La bandera de Abanilla

El 2 de abril del pasado año este diario publicó una carta mía titulada “La heráldica de Abanilla, cuestionada”, en la que daba referencias documentadas de la existencia de un acta del Concejo del siglo XVI que dice como era la bandera de Abanilla: de tafetán verde y azul. La corporación municipal, desconociendo la existencia de los anteriores legajos, que se conservan en el Archivo Histórico Provincial, en 1996 inició el proceso administrativo para la creación de la bandera de Abanilla, que concluyó el 5-2-99 con su publicación en el BORM.
La bandera aprobada y diseñada, vexilológicamente tiene como base y referencia el blasón de Fernando VI, erróneamente adoptado como escudo municipal desde hace menos de un siglo.
El grupo municipal de la oposición (PSOE), al cual he facilitado toda la documentación histórica al respecto y le he asesorado sobre mis indagaciones, presentó una moción ampliamente documentada, con el fin de tratar de corregir el error cometido, el cual sólo es imputable a la fatalidad del extravío de los legajos. Dicha moción ha sido rechazada por el grupo popular (PP), que goza de la mayoría absoluta, sin ninguna argumentación histórica ni académica al respecto, pretextando el haber cumplido el proceso administrativo, sin ninguna alegación al mismo en plazo y forma. Hago la salvedad de que los referidos legajos se transcribieron con posterioridad a su exposición pública y plazo de alegaciones.
El anterior comportamiento político constituye una sinrazón y una falta de respeto a la própia historia escrita, máxime cuando la bandera inventada nunca podrá ser académicamente considerada como de Abanilla (tierra que me vio nacer y que me acoge en fin de semana), porque al llevar un blasón real ya no puede ser bandera de Concejo alguno, porque es un pendón real.
Como la única barrera infranqueable para la razón es la intransigencia, el anacronismo cometido deberá figurar en los anales de la estulticia, para que las generaciones futuras, más libres de prejuicios que nosotros, puedan emprender la noble labor de limpiar la Historia, quitándole cuantos brillos ficticios tenga, porque se los hayan dado intencionadamente.
Parece increíble, pero es cierto y contrastable, que a la entrada del III milenio, en un Concejo compuesto por un 46,15% de titulados universitarios, sucedan estos atropellos, apaleando a su propia y documentada Historia. En los pueblos y ciudades que progresan adecuadamente, cuando alguien encuentra algún legajo perdido, le agasajan, le honran y le dan premios y medallas; en la palestina murciana siguiendo la tradición, intentan crucificarle soterradamente si sus indagaciones contradicen a la ortodoxia oficialista reinante.
El verdadero patriotismo algo más serio, que dar brillo y esplendor superficialmente.
Concluyo a la manera de Galileo, cuando salió de su reclusión inquisitorial: “Y a pesar de todo, sigue siendo verde y azul”. ¿Tendrá que pasar otro milenio, para que los intransigentes pidan perdón por semejante entuerto? Donde todo es posible, una estulticia más ni se nota.
Eugenio Marco Tristán.
Carta publicada en el diario La Opinión. Domingo 09/04/00
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