Archivo de la categoría: Historia

LA MATANZA Y LAS CONTIENDAS


El paraje de La Matanza está actualmente enclavado entre los municipios de Abanilla, Fortuna, Santomera y Orihuela. Y el de Las Contiendas entre Abanilla y Fortuna. El origen de su denominación es confuso y bastante incierto, pues aunque pudiera parecer que provienen de confrontaciones armadas de lejanos tiempos, las indagaciones llevadas a cabo hasta ahora no lo confirman, al menos documentadamente.

La Matanza

Respecto al paraje de La Matanza hay un legajo del siglo XVIII en los archivos oriolanos, del que hizo referencia la prensa en un reportaje cuando la creación del municipio de Santomera (1978), que refiere que el nombre de “La Matanza” pudiera remontarse a los tiempos de la ocupación cartaginense, porque en este lugar hubo una “matanza” al sofocar Aníbal una revuelta de las tribus iberas allí asentadas. Los historiadores difieren de esta versión, por no existir referencias contrastables al respecto de la época a la que se refieren estos presuntos hechos, por lo que se considera que pudiera tratarse de alguna peregrina leyenda que el autor hubiese recogido muchos siglos después; o no tan peregrina la referida leyenda, porque se han encontrado restos arqueológicos de asentamientos iberos en Guardamar, Rojales, Daya Nueva, la sierra de Callosa, Cox, Orihuela, Redován, Abanilla, Los Baños de Fortuna, Elche…La cultura ibera alcanzó en esta comarca natural del bajo Segura y su afluente El Chícamo, importantes cotas de desarrollo urbano y cultural, atestiguado por sus restos escultóricos, cerámica, enterramientos y túmulos funerarios encontrados hasta ahora. Solían asentarse estos pobladores en pequeñas vegas de aluvión y fondos de cañadas, que permitían el abancalamiento y el encauzamiento de las aguas pluviales de escorrentía en fértiles suelos de aluvión. En el reparto de las tierras de la Vega Baja en la época medieval, ya consta el lugar de La Matanza, en la margen del río Chícamo, que se regaba con el sistema de boqueras yuxtapuestas, aprovechando las aguas pluviales de avenidas, escorrentías y pequeños manantiales. Según refiere J. Torres Tontes en el libro del Repartimiento de Orihuela, en la sexta partición figura la alquería de La Matanza, con 35 pobladores y una dotación de 800 tahúllas. Abanilla no entró en el repartimiento, porque era señorío de Los Rocafull. Existen legajos de los siglos XV y XVI, que reflejan las disputas y contenciosos mantenidos por estas tierras en cuestiones de lindes y amojonamientos entre los concejos de Abanilla, Orihuela y Murcia (Fortuna y Santomera pertenecían entonces a Murcia, y Benferri a Orihuela), dado que estos terrenos, aunque de secano, eran fértiles, con buenos pastizales para el ganado vacuno, ovino y caprino, principalmente, así como por su abundancia en animales de caza, siendo también importante su arbolado, que en la época andalusí lo era en la producción de higos, aceite, uvas, esparto y barrilla, con zonas de buen rendimiento para los cereales, como así lo atestigua su pasado más reciente. Hasta la década de 1960 no se empezó a transformar en regadío, inicialmente por medio del agua bombeada desde el azarbe del Merancho. Por tanto, descartando a los cartaginenses, esta denominación de “La Matanza”, pudiera provenir de las disputas y “matanzas” que se pudieron provocar por luchas tribales de lejanos tiempos, por la dominación de este territorio y el derecho al aprovechamiento de los pastos, la caza y el arbolado. Tenemos que tener en cuenta que los romanos y los visigodos eran más ganaderos, arborícolas y cerealistas que hortelanos. El desarrollo hortícola vino de la mano de los árabes, pero estas zonas como La Matanza no tenían riego periódico asegurado, por lo que se siguieron aprovechando como anteriormente. Otra leyenda refiere que cuando don Jaime I El Conquistador llegó a estas tierras, en 1266, a este paraje ya se le denominaba La Matanza, por la luchas tribales habidas durante la dominación musulmana.

El paraje de Las Contiendas, situado entre Abanilla y Fortuna, por la parte de poniente, es la excepción del término de Abanilla que no pertenece a la cuenca del río Chícamo, sino de la rambla del Ajuaque, tributaria de la rambla Salada, la cual se une a la rambla de Santomera para desembocar en el río Segura, por su margen izquierda. Dada la orografía de este paraje a través de la historia conocida, es fértil y apropiado para el cultivo cerealista y arborícola, predominando la vid, el olivo, la higuera y el almendro. Por la posesión y el dominio del cultivo de estos terrenos se han producido “contiendas” de enfrentamientos de intereses, de los que tenemos constancia de ello desde la época medieval, dándose el caso que los señores que ostentaban los feudos limítrofes escogían los lugares más fértiles para sembrar y cuando las mieses estaban a punto de recolectar se las robaban unos a otros, con las consiguientes disputas que se originaban. Por esta razón, quizá su denominación sea el sinónimo de los enconamientos que produjo, reflejado a través del tiempo por los amojonamientos efectuados desde las lomas del Tale a los Baños, haciendo constar en varias ocasiones que los mojones intermedios se encontraban destrozados, adrede, habiendo sido destruidos, no quedando apenas vestigios de su último emplazamiento. Esto de destruir los mojones y correr las hitas no es nada nuevo en el devenir de los pueblos circunvecinos, sino que es algo demasiado enquistado en las sociedades donde la riqueza y la supervivencia depende del autoconsumo; y la propiedad de la tierra tiende al minifundismo. D. Juan Torres Fontes, en sus tratados de historia sobre Abanilla y Fortuna da referencias sobre deslindes y “contiendas” habidas entre ambas vecindades, que también afectaron a los baños árabes, los cuales hubo que dividir por medio de una pared, para evitar disputas. Estos baños árabes, según las prospecciones arqueológicas realizadas, se encuentran en el subsuelo donde en el siglo pasado se edificaron las cocheras del Balneario, que todavía existen.

