ABANILLA, ¿PUEBLO CATALÁN?


La prensa relataba, el pasado 12 de febrero, que la Generalidad Valenciana “acaba de anunciar ayudas para la promoción de la lengua valenciana en la zona de El Carche (El Carxe), que comprende parte de los términos municipales de Jumilla, Yecla y Abanilla».

http://www.laverdad.es/murcia/comarcas/201602/12/generalitat-promocionara-lengua-valenciana-20160212003859-v.html

No salgo de mi asombro, una administración, el Gobierno Valenciano, va a gastar dinero en el territorio de otra administración, donde no tiene competencias. Es decir, va a malgastar el dinero de los valencianos para fines ilegales. En tiempos en que la corrupción y la malversación de fondos públicos llenan la prensa, el nuevo gobierno valenciano, PSOE-Compromís-Podemos, va a hacer algo que no paran de Este es un aspecto de la cuestión, pero hay otro más preocupante.

Veamos primero quienes son los responsables, en la Generalidad Valenciana, de este desaguisado. El Conseller de Educación es el Sr. Vicente Marzà Ibáñez. El Sr. Marzá es militante de Compromís y anteriormente estuvo muy vinculado a la Fundación Escola Valenciana. Esta entidad tiene, como principal objetivo, la normalización lingüística del valenciano, en concreto, su gran objetivo es: “…amb l’objectiu de potenciar la creació d’un sistema educatiu amb el valencià com a llengua vehicular….”. Rubén Trenzano Juan, es el Director General de Política Lingüística y Gestión del Multilingüismo, y su curriculum político parece calcado del Conseller.

Durante la pasada campaña electoral, Compromís hizo suyo ese objetivo y el nuevo Conseller lo ha repetido en numerosas ocasiones. No hay que olvidar que Compromis es un partido similar, en sus planteamientos nacionalistas, a la CUP o Esquerra Republicana de Cataluña.

Como se sabe, el uso del valenciano como lengua vehicular en la enseñanza, supone que el castellano quedaría relegado a un segundo lugar. En el mejor de los casos, se imparten algunas asignaturas en castellano y en el peor, se enseña castellano al mismo nivel que el inglés, como si fuera una lengua extranjera. La situación de la enseñanza en Cataluña y Baleares es dramática. Conozco el caso de una niña, de cuatro años, que debe desplazarse cada día desde su pueblo de residencia a la capital de la provincia, 17 km, para asistir a una escuela en castellano porque, en su pueblo en que está empadronada, se le niega ese derecho.

¿Y por qué ese empeño en priorizar la enseñanza de una lengua minoritaria en detrimento del español, segunda lengua materna del mundo?.

La base es el concepto de lengua propia en contraposición al de lengua común.

Lengua propia es entendida por los nacionalistas, como la lengua que identifica al territorio y define a sus hablantes como miembros del mismo. La lengua común es aquella que la gente utiliza habitualmente para relacionarse con otros, y no tiene relación con el territorio, sino con las personas En Cataluña, la lengua común es el castellano para unos, y el catalán para otros, pero es más bien el castellano porque es la lengua que permite la relación entre todos los catalanes (los que hablen “su lengua propia” y los que no), por ello es la lengua común, la que comparten todos. En Cataluña, los separatistas dicen que la lengua propia de Cataluña es el catalán, y niegan la existencia del castellano como lengua común. Por tanto, el buen catalán, es aquel que utiliza la lengua propia, el catalán, pues es lo que le define como miembro Durante años, el objetivo de las instituciones catalanas partidarias del separatismo ha sido que “su lengua propia” se convierta en lengua común, desplazando al castellano. No es necesario detenerse en los múltiples ejemplos que ilustran esta estrategia.

Varios intelectuales ya alertaron sobre esta barbaridad: Manifiesto por una lengua común

En Baleares se da el mismo problema:

http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/ciudadanobaleares/2010/10/22/lengua-propia-y-lengua-comun.html

En el País Vasco, hace años, se intentó identificar a los vascos auténticos por el Rh u otras variables morfológicas, tratando de clasificar a los vascos según la raza (como hicieron los nazis). En Cataluña, dado que, mal que les pese, son de la misma raza que los demás españoles, franceses o italianos, tratan de autodiferenciarse por la lengua. Pero la finalidad es la misma, marcar diferencias entre unos y otros: los catalanes y los que no lo son.

