Archivo de la categoría: Historia

JERÓNIMO DE AYANZ Y BEAUMONT, COMENDADOR DE ABANILLA


La revista CENTUM nº 5 de la Universidad de Murcia, nos da una amplia información de este histórico personaje del s. XVI, pionero en el campo de la ciencia y la tecnología de su época, considerado el Leonardo Da Vinci español, cuyos inventos, a los que el Rey le concedió el privilegio de patentes, muchos de ellos no pudieron desarrollarse y hacerse realidad hasta un siglo después de su muerte. En su biografía destacan sus virtudes y su destreza militar, así como su fortaleza física, a la que Lope de Vega calificó de hercúlea y que Baltasar Gracián en su obra “El Criticón” lo recuerda como persona forzuda, capaz de romper una baraja con una mano; también tenía grandes dotes para el dibujo y la pintura, así como para la música y el canto. Y aunque algunos contemporáneos ensalzaron su figura, tras su muerte fue relegado por sus compatriotas al olvido, tanto él como sus inventos y patentes, quizá debido a la envidia que suscitó entre los cortesanos. Se puede hablar ampliamente de este personaje, que fue un verdadero adelantado a su tiempo, por lo que voy a procurar resumirlo en este escrito y centrarme en lo referente a su estancia en el antiguo reino de Murcia, siendo contemporáneo del humanista Francisco Cascales.

Nació Jerónimo de Ayanz en 1553, en el señorío de Guenduláin, cerca de Pamplona. Sus padres pertenecían a la alta nobleza navarra. Fue el segundo de los cuatro hermanos y como el señorío lo heredó el primogénito, como era costumbre, él se dedicó a la milicia y con 14 años ingresó como paje en la corte de Felipe II, pasando después a la milicia, siendo lo más destacado de su carrera militar su participación en los Tercios de Flandes, con las tropas de Alejandro Farnesio, resultando herido de gravedad. Entre sus inventos patentados, de los cuales se conservan casi medio centenar en el Archivo de Simancas, con sus dibujos y explicaciones de su puño y letra, caben destacar: una balanza de precisión capaz de pesar la pata de una mosca; bombas para el drenaje y achique de las minas y los barcos; hornos para la metalurgia y otras aplicaciones; agitadores, trituradores y molinos hidráulicos y de viento; destiladores de agua salada; equipos de buceo y hasta un prototipo de submarino; importantes instrumentos y tablas para la navegación, etc. Elaboró un importante trabajo para mejorar la explotación de las minas de plata de Potosí, en Perú, las más ricas en aquella época. Algunos de sus inventos e ideas fueron rechazadas por los nobles reaccionarios de la sociedad española de aquella época, algo parecido a lo que ha sucedido con otros, como el caso de Isaac Peral o el de Nikola Tesla. Las suyas son las primeras invenciones de la historia española a las que el Rey le concedió el derecho de patentes, que no pudieron llegar a materializarse la mayoría de ellas en vida de su inventor, por la falta de la tecnología necesaria, llegando a tener utilidad siglos después, con la aplicación práctica de la máquina de vapor de Watt.

