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LA ERMITA DE NTRA. SRA. DE LA SALUD DE LOS BAÑOS DE FORTUNA


En el libro LA CARTA PUEBLA DE FORTUNA, de María Cano Gomariz, editado en 1994, en el amojonamiento llevado a cabo entre Abanilla y Fortuna, realizado el día 27 de junio de 1628, refiere lo siguiente: Y desde dicho mojón se fue a un cerrito que dicen de Francisco Cascales, junto a la ermita de Abanilla, junto a la Fuente de Los Baños…Por lo especificado en el testamento de Pedro Cutillas, realizado el 27-02-1703 ante el escribano Salvador Asienso, protocolo 9171, AHRMU, esta ermita se encontraba casi en ruinas y como era de su propiedad retiró los objetos de culto, ornamentos e imágenes que en ella habían, cuya relación especifica: una arquilla, un cáliz…una imagen de Ntra. Sra. de la Salud…una hechura de san Alberto, de bulto de medio cuerpo…etc. Y reseña que dichos objetos los deposita en la iglesia parroquial de Abanilla y en su ermita de san Sebastián y san Roque, así como en su propia casa, con la condición de que cuando por sus herederos se proceda a la reconstrucción de la obra se devuelvan todos a ella o se coloquen en una capilla que en el futuro sus descendientes hagan en la nueva iglesia de san José de Abanilla. Esta nueva iglesia se consagró en 1712, concluyendo su retablo y capillas laterales en el último tercio del s. XVIII, sin que hayan quedado referencias de la presunta capilla que los herederos de Pedro Cutillas debían hacer a Ntra. Sra. de la Salud, ni hay datos de que obraran la ermita, junto al mojón. En la revisión del amojonamiento llevado a cabo en el año 1749, se refleja lo siguiente: debiera existir un mojón donde antiguamente estaba la ermita de Ntra. Sra. de la Salud, ermita antigua del Baño, de la que hoy se halla algunos vestigios… A deducir por lo relatado, en esta fecha pocos vestigios del mojón junto a las ruinas de la referida ermita debieron quedar, por lo que mandaron que se pusiera de nuevo dicho mojón. La ermita de san Sebastián y san Roque de Abanilla fue desamortizada y demolida en 1967. Estaba situada en lo que actualmente es el paseo de La Ermita, al principio del antiguo camino a Fortuna, que fue bendecida el 6 de diciembre de 1561 por el obispo D. Esteban Almeida, dejando testimonio de ello el escribano Pedro Fernández Munuera; AHRMU, protocolo 9085.

Vista oblicua del ninfeo de los Baños romanos de Fortuna. J.J. Martínez García

Excavación en el yacimiento de los Baños en el yacimiento de Sta. Mª de los Baños. Viajes de iliberis

En el último tercio del s. XVIII, a consecuencia de unos movimientos sísmicos de cierta importancia (terremotos), las placas tectónicas se desplazaron y el antiguo manantial del balneario romano, cuyas aguas aprovecharon después los árabes y los cristianos en la Edad Media, llegando hasta casi finales de la Edad Moderna, cambió su curso a cotas inferiores, por lo que se secó y se abandonó. Lo mismo pasó con la antigua fuente de Abanilla, situada en aquel entonces al pie de la sierra, al lado norte del castillo, junto a la vereda que por allí discurre en dirección a Crevillente. La población de Abanilla se quedó sin agua disponible, por lo que a indicación de unos zahories se excavó una galería desde la calle Mayor hacia La Lonja, donde a cota inferior a la primitiva fuente encontraron nuevamente el agua, la cual sigue fluyendo en la actualidad. En 1846, por indicación de unos zahoríes se hicieron pozos de sondeo en Los Baños y se localizó el agua termal. Adquirió los terrenos D. Juan Cascales Font, en la finca denominada en las escrituras como de LEANA, en la que excavaron una galería de 156 metros, para que fluyeran y discurrieran las aguas por su natural, sin necesidad de artilugios de elevación mecánica o manual, iniciándose la construcción del actual complejo balneario, cuyas obras concluyeron en 1863. Con las reformas y ampliaciones posteriores ha llegado hasta nuestros días. Los propietarios de estas instalaciones termales edificaron un palacete para su residencia particular en el referido cerrito de Francisco Cascales, donde posiblemente estuvo la antigua ermita de Ntra. Sra. de la Salud, en el término de Abanilla, pero que ya era término de Fortuna, porque en esa fecha -1846- hubo una nueva delimitación y variación de los mojones, porque el Ayuntamiento de Fortuna lo exigió, con el fin de que todo este nuevo complejo termal quedara dentro de su término municipal, pues con el anterior amojonamiento pertenecía a Abanilla. Por tanto, la nueva delimitación quedó fijada por debajo de la actual piscina termal. Cabe reseñar que para la construcción de las instalaciones balnearias del s. XIX, se aprecia la reutilización de la sillería, basamentos y demás piedras procedentes del balneario romano. LEANA, según dicen, era el nombre de una divinidad romana de las aguas. En unas obras de albañilería llevadas a cabo hace pocos años en los jardines situados al sur del palacete de los propietarios –cerro de Francisco Cascales- se encontraron unos enterramientos que no fueron investigados, lo cual pudiera corroborar que, presuntamente, en dicho lugar estuvo emplazada la ermita de Ntra. Sra. de la Salud y su cementerio anexo, como era costumbre en aquellos tiempos. El título nobiliario de condes de san Jorge que ostentan los actuales propietarios procede de Italia. Lo de cónsules honorarios de LEANA es un añadido relativamente reciente al referido título nobiliario.

