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ACLARANDO QUE ES GERUNDIO


He observado que cuando las autoridades civiles, militares o religiosas interpretan algunas cuestiones históricas de forma poco coherente, alguien, al final, termina creyéndoselo, máxime en este mundo globalizado por la comunicación mediática, donde se lee poco y se oye mucho, siendo la sordera de entendimiento una de las enfermedades más comunes y peligrosa. No pretendo pontificar nada pero sí dejar lo suficientemente claro ciertas cuestiones que, tras las indagaciones llevadas a cabo hasta el momento, he podido medio dilucidar y que son las siguientes:
1º.- En la historia de la Iglesia la festividad de la Santa Cruz del 14 de septiembre antecede en tres siglos a la del 3 de mayo, actualmente suprimida, que solamente se celebraba en occidente y tenía su base en un acontecimiento militar, la recuperación de las reliquias de la Cruz por Heracleo, que los persas se habían llevado de Jerusalén.
2º.- El encuentro o aparición espectral de la Santa Cruz en Mahoya, no es un hecho históricamente contrastado, por lo que permanece envuelto en la peculiaridad de su propia leyenda, al igual que sucede en muchas otras poblaciones, incluida Caravaca.
3º.- La veracidad de las reliquias de la Pasión y la gran mayoría de otras, no es una cuestión científica, sino todo lo contrario, dado que no todas las astillas que se conservan son del mismo tipo de madera, predominando la variedad de pino elenensis. Los relatos de su historicidad y los bagajes de su trayectoria están plagados de fantasía y llenos de contrariedades, difíciles de justificar con la razón.
4º.- La cofradía de la Vera Cruz de Abanilla está datada, al menos, desde 1564, pero no así la celebración de las fiestas de mayo con la romería a la huerta, a bañar la Cruz, hasta el siglo XVIII. Las cofradías de la Vera Cruz se impusieron en todas las poblaciones bajo jurisdicción de las Órdenes Militares, siendo su principal cometido la celebración del Viernes Santo.
5º.- La existencia de la ermita de Mahoya no está documentada más allá de principio del siglo XX, puesto que no se encuentra relacionada en los informes de los obispos. Tampoco está claro que existiera anteriormente en dicho lugar un morabito. Está actualmente catalogada por la Diócesis como ermita, que no santuario.
6º.- La tradición de la soldadesca (capitanes, pajes y tiradores), según la documentación encontrada, no va más atrás del siglo XVIII.
7º.- El rito de la apertura de la granada y el baño de la Cruz tienen claras connotaciones dieciochescas.
8º.- Las hermandades y cofradías religiosas son entidades incardinadas a las parroquias y, por tanto, a la Diócesis, no teniendo propiedades de carácter privativo ni personal, siendo sus directivos meros administradores, con total sujeción a las directrices y decretos de la curia.
9º.- Lo de la “batalla de Santa Ana”, de momento, es una especulación histórica que hace pocos años tuvo su connotación festera, al igual que sucede en casi todas las poblaciones que celebran fiestas de moros y cristianos sin disponer de hechos de armas con respaldo histórico local.
10º.- El empleo de la expresión “Santísima y Vera” es una adjetivación lingüística redundante, dado que desde 1736 la distinción de “santísima” implica la relativa veracidad histórica de los “Lignum Crucis” que se guardan en Roma, llegados allí en lejanos tiempos y guardados en circunstancias rocambolescas. Estas vicisitudes hacen que la aptitud del Vaticano no sea taxativa con estas y otras reliquias en general, que datan de los tiempos primigenios: el santo Grial, la lanza del Centurión, el mantel de la última cena, la Sábana Santa, los clavos, las espinas, etc.