Fue agraciado por Felipe II con el nombramiento de Caballero de la Orden de Calatrava, cuyo hábito tomó el día 21 de enero de 1580, en el sacro castillo convento de Calatrava la Nueva. Su estancia en Murcia comenzó antes de 1584, como regidor. En enero de 1595 recibió la encomienda de Abanilla, vacante que había dejado el marqués de Fromista, don Luis de Benavides, cuyas rentas eran de 2.000 ducados, además de la de Ballesteros, en Ciudad Real, que la tenía desde 1582, con 1.300 ducados de renta. Se dio la circunstancia que a la encomienda de Abanilla le incorporó él los terrenos de SANTOMERA, “HACIÉNDOLOS DE RIEGO”, con lo que nuestra encomienda lindó con la margen izquierda del río Segura, en lo que ahora es El RAAL, vocablo derivado de “rahal”, topónimo árabe que define a un terreno situado entre la margen de un río y una zona de pie de monte, fácilmente inundable por las avenidas, que se dedica al pastoreo, por la facilidad del crecimiento y la proliferación de las hierbas y matas forrajeras con las que se alimenta el ganado ovino, caprino, vacuno y equino. Intuyo que para transformar el “rahal” en zona de huerta, Ayanz aplicó los conocimientos de ingeniería hidráulica ya puesta en práctica por los árabes en las vegas colindantes del Segura, excavando azarbes (El Merancho), azarbetas y landronas para drenarlos y hacerlos cultivables, prolongando desde Monteagudo la acequia de Churra. Con esta incorporación de Santomera logró que la encomienda de Abanilla elevara sus rentas hasta los 3.650 ducados. Fue nombrado regidor perpetuo de Murcia en 1587, permaneciendo en la capital hasta 1599, en que fue nombrado administrador e inspector general de Minas del reino, trasladándose a la Corte. Se calcula que durante este cargo visitó casi todas las explotaciones mineras más importantes de la península, a pie de tajo, bajando a sus galerías y dictando las instrucciones para su correcta explotación y la seguridad de los trabajadores. Murió en Madrid, en 1613, pero sus restos fueron trasladados y están en la catedral de Murcia, en la capilla de Los Dávalos. Y esto se debe a que durante su estancia en Murcia entabló relación con una familia distinguida de la nobleza murciana de aquella época, los Dávalos Pagán de Aragón, contrayendo matrimonio con la mayor de sus hijas, doña Blanca, de la que enviudó al poco tiempo, volviéndose a casar con la hermana menor, doña Luisa, de la que tuvo cuatro hijos que fallecieron a temprana edad. El licenciado Cascales reseña que uno de sus hijos, Cristóbal de Ayanz, fue paje del Rey y tomó el hábito de Calatrava.

Dicen los historiadores que Jerónimo de Ayanz ha permanecido en el anonimato demasiado tiempo, a pesar de que todos sus inventos y patentes han permanecido archivados en Simancas. Y lo que para mí ha sido sorprendente, que estando sus restos mortales en la catedral de Murcia, haya pasado de largo para los historiadores que han realizado trabajos sobre la encomienda de Abanilla, incluso no me consta que en Santomera tengan mucho conocimiento de que fue el que trasformó su “rahal” de secano inundable por las avenidas en huerta, durante el tiempo que estuvo bajo la jurisdicción de la encomienda de Abanilla.

En los sistemas de embalsamiento de las aguas en grandes volúmenes, como son los pantanos, Jerónimo de Ayanz fue el diseñador de las presas de arco, teniendo mucho que ver con la del pantano de Tibi, acabada en 1594, de casi 43 metros de altura, así como la del pantano de Elche, en el Vinalopó, construida entre 1632 y 1640.

Para los que quieran ilustrase más sobre este polifacético personaje, que se adelantó a la Revolución Industrial, pueden consultar la referida revista CENTUM nº 5 y el trabajo que lleva por título “Ingeniería e invención en el siglo de Oro. El caso de Jerónimo de Ayanz”, de Nicolás García Tapia, catedrático de la Universidad de Valladolid, los cuales me han servido de base para la redacción de este artículo.

