Los grupos de Moros y Cristianos dicen NO al campamento festero


Este 21 de diciembre de 2014 se ha realizado una Asamblea de la Federación de Moros y Cristianos. Entre los asuntos publicables y que pueden ser noticia por tratarse de cuestiones que afectan a la totalidad de los festeros así como del pueblo en general, cabría informar de lo siguiente:

EL CAMPAMENTO FESTERO

El pasado 22 de noviembre, desde la Federación de moros y cristianos se presentó el proyecto de la idea que se tenía para realizar el campamento festero. Ideas y gestiones que ya se habían realizado y las que estaban en vías de realización cumpliendo el programa que en su día se había diseñado para ello. Se dio un mes de plazo a los distintos grupos festeros para que reunieran a sus asociados y volverse a ver al cabo de ese tiempo para informar de la decisión de cada grupo. En este tiempo, han sido bastantes las personas que han ido hablando de este tema, y también ha habido quien no ha entendido bien la propuesta y ha dicho más de una barbaridad en la barra del bar, que por tratarse de eso mismo, no procede comentar.

Una vez cumplido ese plazo, se ha procedido a ir diciendo grupo a grupo la decisión de cada uno de ellos. En la Asamblea a la que debían de haber asistido los representantes de los 28 grupos, faltaron tres de ellos, y la respuesta del resto fue la siguiente: ocho grupos que se mostraron partidarios del campamento y de coger allí un espacio (ya fuera totalmente o sólo para un pequeño espacio), tres que dijeron que ni sí ni no, y que se tomó como un no, y los restantes catorce grupos que dijeron que no. Las argumentaciones de cada uno de los grupos podían ser muy variadas y muy válidas, pero eso no importaba. La cuestión era la respuesta final. Y la respuesta mayoritariamente ha sido que no.

Se necesitaba al menos la mitad de los grupos para seguir adelante, y no se ha llegado ni a un tercio de los mismos. En consecuencia el Presidente decidió echar el freno y paralizar el proyecto. Ahí ha quedado lanzada la propuesta, pero han sido los mismos grupos los que no han querido. Por la razón que sea, pero no han querido. Algunos de esos grupos que votaron que no, opinaban que veían bien que se hiciera, pero para otros grupos, no para ellos. Otros opinaron que en sus grupos también lo veían bien, también para quien quisiera, y lo mismo para ellos también, pero no para este primer año. Que empezaran otros y ya si eso ya se vería a ver si se metían al segundo año. Finalmente otros grupos opinaron que no había terminado de estar claro el asunto del dinero que había que pagar en cada circunstancia si se apuntaban el primer año o el segundo. Y sobre todo, qué pasaba si se dejaban su cuartelillo y esto no funcionaba y se tenían que volver donde estaban.

La importancia y relevancia de la decisión que se tenía que tomar en cada grupo era muy importante, y por eso había que valorar muy bien los pros y los contras. Posiblemente más que la visión de ese proyecto de campamento con todos sus beneficios que hubiera podido tener (y perjuicios también, por supuesto), haya pesado más que el miedo a perder lo que se tiene. Posiblemente los festeros de Abanilla se han «mal» acostumbrado a hacer la fiesta por su cuenta en su cuartelillo. Y lo que en un principio empezó así por circunstancias de no existir ese campamento, con la idea de hacerlo algún día, por no haberse hecho y haberse olvidado el proyecto en los sueños o en algún presupuesto, al final se ha establecido con el paso de los años como modo de entender esta fiesta, el estar cada grupo en su local, y cada local en una esquina del pueblo. Modo que podrá gustar más o menos, pero es el que hemos conocido todos estos años. Ahora ahí se ha quedado lanzada la idea y ahí queda como algo que es posible de realizar si se diera la necesidad de hacerse. Por ahora ya no se hará. De la evolución de la fiesta y de la normativa en materia de seguridad que se aplique en un futuro a la existencia de los cuartelillos festeros, dependerá que esta situación siga así o no.

TÍTULOS HONORÍFICOS DE LA FEDERACIÓN DE MOROS Y CRISTIANOS EN 2015

En otro orden de cosas, se informó de los títulos honoríficos que se han aprobado por la Comisión especial formada por ex presidentes de la Federación y miembros honoríficos de la UNDEF, los cuales son los siguientes:

  • Insignia de oro: LUIS ALFONSO MARTÍNEZ ATIENZA (Mesnada de Favanella). No sólo por haber sido Vicepresidente de la Federación, sino principalmente porque al estar trabajando en el SELAE, haber podido conseguir que la imagen de nuestra Patrona la Santa Cruz fuera la protagonista en el Sorteo de la Lotería Nacional del día 3 de mayo de 2014.
  • Festero del año: PILAR CASCALES RUIZ (Mesnada Caballeros y Damas de Calatrava).
  • Asociado de honor: Asociación HOSTEMUR. Por su apoyo totalmente voluntario a las fiestas de Abanilla y a la Declaración de Interés Turístico Nacional.
  • Insignia de plata: JUAN MANUEL SAN NICOLÁS SÁNCHEZ. Por su labor para la consecución de los tres cupones de la ONCE que se han dedicado al municipio de Abanilla: La iglesia parroquial en 2012, las fiestas de moros y cristianos en 2013 y la llegada del Lignum Crucis de la Santa Cruz en 2014.