11º.- La devoción sincera de las gentes sencillas nada tiene que ver con la veracidad científica de las reliquias, ni con la contrastación histórica de las leyendas locales, ni con la ostentación de signos externos: cuadros, estampas, almanaques, azulejos, pegatinas medallas, llaveros, etc., sino que es algo totalmente personal.
12.- Las fiestas civico- religiosas forman parte del devenir de los pueblos, de su cultura y de su idiosincrasia, siendo la manifestación popular de sus creencias, acrisoladas desde antaño y enraizadas en sus tradiciones más genuinas, por lo que los poderes públicos deben ayudarlas, que no monopolizarlas, asunto éste que ya observó Jovellanos en su informe sobre fiestas y espectáculos al Consejo de Castilla.
Cuando pretendemos amasar los mitos y las leyendas con la historia o con la ciencia, no conseguimos más que acrecentar las incógnitas, pues como ya se decía en la antigua Grecia: “los dioses ni dicen ni ocultan, sino que dan señales, las cuales debemos interpretar”. En la Edad Media fueron los Templarios los mayores propagadores del culto a las reliquias de Tierra Santa, las cuales distribuían y “comercializaban”, e incluso existe la fundada sospecha de que también las falsificaban. En todas sus principales encomiendas existieron “lignum crucis”, custodiados en relicarios ricamente adornados con metales preciosos y pedrería. Todo este gran tesoro templario, a la disolución de la orden, en el año 1312, pasó principalmente a las de Calatrava, Santiago y Montesa, que continuaron con sus leyendas y milagrerías, lo que les rentaba afluencia de peregrinos a los lugares de culto y pingüe beneficio en el cepillo. Haciendo un somero análisis se comprueba que las leyendas y relatos son de una fantasía sin límite, rayando casi en lo irreverente e idolátrico, con infantilismos de cuentos de hadas, producto, en la mayoría de los casos, de la imaginación popular y su deformación por la transmisión oral que, por lo general, se empezó a reflejar por escrito a partir del siglo XVIII, haciendo constar las siguientes anotaciones: “…que se dice piadosamente aparecida; encontrada o traída por espectrales figuras de guerreros, ángeles o tal o cual santo a caballo…etc.” Todos estos fenómenos sobrenaturales se hacían coincidir con algún hecho de armas de la Reconquista o tras ella, con el objeto de aumentar el acerbo religioso popular.
Considerando que todo lo anteriormente expuesto no es irreverente, sino todo lo contrario. Espero que su lectura sirva para concienciarnos, tanto a nivel individual como colectivo, de la importancia que tiene el saber lo que llevamos entre manos y manifestar, tanto oral como por escrito, lo que más se ajuste a la realidad, evitando que la fantasía nuble a la razón. Y a pesar de haberse encontrado la noticia periodística de que en 1922 se celebró “el centenario de la aparición de la Stma. Cruz”, la incógnita continúa, porque no queda claro de qué centenario se trata; si del primero, segundo, tercero, etc., como tampoco de qué tipo de aparición o encuentro, así como de su situación en el tiempo y su concordancia con los hechos históricos documentados hasta ahora encontrados, caso de que los hubiere.

