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José Luis Cutillas presenta su libro «ABANILLA, DESDE OTRA MIRADA …cabos sueltos»


Tras varios años trabajando en la redacción de su libro, finalmente en el día 23 de junio, se pudo presentar el libro «ABANILLA, DESDE OTRA MIRADA… cabos sueltos» del que fuera Alcalde de Abanilla durante la legislatura 1983-1987, José Luis Cutillas Rivera.

El libro trata principalmente sobre la época que le tocó vivir como Alcalde, pero el libro también incluye una primera parte de antecedentes históricos en la que se tratan temas tan importantes como la trascendencia de la historia y los aconteceres del pasado en la configuración sociológica y geopolítica del pueblo, así  como sus singularidades, tales como el reconocimiento que hace a la labor de la mujer abanillera como buena administradora de los bienes familiares, así como a la vocación educativa de los maestros y su importancia para dar cierta cultura y educación a los jóvenes del pueblo, los problemas históricos y sociales que se han sufrido en Abanilla como la emigración tras la crisis del capacho, la importancia de determinados y desgraciados hechos acontecidos durante la época franquista o la génesis de los problemas con el agua.

Dentro de los temas más relevantes que se cuentan en el libro respecto a la época de su mandato, caben resaltar los de gestión como la entrega de las cuarenta viviendas sociales del barrio de la Hispanidad, el estudio sobre el estado económico del Ayuntamiento, la mejora del servicio eléctrico, la compra de la Casa de la Encomienda, las mejoras en las pedanías de la zona norte; los curiosos, como la casa del Secretario, el del misterioso arcón y su contenido y el consiguiente intrigante mensaje anónimo, o los polémicos como el tan traído tema del pozo del Bilillo del 3/8/84, la remodelación de la Plaza de la Constitución, así como los temas internos y dimisiones de concejales del Grupo Municipal y de las votaciones en la Agrupación del PSOE en aquella época para la candidatura de 1987.

La presentación del libro en el Auditorio corrió a cargo de sus dos buenos amigos Enrique Amat Vicedo y Ramón Rocamora Jover, quienes previamente habían formado parte del grupo de varias personas que habían leído el borrador del mismo para pulir los fallos o el estilo del mismo.

En sus intervenciones, los dos abogaron por la importancia del libro en cuanto a memorias que suponían de la gestión de José Luis como Alcalde, y que ojala todos realizaran este ejercicio una vez dejado el cargo, para poder valorar con el tiempo los pros y los contras de su gestión. Sin duda es un libro importante que han de conocer y leer los jóvenes del pueblo, no sólo para que conozcan determinados hechos y acontecimientos del pasado, narrados desde el punto de vista de José Luis, por supuesto y por tanto hasta cierto punto de vista desprovistos de cierta objetividad, pero que sin duda suponen una visión muy cercana y en primera persona de los mismos. Según Enrique Amat, el libro es denso, tenso e intenso. Denso por la mucha información que tiene, tenso porque mantiene el interés página tras página, e intenso porque cuando se lee, se quiere terminar cuanto antes.

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Callejeando que es gerundio


Placa Calle Abanilla en Murcia

El callejero de esta villa necesita un estudio pormenorizado, al menos desde el siglo XVIII, del que existen algunas referencias. Me consta que ya hay un abanillero que está recopilando datos al respecto, cuyo nombre no voy a mencionar por si algún listillo le pisa la manguera. Pero en lo referente a ciertas calles nombradas por los foreros, sí que puedo aclarar, y aclaro, lo siguiente: En primer lugar me pregunto el por qué la reciente calle dedicada a José Aº San Nicolás Sánchez, no se ha merecido una “puesta en escena” semejante a la de Saura Mira.

La calle Víctor Marco era la actual «3 de mayo» y fue el abuelo de Víctor y de José Mª Marco Rivera, cuya casa está en la esquina de arriba del bar del Chambilero. La del «Teniente Marco Mir», situada detrás del cuartel de la G.C., era familia del tío Antón Marco el Pintao. No perteneció al Ejército golpista de Franco, murió en Marruecos, el 22 de julio de 1921, en el fortín de SAMMAR. Su hermano, Jerónimo Marco Mir, fue canónigo de la catedral de Granada.

La actual calle Princesa lo fue del general Chacel, que aunque era oriundo de Sahagún, su padre fue médico y director del balneario de Fortuna. Este general, cuya biografía se publicó hace pocos años en el programa de fiestas, fue nombrado hijo adoptivo de Abanilla a principio del siglo XX y homenajeado. La calle «Héroes de Melilla» (actualmente de Ramón y Cajal), se la pusieron como homenaje a los soldados abanilleros muertos en la guerra de África, de 1920, los cuales están enterrados en Melilla y cuyos nombres y motivo de su muerte heroica están reseñados (para más información, ver blog de José Mª López Lozano); las calles Don Cayetano y Don Juan, por el barrio de arriba, están por descifrar de forma fehaciente.

La actual calle de Salvador Allende (la Cañada, de toda la vida), le pusieron “de La Cruzada”, pero en referencia a la guerra civil de 1936-39, llamada por el Episcopado Español, que no por el Vaticano, “La Cruzada Española contra el Marxismo”. Atanasio Cutillas, en principio, no sé a ciencia cierta de quien se trata, pero me huelo a alguna víctima como los Hermanos Cutillas. Heliodoro López Ibañez, era hermano de Pepe y de Mario López, para entendernos. Y la actual calle de Pablo Neruda, anteriormente tenía una placa de mármol dedicada al alférez José Mª Marco Ruiz, de la División Azul, cuyo sable dejó a la Santa Cruz en la ermita de Mahoya, hasta que en el año 1954 se acordó quitar los nombres y los objetos que estaban colgados de las paredes y devolvérselos a sus dueños o herederos.

Esto de las calles, al igual que otras tantas cosas, son asignaturas pendientes de la cultura popular (que no populista). Y mira por donde, tanto poner nombres de calles a tontas y a locas, a flores y matojos y, presuntamente, por incultura o por hacer cada cual lo que le viene en gana, se han olvidado de la de los propios abanilleros, e incluso de reyes como don Jaime I y Pedro IV, que pasaron por aquí, o la de San Vicente Ferrer, cuyo VI centenario se cumplió el pasado año, sin pena ni gloria en esta villa. Tampoco echo en saco roto la de Luciano Riquelme, abanillero, escritor y poeta, que emigró a Argentina.

Nota.- Aunque el general Chacel y don Patrocinio González no fuesen autóctonos de Abanilla, les sobran méritos para ostentar una calle en esta villa, sin desmerecer a otros. Un detalle: al empezar a poner nombres de reyes históricos, los primeros fueron aquellos relacionados con marcas de brandy: Carlos I, FelipeII, etc.

Como se observa, es necesario un estudio pormenorizado del callejero, al igual que lo están haciendo en otras poblaciones, recopilando desde donde se tenga constancia, en el bien entendido que para ello hay que consultar las actas municipales, pues cuando se producían estos hechos se reflejaban en ellas. Hay mucha labor cultural no parafernálica por realizar, sin que para ello haya que gastar mucho en “gamburrinadas”, sino todo lo contrario.  

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