroja hasta Aspe, porque todas las semanas paraba y les dejada a los beneméritos su taleguica de harina. Los del cuartel de Abanilla subían a este molino cuando les tocaba la ronda de las pedanías y solían hacer noche allí, donde eran muy bien atendidos y no regresaba de vacío. La realidad supera a la ficción en todas las épocas, máxime en las ominosas. Así me lo han contado y así lo relato, para mayor gloria y honra de todos los mencionados, afectados por la autarquía y el racionamiento, de la que siempre se suelen llevar la peor parte las clases sociales menos favorecidas por la vida y por la suerte. Ningún tiempo pasado fue mejor, aunque para los que andaban sobre los pétalos sí lo fuera, mientras que para la mayoría que caminaba sobre las espinas y mal calzados no. Espero que la restauración del molino del Chícamo sea un propósito bien empleado y de utilidad futura, en el cual habrá que escribir en paneles esta y otras historias más que nos vayan contando, para ilustrar a los visitantes.

NOTA.- Los agentes de La Fiscalía de Tasas solían ir uniformados con una gabardina tipo Colombo, con manchas de harina de los molinos y los hornos de pan cocer, de aceite cuando registraban las almazaras y de cagarrutas de los ganados, llenaron el mapa de España de manchas negras (altercados) y rojas (por muertes). En Abanilla casco urbano tenemos una mancha negra y en el alto del antiguo camino a Fortuna por la Casa del Reloj una roja, donde pusieron una cruz por la muerte de un inspector, tiroteado por su propio compañero, porque siempre iban en pareja y armados. Trataban de sorprender con nocturnidad a un ganado de ovejas que por allí transitaba, con dirección a Orihuela, escondidos tras unas matas, junto al camino. Los perros pastores que iban delante se detuvieron y empezaron a ladrarles, lo que el pastor interpretó como que allí se escondía alguna alimaña y les zurró con su gallado. Ellos hicieron uso de sus pistolas, con tan mala suerte, porque la noche era oscura y de invierno, que a uno de ellos se le disparó la pistola al intentar sacarla y le perforó el hígado, lo que le provocó la muerte ya en el hospital, después de intentar los médicos hacer lo que estuvo en sus manos. Estos individuos profesionalmente, salvo excepciones, eran perros de presa, que donde entraban sacaban bocado.

E. Marco, cronista “oficioso” de Favanella

Artículo publicado en el programa de fiestas de Mahoya de 2015

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