E. Marco

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¿EL 380 ANIVERSARIO DE QUÉ DE QUÉ?


A raíz de lo publicado en el escrito de la Comisión de Fiestas de Mahoya, en el programa de 2010, respecto a que el próximo año se cumple el 380 aniversario de la aparición de la Santísima y…Cruz en Mahoya, considero oportuno tratar de dejar a cada aniversario en su lugar, al igual que ya hice con el ¿450 aniversario de qué?, en las pasadas fiestas de mayo, para lo cual comenzaré haciendo una cronología al respecto, reseñando lo que es tradición y leyenda de lo que está documentado:

1º.- La festividad de la Exaltación de la Santa Cruz, el 14 de septiembre, se estableció para toda la cristiandad en el siglo IV.
2º.- La festividad de la Cruz de Mayo, el día 3, se instituyó en el siglo VII, pero solamente para la cristiandad de occidente, dependiente de Roma y Constantinopla.
3º.- El artículo 13 de la Ordenanza de 1503, especificaba el precio por la caza de perdigones y otras especies cinegéticas, según se realizara con anterioridad o posterioridad al día de la Santa Cruz. Esta referencia, por sí sola, no es determinante, puesto que era frecuente señalar las distintas actividades cotidianas por el santoral.
4º.- Hay una referencia documentada sobre la existencia de la Cofradía de la Santa-Vera Cruz en nuestra villa, al menos desde 1564, lo cual no implica más que eso, la existencia de la citada cofradía, algo muy normal en los territorios bajo la jurisdicción de las Ordenes Militares, cuyo principal cometido residía en la celebración solemne de la Pasión del Señor, el Viernes Santo.
5º.- En las actas concejiles de los siglos XVI y XVII, hasta ahora encontradas, no se hace ninguna referencia a la celebración de la Cruz de mayo ni de septiembre, aunque sí a otras festividades como la de Santa Ana (1566), San Sebastián y San Roque, San Benito, San Ponce, San Cayetano, etc., lo cual no quiere decir que no se celebrasen, aunque, posiblemente, sólo fuera a nivel litúrgico, que no de calle.
6º.- En los inventarios de la parroquia de San Benito, en el siglo XVII se hace referencia a la existencia de dos relicarios: el de San Benito y el de las Once Mil Vírgenes que, realmente, fueron “Once Mujeres Vírgenes”; un pequeño error de interpretación.
7º.- En varios testamentos de la segunda mitad del siglo XVIII, se contempla la petición de encargar misas en el altar de la Santísima Cruz (sin el Vera), en la iglesia parroquial de San José. Este calificativo de “Santísima”, desde 1736 lleva implícito la adjetivación de Vera, lo cual presume de la posible existencia de un “Lignum Crucis” en dicho templo.
8º.- En 1770, ya consta en el informe de las Hermandades y Cofradías “la de la Santa Cruz de Mayo”, con procesión a la Huerta, a bañar la Cruz en las aguas de la acequia, con acompañamiento de soldadesca.
9º.- En 1780, José Tristán Rocamora deja constancia en su testamento de la posesión particular de un “Lignum Crucis”.
10º.- En 1850, el diccionario de P. Madoz Ibáñez refleja todo lo anterior, añadiendo que es la fiesta que con más solemnidad se celebra en esta villa, etc. Pero tanto este diccionario como el de Riera y Sanz, reseñan como patrono de la parroquia y de la villa a San José.
11º.- De finales del siglo XIX y principio del XX (1888, 1895, 1914, etc.) ya hay varias crónicas periodísticas sobre las fiestas de la Santa Cruz en Abanilla: 03-05 y 14-09.
12º.- En 1917, R. Guirao García hace referencia a la aparición espectral de una figura vestida de guerrero, que dejó en Mahoya la Santa Cruz, aludiendo a la tradición, sin especificar fecha ni periodo histórico alguno.
13º.- Noticias periodísticas de mayo de 1922, hacen referencia a la celebración con toda pompa y boato del centenario de la Santísima Cruz (sin el Vera), en nuestra villa. Una de ellas especifica que es la celebración del centenario de la aparición de la Stma. Cruz. Puesto que en el siglo XVIII ya se celebraba la fiesta, fácil es deducir que no se trataba del primer centenario; y ahí está la incógnita.
14º.- En algunos programas de fiestas de principio de la década de 1950, se refleja el encuentro en Mahoya de una Cruz, con aditamentos de leyenda de soldados y restos de comida, fijándolo por la tradición entre los siglos XV y XVI. Es posible que esta leyenda derive de lo que el historiador A. Merino Álvarez, refirió en su historia sobre el antiguo Reino de Murcia, en 1915: “Los adalides de Baza y Guadix, de acuerdo con los mudéjares del Valle de Ricote y de Abanilla, llegaron hasta esta última y estragaron la huerta”. A la sombra de este hecho documentado surge la leyenda de que robaron la cruz que allí había en una pequeña ermita u oratorio, etc.
15º.- J. Riquelme Salar, en su Historia de Abanilla, editada en 1978, dice que según las referencias de sus antepasados, tras la expulsión de los moriscos, en 1631 al entonces alcalde Pedro Lozano, que tenía una heredad en Benical, junto a la acequia, el día 3 de mayo, al anochecer, sobre las ruinas de un morabito se le apareció una cruz espectral con gran resplandor y, desde esa fecha, el concejo instituyó en esta villa la celebración de las festividades de la Santa Cruz de mayo y septiembre. Refiere que existió una copia del acta del concejo, actualmente en ignorado paradero, al igual que el acta. Actas del concejo del siglo XVII se conservan muy pocas.