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YO, EL CHÍCAMO


Dice de mí el historiador Al-Rhamiz “que soy un río sin agua, que sólo arrastro historias trituradas por el molino del tiempo”. Pero entre mis historias también arrastro polémicas. Debo ser tan viejo como el Thader, aunque no recuerdo cómo me llamaba en aquellos tiempos. Tampoco me acuerdo muy bien de todos los que bebieron de mis aguas, desde reyes a bandoleros. Al llegar a los dominios del pájaro oriol desemboco en el Segura, que viene de lejanas tierras, donde en el siglo XVIII me llamaban “la rambla de Abanilla”. En esta época el cardenal Belluga mandó excavar un azarbe para recoger mis escorrentías y aprovecharlas en sus Pías Fundaciones: Dolores, san Felipe y san Fulgencio; bautizándolo con el nombre de “El azarbe de Abanilla”. Aclaración: En el siglo XVIII, Belluga lo que realmente mandó hacer fue profundizar, ensanchar y prolongar más el azarbe que ya se conocía como de Favanella (Abanilla), con el fin de desecar los terrenos de almarjales en los que creó las Pías Fundaciones, conociéndose a partir de entonces como «el azarbe de Abanilla».

Mi origen está en la confluencia de varias ramblas y ramblizos torrentosos, que tienen su origen en la parte septentrional de Abanilla y sus colindantes del País Valenciano: Pinoso y la Algueña. La formación rocosa más al norte que me aporta sus aguas es la sierra del Reclot, frente al Rodriguillo, por lo que en ella considero que nazco. Mi cuenca la conforma casi todo el término de Abanilla (234 Km2), más otras áreas de Pinoso, la Algueña, Fortuna, Orihuela, La Matanza de Santomera y Benferri, lo que suman unos 450 Km2.
Nota: La zona oeste de los parajes de El Tale, Las Contiendas y Los Baños de Fortuna perteneciente a Abanilla, son tributarios de la rambla del Ajuaque que, a su vez, es afluente de la Rambla Salada.

Inicio mi cauce definido en forma de trinchera desde El Cantón hasta Abanilla, con pronunciados desniveles que rondan los 15 metros por Km, por lo que las aguas de las torrenteras discurren con inusitada violencia, arrastrando gran cantidad de materiales que encuentran a su paso. No en vano se me considera un río-rambla de poco fiar. En el paraje denominado El Chícamo, del cual he tomado ahora su nombre, cuando ya mi trinchera forma un cauce único, tengo un nacimiento de agua constante, que en el siglo XVIII era de muy buena calidad, por lo que me llamaron el río dulce, para diferenciarme de mi afluente El Zurca, al que le llamaban el río salado. En aquel entonces fue de suma importancia mi agua, así como los peces que en ella se criaban y comercializaban, además de la fauna y flora autóctonas, hasta el extremo que los administradores de la Encomienda prohibieron la caza y pesca en mi curso, sin el previo permiso del comendador, inventando así la licencia de caza y pesca.

Los íberos dejaron algunas huellas cuando se establecieron a mi socaire. Los romanos, allá por los siglos I al IV después de Cristo se establecieron en mi ribera, que ahora se llama Sahués, con una explotación agraria tipo “villae”, aprovechando mis aguas para sus cultivos. Actualmente la calidad de mi líquido elemento ya no es la misma que antaño, ni el caudal tampoco, pues como provienen del acuífero de Quibas y éste está muy esquilmado, los analistas dicen que son duras (40´5 grados franceses). Como al acuífero no le pongan remedio, que difícil lo tienen, el final de mis aguas va a ser en Torrevieja, para que le saquen la sal, pasándolas previamente por Pinoso.

 

