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Fantasmas en San Esteban


Ante el error cometido en el decreto de aprobación de la bandera de Abanilla, envié un dossier el 12-03-01, a la consejería de Presidencia, solicitando la revisión administrativa del expediente. Al no recibir respuesta he recurrido a la mediación de la Casa Real y del Defensor del Pueblo, el cual me ha comunicado que la citada consejería ha excusado la revisión solicitada «porque parece ser que en la reestructuración habida en enero de 2002, se les ha extraviado». Como la respuesta no puede ser más peregrina, deberían inspeccionar a fondo, el Palacio de San Esteban no sea que exista algún fantasma que extravíe los expedientes.
El proceso llevado a cabo para la aprobación de esta enseña, a mi entender, es de cine, lo que una vez más confirma que la política también es el arte de hacer posible lo que que parece imposible. A pesar de la parafernalia que envuelve a la heráldica municipal de esta villa, me resisto a creer que los abanilleros seamos tan ignorantes como oficialmente se ostenta. Calderón de la Barca dijo en una de sus obras: «A quien le daña el saber, homicida es de sí mismo». Echar balones fuera para perpetuar la necedad no es una manera muy elegante de hacer patria, ni grande, ni chica. Abanilla y la Real Academia Alfonso X el Sabio no se merecen este desprecio institucional.
Que yo sepa es el caso atípico más grave de esta índole, que se da en la Región. Extremo confirmado por Luis Lisón Hernández, en su libro Símbolos Municipales de la Región de Murcia, editado por la Asamblea Regional en 1999.
Juan Manuel San Nicolás Sanchez
Licenciado en Geografía e Historia Medieval
Publicada en el diario La Opinión de Murcia del domingo 24/11/02

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Heráldica y política


Sobre la carta publicada en esta sección el 26-04-02, firmada por J.M. San Nicolás, referente a la bandera de Abanilla, la del decreto 6/99, por alusiones, deseo hacer ciertas consideraciones.

El pasado día 3 de mayo, en la Asamblea Regional se izaron las banderas de los municipios de la Región, entre ellas el pendón de Abanilla. Hace ya tres años (04-04-99) que vengo derrochando tinta contra los que aprobaron «por unanimidad» el referido pendón, habiendo obtenido silencio, antipatía y la indiferencia.
Me consta que el señor San Nicolás ha tenido la entereza de dirigirse a las instituciones tratando, documentadamente, de corregir este anacronismo y sólo le queda recurrir al contencioso. Públicamente le exhorto a que no lo haga, porque según dice un viejo refrán «a los burros no se les lleva a los tribunales, por respeto a sus señorías». Por última vez sobre este asunto me dirijo a mis paisanos, autoridades e instituciones afectas para significarles que nadie queda libre de responsabilidad; unos por ignorancia, otros por omisión o consentimiento y los demás por tácito silencio. No me queda más remedio que arriar la «histórica y vera bandera de Abanilla», la verde y azul, la que me encontré en un legajo por leer lo que no me importa.
La gloria banderil de las milicias concejiles de Felipe II ya no se lleva. Lo que ahora priva es el pendoneo de Fernando VI. El nuevo eslogan publicitario de la concejalía de Turismo para estas fiestas ha sido el siguiente: «Aquí la gente viene a pasárselo bien, no a crear problemas». Siguiendo el ejemplo del romántico bandolero de estos pagos Jaime Alfonso el Barbudo, me retiraré a su guarida y haré penitencia y oración, hasta que oiga en la montaña el eco del crujir de mis propios huesos, y el Altísimo, compadecido, me conceda su perdón. Algunos bandoleros históricos han sido más honrados que sus verdugos.
Eugenio Marco Tristán
Carta publicada en el diario La Opinión de Murcia. Miércoles 08/05/02

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