16º.- Lo de 1631 puede ser un error de imprenta o de la transmisión oral, pues según se refiere en la Historia de la Región de Murcia los últimos moriscos expulsados fueron los del Valle de Ricote, en 1614. Posiblemente los moriscos de Abanilla fueran expulsados en 1613. En la página 404 del tomo I de la Historia de Abanilla, de varios autores, editada por Musá Ben Nusayr, en 2008, Pedro Lozano viene relacionado como alcalde solamente en el año 1628. Me consta, y así me lo confirmo el propio autor, de la existencia de varias fes de erratas en su libro, pero esta de 1631 que, posiblemente, se pueda referir a 1613 (algo más acorde con la expulsión de los moriscos) tras su muerte ha quedado sin aclarar.
17º.- Lo que sí está documentado en la Historia de nuestra Región, es lo del “fulgor Crucis” en nuestra Diócesis, como parte de lo que se denominó “La Reconquista Sagrada”, que se inició a partir de la segunda mitad del siglo XVII, alcanzando su auge en el XVIII, con el fomento de” Las Cruces de Mayo”. Se recibieron de Roma veintitantos relicarios con “Lignum Crucis autentificados”, que se repartieron por iglesias y conventos, entre ellos el de Caravaca, robado en 1934 y el de Abanilla, confiscado en 1936. El de la catedral se perdió en una riada.
18º.- Si la referencia del centenario de la aparición celebrado en 1922 se toma como base, el hecho se tuvo que producir en 1822, 1722, 1622, 1522, 1422…, pero no en 1631 ni en 1613. Y como, de momento, sólo hay confirmado que Pedro Lozano fue alcalde en 1628, a no ser que a través de algún legajo se confirmara que también lo fue en 1622 (actualmente se desconoce quien lo fue), estaríamos más cerca de la presunción de que “la aparición” pudo suceder en el año 1622, (9 antes de lo que refiere J. Riquelme Salar-1631- y 9 después de la expulsión de los moriscos-1613- ). Así entroncaríamos con el centenario celebrado en 1922, por lo que, supuestamente, en el 2022 se cumpliría el IV centenario de la aparición de la Santísima Cruz (sin el Vera) en Mahoya. Retroceder a 1522 o a 1422, actualmente parece poco razonable. ¿Seremos capaces de aclarar este enigma antes del 2022? Este debe ser el objetivo prioritario, que no el de celebrar aniversarios o centenarios fantasmas.
19º.- Considero que debemos tomar conciencia que una cosa es la tradición (algo generalmente indocumentado y, a veces, contradictorio) y las referencias documentadas a través de los legajos, si no existe sospecha histórica que los puedan poner en duda, en cuyo caso habría que contrastarlos, labor propia de los investigadores, sean o no catedráticos.
20º.-Por todo lo recopilado anteriormente, publicado en libros, revistas y programas, considero que no podemos dar opiniones y sugerencias de forma gratuita sin tenerlo en cuenta. En algunas entidades festero religiosas adscritas a la Curia, sería necesario y conveniente, además de saludable, que aunque sea por decoro público o por vergüenza ajena, adaptaran el contenido de sus páginas Web a la cronología documentada, haciendo una correcta delimitación entre lo que es leyenda y tradición de lo que no lo es, a fin de no crear posibles confusiones a las gentes sencillas, las que antes se creían todo lo que salía en el NODO y ahora lo que ven en la tele, escriben los periódicos o dicen los que mandan. Tampoco es de recibo encargar que pinten cuadros alusivos a la supuesta aparición de la Santa Cruz en Mahoya, para colgarlos en su ermita con el fin de ilustrar dicho acontecimiento, y que en ellos los personajes que hay lleven vestimentas de no más allá de la primera mitad del siglo XX cuando, al menos, en el siglo XVIII ya estaba documentada la procesión a la huerta para bañar la Cruz. Esto no es ni más ni menos que una tergiversación de la historia local, que a estas alturas no admite eximentes. Las pinturas se ponen como apoyo didáctico y no vale la excusa de decirles a los que nos visitan “que se han representado así para que no las extrañen los jóvenes”, porque no deja de ser una perogrullada. Esto es un anacronismo en toda regla, impropio de una población que tiene como objetivo el que sus fiestas sean declaradas de Interés Turístico Nacional. ¡Bonitos cuadros para celebrar en el 2022 un supuesto IV centenario! Eso sí, están en consonancia para conmemorar solamente “el primer centenario”. No quiero suponer que al encargarlos pretendieran relacionar la traída del actual “Lignum Crucis”, en 1939, con una repetición en la máquina del tiempo de “la aparición”, por aquello del fervor triunfalista del momento. ¿Hay alguien capaz de imaginar que a los caravaqueños se les pueda ocurrir colocar unos cuadros de esta guisa en su santuario? Y todo ello sin entrar a cuestionar la calidad y el estilo artístico de su autor, que hay gustos para todos.

E. Marco. Cronista oficioso de Favanella, para mayor gloria de su historia.

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