Nota: Artículo publicado en el programa de fiestas de Abanilla 2017

Eugenio Marco Tristán

Más información:

Deja un comentario

Archivado bajo Historia

LA SAGA DE LA FAMILIA MIRALLES-GAONA


José Miralles Lucas, de Fortuna, cuyo padre tenía caleras, se casó con María Gaona Riquelme, que era una rica hacendada de Abanilla, en la segunda mitad del s. XIX. Sus hijas Luisa y Josefa vivieron y se casaron en Abanilla. Luisa con Bartolomé J. Rivera y su nieto Ramiro Rivera es cardiólogo y ha sido presidente de la Organización Médica Colegial. Su hijo Claudio fue notario en Valencia y en Barcelona hasta 1940; después en Madrid, hasta su fallecimiento. Tuvo un hijo de su primer matrimonio, Claudio Miralles Capuz (Claudito) y dos hijas de su segunda esposa: Mª Luisa y Josefina Miralles Guas. De la Exposición Universal de Barcelona en 1888, la prensa regional reseñó que obtuvieron distinciones los espartos de Luisa Miralles Gaona, los aceites de Juan Pacheco y José Yagües, y los cofines de José Riquelme Lozano, todos ellos de Abanilla.

José Miralles Lucas era socio propietario del monte del Algarrobo, juntamente con José Chacel Ferrero, médico de Abanilla y del Balneario de Fortuna (padre del general Chacel), con otra persona de Barinas que desconozco. Los periódicos del 26-2-1895, dieron la noticia de la autorización del corte de diez mil pinos en la hacienda del Algarrobo”. El 5-9-1885, dijo El Noticiero “que las aguas de las fuentes del Algarrobo y de la Higuera, situadas en Abanilla y Fortuna son riquísimas, digestivas y de inmejorables condiciones, con caudal suficiente para surtir a Murcia”. La fuente del Algarrobo está reconocida como abrevadero de las cañadas reales desde 1719, en legajos de la Orden de Calatrava. El 20-9-1892, se reseña la muerte del médico José Chacel, ocurrida el sábado día 10, a la edad de 74 años. Su único hijo, el general Julián Chacel García, presidió el funeral. El 20-7-1903, se reseña la visita del general Chacel a Abanilla, donde lo nombró el Ayuntamiento Hijo Adoptivo, porque nació en Sahagún-León, y le rindió un multitudinario homenaje. Murió en Madrid, el 29-8-1908, a los 60 años. Según el ABC fue enterrado dos días después, porque el ministro de la Guerra quiso presidir su funeral y hubo que esperar a que regresara de las vacaciones. Los Miralles Gaona y la familia del general Chacel (tres hijos, una hija y su mujer), solían venir a veranear a sus casas en El Algarrobo: Los Miralles a poniente y los Chacel a saliente, que todavía están en uso.

El notario Claudio Miralles Gaona publicó los siguientes libros: Libertad y Arte (1947), con un dibujo del autor, hecho por su hija Josefina; Temas Eternos (1952); Pensamientos (1955). Josefina Miralles Guas vive en Madrid y viene a veranear a su casa del Algarrobo. Tuve una animada conversación con ella y me conto muchas cosas: que la casa fue almacén de espartos y que la tiene como su museo, etc. Con los apuntes que tomé, más otros datos que he recopilado, voy a hacer un pequeño relato de su vida: Nació en 1922, en Valencia. Después se trasladó a Barcelona, donde su hermana Mª Luisa fue compañera de estudios de la renombrada escritora catalana Mª Aurelia Capmany. Ella estudió Bellas Artes y opositó a profesora, obteniendo plaza en el Instituto de Enseñanza Media CERVANTES, de Madrid, hasta su jubilación. Perteneció al Círculo de Bellas Artes y a la Casa de Velázquez. Becada por esta institución viajó a París y a Italia. Colaboró en la publicación “Melanger de la Casa de Velázquez”, donde escribió un artículo ensalzando la laboriosidad de la mujer rural española, haciendo mención de que en Abanilla y Fortuna eran las mujeres las que se encargaban de manufacturar el esparto para hacer los cofines que se empleaban en las prensas de las almazaras para obtener el aceite y la repercusión monetaria que ello supuso en la economía familiar de aquellos tiempos de la autarquía. En las charlas coloquio que hacemos A. Esteve y yo, tituladas “Las Cosicas de Abanilla”, en la relacionada con la industria del esparto citamos este artículo de Josefina. Ha publicado un artículo sobre la escritora Mª Aurelia Capmany, en “Full Informatiu”, nº 3, en 2016, donde ha incluido una foto de ella, su hermana Mª Luisa y Mª Aurelia, en el Algarrobo, de uno de los veranos que vinieron las tres. Josefina ha integrado sus olivos milenarios de Abanilla a la red ACUDE. El 14-7-2016,en Madrid, el embajador de Francia la condecoró con “Las Palmas Académicas”, en reconocimiento a su labor en la Casa de Velázquez. Ella ya había sido condecorada en Francia, como miembro de la Orden de las Artes y las Letras. Refiere que su padre fue un admirador del movimiento cultural y pedagógico que desarrolló “La Institución Libre de Enseñanza” y que tuvo mucha amistad con Mauricio Legendre, hispanista francés de reconocido prestigio, director de la Casa de Velázquez, que visitó El Algarrobo en varias ocasiones; incluso dice tener una fotografía de Mauricio y su padre en las fiestas de la Santa Cruz de Abanilla. La guerra incivil de 1936-39 les pilló en Barcelona. La Embajada de Suecia alquiló una casa del Conde de Godó, en Teiá, que era el dueño y director de La Vanguardia. A esta casa, procedentes de varias embajadas europeas en Madrid, enviaron niños para que estuvieran más seguros. Ella, su hermana Mª Luisa y Mª Aurelia Capmany, estuvieron de cuidadoras.