Cuando los árabes llegaron a Orihuela siguieron mi curso y, por lo visto, les gustó el lugar, por ser muy parecido al de su procedencia. Poco a poco se fueron estableciendo en mi territorio, hasta llegar a colonizarme, construyendo las infraestructuras hidráulicas necesarias para aprovechar mis aguas en su totalidad, porque los cultivos que ellos trajeron necesitaban riegos muy periódicos. Para ello establecieron el sistema de reparto en tandas periódicas, por medio de acequias, brazales y paradas. Después de ocho siglos de dominación musulmana tuvo lugar la conquista cristiana y los colonos venidos de Castilla y de Aragón se hicieron dueños y señores de mí y de mis fértiles huertas, lo que les reportó buenos beneficios para la Corona y sus feudos. Es más, instalaron varios molinos que movían mis aguas. Esto fue un adelanto muy beneficioso, al que le sacaron mucha pecunia; y la ventaja de no tener que ir a Orihuela a moler. Con el correr del tiempo expulsaron a los moriscos, aunque estos no querían marcharse. La Santa Cruz se apareció en la “cieca” y, desde entonces, la bañan en mis aguas. Los albaricoques de Damasco, las peretas, los higos y las brevas, las granadas y los dátiles que se cultivan con mis aguas son muy sabrosos; y de mucho prestigio en los mercados de los pueblos circunvecinos. Las polémicas del “Heredao” de mis aguas son tan enrevesadas y escabrosas, que será mejor no remover viejos fangos, para no enturbiar mis memorias. De anécdotas tengo para escribir un libro, de grueso tomo, pero como ya soy demasiado viejo y no he tomado apuntes, la mitad se me han olvidado. A ver si estos muchachos de “Las Cosicas de Abanilla” se toman más tiempo y las completan de una vez, para que los que nos visiten no escriban desaciertos en Internet. Mi poder destructivo no tiene límite, sobre todo cuando san Pedro abre las compuertas del cielo y no las cierra a su debido tiempo. En 1684 me llevé por delante el pequeño poblado de Benferri, totalmente, hasta el punto de que hubo que hacerlo de nuevo. Para no embarrarme mucho en pretéritos tiempo, porque el agua pasada ya no mueve molino, empezaré por el siglo XVIII, refiriendo que destruí montones de veces el azud y demás ingenios que recogen y transportan mis aguas, sin que les diera tiempo a repararlos, causando serios contratiempos, porque en aquel entonces de lo que se cultivaba se comía. Un presbítero castrense, don F. Ruiz Tristán, dejó dicho en su testamento que edificaran en el lugar donde nacen mis aguas una ermita a la Virgen del Rosario, para implorar su intercesión, pero no llegaron a erigirla.

Hubiese sido un acierto, porque acudirían los devotos en peregrinación, como en otros lugares del reino. En el siglo XIX ya se tomaron las debidas precauciones y se reforzaron las infraestructuras. Mis aguas las encauzaron a un molino, cerca de su nacimiento, de cuyos vestigios sólo quedan algunos pedruscos. Aquella industria fue muy importante, sobre todo en la década del estraperlo, que molía día y noche, sin parar, con sus dos sistemas de piedras. Invadí en no pocas ocasiones las poblaciones de Cox, Redován, la Campaneta y el Escorratel de Orihuela. Hicieron muros terreros, paredones y todo lo que estaba a su alcance, pero cuando mi agua va, y va de mala manera, sal corriendo que no tiene espera. En 1947 llegué a destruir parte del paredón de Benferri y la mitad de su cementerio, aunque las culpas de aquel desastre se las echaron al “sángano” de Abanilla. En algunas nefastas ocasiones nos hemos salido de madre yo y mis colegas el Guadalentín y la rambla de Santomera, que al confluir con el Segura algo cargado, hemos provocado que se hiciera navegable hasta Orihuela, donde las ranas se tuvieron que poner corchos en más de una ocasión.

Pero no todo son sombras en mi ajetreada vida, pues en 1934 con mis aguas empezaron a mover una turbina que accionaba una dinamo, la cual producía corriente “létrica”, en la Umbría, con lo que se hizo el milagro de que se pudieran iluminar muchas cavernas trogloditas con esta luz, porque hasta entonces se alumbraban con candiles, chuminos, quinqués, velas y capuchinas. El último susto lo di en 1987, a pesar de que ya me habían puesto un buen tablacho en El Paúl, que por medio de un cequión desvía mis aguas torrenciales al pantano de Santomera. Estoy muy orgulloso de que importantes pintores plasmen mis paisajes en óleo o acuarela, así como que se me grabe e inmortalice en sistemas digitales de imagen. Ya se habla de mí en libros y escritos locales, regionales e incluso nacionales. He estado presente en el Congreso Internacional de Riegos Históricos celebrado en Valencia, por lo que me conocen allende los mares. Yo lo observo todo desde muy arriba, con mi ojo tridimensional en gran angular, pero mi percepción es totalmente distinta a lo que se suele decir o comentar, porque no estoy pegado a los intereses terrenales, sino a los valores eternos. Agradezco a “los ecologistas” todo el interés que ponen para proteger mi fauna y mi flora. En la Umbria he excavado durante milenios, sobre areniscas fosilizadas, un singular desfiladero, al que le llaman El Cagel; que unos escriben con j y otros con g. Les ruego a los excursionistas que no me arrojen inmundicias y respeten el medio ambiente en toda mi cuenca, como Dios manda.

FOTOS: Eduardo de Gea

http://lacronicaindependiente.com/2014/12/yo-el-chicamo-por-eugenio-marco/

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