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Abanilla y la Heráldica


En abril de 1999, un abanillero llamado Eugenio Marco Tristán tuvo la osadía de diferir, pública y notoriamente, sobre el decreto 6/99 de la Consejería de Presidencia de la Comunidad Autónoma, referente a la heráldica municipal de Abanilla.
Cuando se acerca mayo y las fiestas de la Cruz, se difunden las revistas y programas donde afloran los escritos y ensayos históricos o literarios. Dado que la heráldica municipal es un tema bastante específico y restringido, algunos indocumentados confunden al respetable con comentarios de bis a bis, poniendo en entredicho lo publicado.
Referente al indebido y oficioso uso que el Concejo viene haciendo, desde 1937, del blasón de Fernando VI esculpido en la fachada del Ayuntamiento, tratan de convencer de que su utilización se debe a que se carece de heráldica propia y reconocida y, por tanto, utilizan las armas reales existentes en la Casa Consistorial, como si tal circunstancia les diera el derecho a su empleo.
Quiero aclarar que, desde hace más de dos siglos, cuando un Ayuntamiento no tiene heráldica propia y reconocida por la Real Academia de la Historia, está obligado a utilizar la oficial: la del monarca «reinante» o de la constitución del Estado legalmente establecido por los derechos históricos de la Nación. En un legajo existente en el Archivo Histórico Nacional, sección de sigilografía, fechado el 09-09-1876, correspondiente a nuestro Ayuntamiento, reseña «que utiliza las armas reales como escudo», figurando en el sello tampón el constitucional de Alfonso XII. No hay que licenciarse en Salamanca para entender que el blasón de Fernando VI, sólo fue de uso legal, a todos los niveles, durante el reinado de dicho monarca: 1.746-1759. El por qué está esculpido en la fachada del edificio consistorial ya lo han explicado adecuadamente el catedrático J. Torres Fontes, el doctor J. Riquelme Salar, el académico Luis Lisón Hernández y otros, incluso E. Marco.
Hago constar que, según las indagaciones efectuadas al día de la fecha, no existe constancia oficial ni académica, del registro documental de la heráldica municipal de Abanilla en el periodo de 1876 a 1998. La pretensión de utilizar y justificar el uso de las armas reales de Fernando VI, se desmorona por su base, y el decreto 6/99, antes mencionado, es un fraude histórico y cultural para todos y cada uno de los que sentimos vergüenza ajena y respetamos la historia documentada de la tierra en que vivimos y nos vio nacer.
Sobre este tema, la Casa Real ya ha tomado cartas en el asunto.
Juan Manuel San Nicolás Sánchez.
Licenciado en Geografía e Historia
Carta publicada en el diario La Opinión de Murcia Viernes 26/04/02

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Tonterías que no falten


A raíz de la polémica surgida a consecuencia de los datos sobre la delincuencia en nuestra Región y la inseguridad ciudadana, me permito hacer ciertas puntualizaciones al respecto, sin entrar en la guerra de cifras ni en el fondo del asunto.

El delegado del Gobierno afirma decir la verdad y como es habitual, sus números, no coinciden con los de sus contrincantes, lo cual nos confunde a los ciudadanos que no estamos habituados a la jerga semántica de la demagogia. Como ningún mortal es poseedor de la verdad, porque cada uno tenemos la nuestra y la objetividad no pasa de ser un espejismo, aquellos que dicen poseer la verdad, incluso en nombre del «más allá», sólo predican, lo que predican.

Con los debidos respetos, me permito sugerir a los responsables de la estadística Oficial, que en «honor de la verdad», cuando efectúen el cómputo de «robos y atracos», no se olviden incluir a la Hacienda Pública», porque desde el siglo XIX, se le llama popularmente el Ministerio del Trabuco, dado que dicho artefacto era el arma reglamentaria de aquellos románticos bandoleros y asaltacaminos, mecenas de explotados, vilipendiados y desvalidos. Y no entro en consideraciones sobre el contencioso de la congelación salarial de los funcionarios, porque todavía le queda hilo a la birlocha que, con muchas probabilidades, se le cortará el hilo y se perderá en la estratosfera, en algún agujero negro. También deben incluir en el capítulo de las «apropiaciones indebidas», el caso del Ayuntamiento de Abanilla que, desde 1936, y actualmente con los beneplácitos de la Consejería de Presidencia de nuestra Comunidad Autónoma (Decreto 6/1999), le han aprobado, impunemente, por escudo municipal las armas de Fernando VI y por bandera un pendón.

En estas controversias no es nada novedoso, el tratar de dejar por embusteros a los que difieren con la opinión oficial y arremeter contra los mensajeros, haciendo buena aquella máxima de matar al mensajero si la noticia es mala. Otro antiguo aforismo dice: «El poder corrompe y, el poder absoluto corrompe absolutamente». La Historia tiene ya el número de páginas suficientes, para demostrarnos que todo el que dice poseer la verdad, sólo se refiere a su verdad y predica medias mentiras.

Que nadie martirice sus cuerdas vocales predicando «sus verdades, aunque sean oficiales», porque ello va en detrimento de su salud y pone en entredicho su sensatez. Cabe recordar que existió en tiempo no muy lejano, una casa discográfica cuyo nombre comercial era «La Voz de su Amo» y cuyos representantes más genuinos eran y son, los que son.

Eugenio Marco Tristán
Carta publicada en el diario La Opinión de Murcia. Jueves 14/03/02

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