Casas en El Algarrobo

   
Josefina Miralles Guas

Mis viajes a Madrid siendo estudiante (1968-1971), los hacía en el tren correo. Por Navidad coincidí con un señor que llevaba una maletica y usaba bastón, con una gabardina modelo “teniente Colombo”. Fuimos charlando de cosas nimias: era soltero y viajaba solo. Nos dimos a conocer al apearnos en la Estación de Archena, porque los dos nos dirigimos al coche correo de Abanilla-Fortuna, que lo llevaba el tío Juan de la Calzona. Le extrañó que siendo abanillero no le conociera. Me dijo que se llamaba Claudito Miralles, primo de la madre de Pepe Luis el maestro, y que tenía una casa en El Algarrobo; que era perito Agrícola y funcionario del Ministerio de Agricultura. Me comentó que cuando vino en el verano, para ir a Abanilla lo tuvo que hacer en un tractor, porque el coche correo se había roto. Sobre este tema del enlace postal de Abanilla-Fortuna a la Estación de Archena hay para escribir una novela. A principio del s. XX lo hacía Diego Pérez, que vivía en la calle del Ciervo, vecino de mi abuelo, cuyo medio de locomoción era la mula o el caballo. Hacía noche en la estación, a la espera de recoger las sacas a otra mañana. El tren pasaba para Madrid a las 12 de la noche y volvía de regreso a las 8 de la mañana, con parada obligatoria en todas las estaciones y apeaderos del trayecto. El tío Diego “El Correo” sufrió asaltos para intentar robarle el dinero de los giros postales, hasta el punto de que en ciertos tramos lo escoltaba la Benemérita. Dicen que se puso malo de los sustos, que enfermó y por esta causa tuvo que abandonar el oficio. Esto forma parte de las leyendas urbanas, pero a más de un asaltante lo detuvo la Guardia Civil. El tío Juan salía de Abanilla a las 10 de la noche, parando en Fortuna a recoger las sacas; y se jugaba una partida de cartas en un bar de la calle de La Purísima, donde se tomaba el café y la copa.

NOTA. – En la relación de alcaldes de Abanilla en los años 1797, 98 y 99, encontramos a José Miralles Bernal.

Autor: Eugenio Marco Tristán, cronista oficioso de Favanella.

Este escrito se ha publicado en “La Voz de Fortuna nº 40”, de abril 2017.

1 comentario

Archivado bajo Cultura, Historia