Imagen del actual complejo del balneario sobre la antigua casa de baños municipal. Araceli Infante. Telecinco


Ermita del Balneario de Leana del año 1866. Onofre Moreno Rojo

La actual ermita del complejo balneario se construyó en el s. XIX y forma parte de sus instalaciones, propiedad de sus dueños, donde están enterrados sus promotores: D. Juan Cascales Font y doña Carlota Bocio Bouchón; como consta en la lápida sepulcral del presbiterio. Las aguas de este Balneario y las de la actual fuente de Abanilla, sito en la plaza de Las Cortes Españolas, tienen una composición similar, con la diferencia de que éstas fluyen a 20ºC y las del Balneario a 52ºC, lo que evidencia que provienen de la misma falla geológica, pero a distinta profundidad. El médico D. José Chacel Ferrero, natural de Sahagún y padre del general de Ingenieros D. Julián Chacel García –el que proyectó y dirigió la instalación del telégrafo en la isla de Cuba, en cuya guerra fue herido en una mano- desde finales del s. XIX y primeros del s. XX fue médico de Abanilla y, a la vez, médico director del Balneario de Fortuna. Realizó y publicó interesantes trabajos sobre las propiedades medicinales de las aguas termales. Vivió en Abanilla, en una casa de su propiedad, ya derruida, situada al principio de la actual calle Princesa, que tiene su inicio en La Replaceta, en la fachada norte de la iglesia parroquial de san José.

Así es la historia investigada hasta la fecha y así la refiero, con la única intención de esclarecer en lo posible nuestro pasado e intentar dejar a cada piedra en su lugar y a cada mojón en el lugar descanso que históricamente le corresponde.

Eugenio Marco Tristán (E. Marco),
cronista oficioso de Favanella,

Coautor de los libros: ABANILLA, HISTORIA DE SU PARROQUIA, ISBN 84-607-7343-3 y LOS REGADÍOS MEDIEVALES Y SU EVOLUCIÓN HISTÓRICA EN EL BAJO SEGURA, en el que se incluye la cuenca del río Chícamo y Los Baños de Fortuna. ISSN 2340-874-X.

Artículo publicado en LA VOZ DE FORTUNA nº 36. Diciembre de 2015

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FRANCISCO SÁNCHEZ BAUTISTA Y SU POEMA AL RÍO CHÍCAMO. 


Francisco Sánchez Bautista es natural de Llano de Brujas, pedanía murciana de la Vega Media del Segura. Un tercio de su vida laboral la ha ejercido de cartero, en Fortuna, donde ha desarrollado su obra poética al estilo de Miguel Hernández, el poeta pastor de Orihuela, la Vega Baja. Sus poesías son un canto a la naturaleza y a la sociedad que le ha tocado vivir. F. Sánchez Bautista ha sido nombrado Hijo Adoptivo de Fortuna. Su memoria y su obra está plétora de las vivencias de esta nuestra sedienta tierra de promisión. En su extensión recoge versos a nuestro río Chícamo, publicados en LA VOZ DE FORTUNA nº 30, de diciembre de 2013, que lleva por título: “Viaje a las tierras de sol y de angustia de Fortuna y Abanilla”, los cuales voy a copiar, para que los abanilleros de buena voluntad puedan deleitarse con su lectura, y si lo consideran oportuno que se pongan en paneles, en el centro de interpretación del molino del Chícamo, como agradecimiento; y si alguna vez procede, se le nombre “Molinero Honorífico”, porque los poetas son, hiperbólicamente hablando, molineros de los sentimientos humanos del entorno y del paisaje.

Introducción.-

Una nube polvorienta
se levanta. He penetrado
en la tierra cenicienta
el campo seco y quebrado.

Montes de greda, chumberas
orillando los ramblizos,
albardines, baladreros
y pastizales sequizos.