Las Contiendas

NOTA.- Para mayor abundamiento sobre el paraje de La Matanza, pueden consultar el libro “Los regadíos medievales y su evolución histórica en el bajo Segura”, del que hay ejemplares en las bibliotecas municipales de Abanilla y Fortuna, la UMU, UCAM, UPCT, Biblioteca Regional, etc., en el apartado 3.2.2 “Las alquerías andalusíes de La Matanza, Benferri, Benireduan (Redován), Escorratel y Cox”, en las páginas 62 a 72, se profundiza sobre el tema. Y en el apartado 3.2.3.1, se estudia el espacio hidráulico a pequeña escala y poblamiento de las fuentes y el complejo de Los Baños de Fortuna, páginas 76 a 85.

Autor: Eugenio Marco Tristán, cronista oficioso de Favanella

Este artículo se ha publicado en LA VOZ DE FORTUNA nº 38, en agosto de 2016.

Deja un comentario

Archivado bajo Historia, Medio Ambiente

750 ANIVERSARIO DEL SEÑORÍO DE ABANILLA: 1266 – 2016


El rey de Aragón D. Jaime I el Conquistador entró en Murcia con sus huestes el 2 de febrero de 1266, para ayudar a su yerno D. Alfonso X el Sabio rey de Castilla, concluyendo así con la pacificación de la revuelta mudéjar, acaecida dos años antes. En el año 1268, dos años después de ocupar la ciudad de Murcia don Jaime I, se celebró en Toledo una reunión conjunta de las Cortes de Castilla y Aragón. Allí en sesión tan memorable, el rey D. Alfonso X el Sabio, reiteró su agradecimiento a su suegro D. Jaime I, con estas palabras: “Padre, sabéis que me prometiste dar como esposa a vuestra hija y que me ayudaríais a conquistar el reino de Murcia y en verdad digo que en ello habéis tenido buena parte y que es vuestra la conquista de Alicante, Elche, Elda, Novelda, Aspe, Crevillente y Fabanella”. Crónica General de Alfonso X el Sabio traducida por Florián Ocampo en 1541.

D. Alfonso X repartió los lugares del reino murciano entre las órdenes militares que le ayudaron y D. Jaime I dio a su primo y lugarteniente D. Guillén de Rocafull el lugar de Abanilla, donación que administrativamente no llegó a hacerse efectiva hasta el año 1281 tras una reclamación puesta por D. Ramón de Rocafull, hijo de D. Guillén, tras permutarle a la Orden de Santiago el lugar de Abanilla por Cieza. J. Torres Fontes en su libro “El Señorío de Abanilla”, ISBN: 84-00-05053-3, edición de 1982, en la página 24 refiere lo siguiente sobre este hecho histórico: “no sabemos si llegó a confirmar la donación de Abanilla a D. Guillén de Rocafull, pero llevando adelante sus propósitos restableció la jurisdicción que Orihuela había tenido bajo la dominación de los almohades, en que se incluía a Abanilla como aldea, y así lo ordenó en carta que otorgó a solicitud de Orihuela, el 15 de julio de 1266…”. Por tanto, este año 2016 se cumple el 750 aniversario de la pacificación del reino de Murcia, así como de considerar la creación del señorío de Abanilla en la persona de D. Guillén de Rocafull. En 1434 Abanilla pasó a depender de la Orden de Calatrava por permuta de posesiones, siendo la única encomienda de esta orden en el reino de Murcia, obtenida por permuta, que no por conquista. En 1483 se firmó el llamado fuero de Abanilla, considerado a nivel histórico como la Carta Puebla. En 1501, por el Decreto de los Reyes Católicos de 21 de septiembre, tras la conversión masiva bastante ficticia de sus habitantes mudéjares, Abanilla alcanzó el rango de villa, se disolvió la Aljama y se constituyó el Concejo, de lo que ahora se cumple el 515 aniversario. Dicho Concejo utilizaba como sello la cruz de Calatrava, con la leyenda a la redonda de FAVANILLA. También consta en las actas capitulares del siglo XVI, que el Concejo tenía una bandera de tafetán verde y azul. Dicha bandera, al igual que las de los demás pueblos bajo la jurisdicción de las órdenes militares, llevaba también en su centro la cruz correspondiente a su orden, en nuestro caso, la de Calatrava, tal como refirió D. Luis Lisón Hernández en la conferencia que realizó el pasado mes de enero en el Auditorio municipal de esta villa.

Y siguiendo con las efemérides el 25 de julio de 1566, el Concejo presidido por su alcalde, junto con el gobernador de la Encomienda y demás personalidades, reunidos en la iglesia de San Benito, después de oír misa oficiada por fray Bernabé de Alcázar, prometieron guardar de aquí en adelante la fiesta de la Señora Santa Ana, madre de nuestra Señora la Virgen María; y así lo juraron. Por tanto, ahora se cumple el 450 aniversario de esta efeméride.

Este legajo además de estar expuesto en la ermita de Santa Ana, se refleja en la página 240, anexo 3, del libro “Abanilla historia de su parroquia”, editado en 2003, ISBN: 84-607-7349-3, del cual, entre otros somos autores los redactores de esta crónica: Juan Manuel San Nicolás Sánchez y E. Marco. Instamos desde aquí a que el Ayuntamiento y sus autoridades no dejen pasar en vano esta efeméride.

Carta publicada en el diario La Opinión el martes 12 de julio de 2016

Deja un comentario

Archivado bajo Historia