Cantaelgallo, tierra lunar y de una claridad alucinante, donde es proverbial que a sus alrededores acudan los cuervos, en busca de alguna raquítica higuera donde llenar el buche:

Cantacuervos,
Cantaelgallo,
el sol llega
mañaneando
entre olivos
y barrancos.

Caminante
de estos páramos
donde el agua
niega el claro
son alegre
de su salmo.

A la altura del puente sobre el mermado río Chícamo, aprendiz de barranco, detiene sus pasos y vuelve a contemplar tan impresionante pueblo –Abanilla-. Sobre este río, agónico y difuso, ya en el 2004, escribí el siguiente romance:

I.
Río Chícamo, pequeño
río que cruza Abanilla
entre jarales, retamas
y un lecho de duras guijas
entre erosionadas gredas
por donde el agua camina
gorgoteante, deliciosa,
lenta, transparente y limpia,
escoltada de olivares
y rodales de hortalizas
y empenachadas palmeras
haciéndole de vigías.

II.
El agua baja filtrada
desde El Cantón y Barinas,
y el Chícamo la recoge
con necesaria avaricia
acumulando arroyuelos
y aprovechando avenidas
entre apretados oasis
de árboles que fructifican:
albarillos, tapalahojas,
peras, dátiles, fresquillas;
lo vegetal hecho azúcar
al sol puro de Abanilla.

III.
Cómo alegras nuestros ojos
río de presencia mínima,
alivio de secarrales
cuando la sed los hostiga.
Por ti se hacen más hermosas
estas vegas escondidas
entre gredosos barrancos
que hablan de geologías
hechas ramblas, pedregales
y leves escorrentías,
que a través del tiempo han hecho
perenne germen de vida.

IV.
Río Chícamo, pequeño
de nombre y de gracia esquiva,
aquel que a tu lado pasa
y en tus márgenes medita,
asombrado se pregunta:
¿Dónde tú entraña nutricia,
río casi arroyo, charco
de agua emergente, o sumida
entre oscuros minerales
que con tu paso haces rica
y jubilosa la tierra
con sus dulces aguas mínimas?

V.
Hijo de los manantiales
y de las fuentes exiguas;
oriundo de envenamientos
y aprendiz de fontanillas.
Por tu gracia tiene el ave
breñal donde nidifica
y un refugio de humedales
donde la esquiva limícola
y el picoverde, y el mirlo,
y el laudino y la zurita,
vienen a beber sus aguas
cuando abrasa la canícula.

VI.
 ¡Río Chícamo, tú llevas
en tu pequeñez la vida!


Rambla de la Parra. Foto G. Carrión (La Verdad)

Palmeras, tarayes, baladres, carrizales, producto de una débil humedad se alzan alrededor de este histórico pueblo, al que por ese raro encanto, es conocido como “la Palestina de Murcia”. Mientras miro y remiro, casi embelesado, un ruidoso bando de voraces tordos desciende sobre los palmerales. Fue la visión de estos campos, personal y apasionada, la que me inspiró muchos de mis poemas encerrados en títulos como: “Tierra de sol y angustia; Voz y latido; Cartas y testimonios; y la sed y el éxodo”. De este último libro es el soneto aquel que clama:

Sobre este secarral se alzó la vida
rabiosamente gris, desesperada.
Imagen torturante de la nada,
dolorida visión, campo suicida.

Agresiva es la luz tan cernida
e inhóspita la tierra erosionada.
¿Dónde el hombre y su atávica mirada
escrutando esta muerte indefinida?

La triste realidad lo ha desbordado
y se duele el tiempo padecido
y se siente indefenso y marginado.

Aquí surgió un clamor desasistido,
y se sintió pequeño y agobiado
quien levantó su casa en este ejido.

Los hombres de estos pueblos, por su tesón y ánimo de supervivencia, han mejorado mucho. No así las tierras, cuya sed es proverbial…Estas son las reflexiones que viene haciendo este cronista en su viaje a las tierras del secano de Murcia…y el recuerdo imborrable de estas tierras calcinadas.

Francisco Sánchez Bautista, del libro “Asclepios o la añorada infancia de Miguel espinosa. Otras prosas y artículos de opinión”. Real Academia Alfonso X El Sabio. Murcia 2007.

Palabras suyas.- “Fortuna es la cuna de mi poesía. Creo que mis obras han sido como una crónica testimonial de un tiempo. No soy un poeta moderno ni antiguo, porque se puede hacer poesía sacando a la luz lo que sucede en la actualidad, pero teniendo como reflejo lo que pasó hace dos mil años… fue en Fortuna donde yo me hice poeta”. 

E. Marco, cronista oficioso de Favanella.

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