Para los partidarios de la independencia de Cataluña, Baleares y Valencia, el territorio de la Patria Catalana es lo que llaman Països Catalans. Se trataría de la zona que actualmente ocupan las tres comunidades autónomas citadas más algunas zonas vecinas: partes de Aragón, el Rosellón Catalán, Andorra, la ciudad de L’Alguer en Cerdeña, y nuestra comarca del Carche (el Carxe, para ellos).

El objetivo de los partidarios de esos Países Catalanes, es la independencia de todas estas zonas, bajo una bandera común, la catalana, y un gobierno único, el catalán. Es lo que se denomina “pancatalanismo”.

Como primera estrategia, se centran en la potenciación de la lengua propia, como paso para definir quiénes son sus nacionales, aquellos que hablan el catalán (o sus variantes, el valenciano o el mallorquín). Una vez identificados los miembros de la comunidad, a través de la lengua, el siguiente paso es reclamar sus pisoteados derechos nacionales y exigir el “derecho a decidir”. Poco importa que, dentro del perímetro de su Patria irredenta, vivan millones de personas que no hablan catalán, o incluso zonas enteras y comarcas en que esa lengua no se habla ni por asomo (Vega Baja, Requena, Villena, Aspe, Elda, Alicante, etc.).

Ahora vienen a nuestra zona a ofrecer ayuda para recuperar el valenciano.

Vienen como los antiguos colonizadores anglosajones cuando llevaban espejos y peines a las tribus indias o a los negritos de África. El imperialismo en versión moderna.

El uso de la lengua valenciana en nuestras pedanías es una riqueza que no se puede malgastar. Forma parte de nuestras tradiciones y es necesario hacer lo que sea para que no se pierda. Por ello es obligación del Ayuntamiento, y de la Consejería de Educación de Murcia, en el mismo plano que otras tradiciones y necesidades culturales, apoyar su uso y su enseñanza, pero no como parte de un “proyecto nacional” de gente procedente de regiones del Estado, sino como algo que incluye su obligación de proteger el legado cultural.

Yo mismo soy descendiente de valencianos, mi abuela paterna procedía de una de las zonas de la Valencia más profunda, el Comtat, y me siento orgulloso de ello. Además, en mi familia más directa, hay catalano-parlantes. No siento ningún rechazo hacia la cultura catalana-valenciana-balear, al contrario, pero sí soy enemigo de los separatismos y la xenofobia que conllevan.

El nuestro, como pueblo de frontera, es una zona híbrida en sus costumbres, su cultura, sus tradiciones, su gastronomía, sus fiestas, su lenguaje tradicional,… Es obligación de nuestros gobernantes fomentar lo que nos define, pero no para separarnos, sino porque forma parte de nuestra forma de ser. Y para ello, no necesitamos misioneros que vengan a predicar y convertirnos a su fe.

Pero esa necesidad de restaurar lo nuestro, no puede suplirse por la iniciativa de otros que tienen objetivos inconfesables. No podemos hacerle el juego a gente que pretende establecer barreras entre ciudadanos de clase A o B, que, al final, harían necesario el pasaporte para ir a comprar vino a Los Gabrieles o comer gazpachos en Los Martínez. Vivimos en la Europa sin fronteras del III Milenio, y no en la época medieval de los privilegios feudales.

José María López Lozano
Doctor en Medicina

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MÁS SOBRE “MI LIBRO”


Aprovechando que El Chícamo pasa por Abanilla, y siguiendo la doctrina de Paco Umbral, que no la del “botín”, voy a hablar de “mi libro”.

“MI LIBRO”, del que soy autor al 25%, que lleva por título “LOS REGADÍOS MEDIEVALES Y SU EVOLUCIÓN HISTÓRICA EN EL BAJO SEGURA”; ISSN 2340-874-X, se imprimió en los primeros meses de 2014, a cargo del Patronato Histórico Artístico de la ciudad de Orihuela, fundación perteneciente a la Comunidad Valenciana. Su presentación se fue demorando en el tiempo, presuntamente por los problemas que el caso “Brugal” desencadenó en el Ayuntamiento de Orihuela, al destapar el alcalde Monserrate Guillén, con la vara que le dieron “Los Verdes”, la trama de listillos que pululaban por las orillas de las cloacas satraperas. En la contraportada del libro figuran los anagramas de las entidades e instituciones que lo han patrocinado, no habiendo ninguna perteneciente a la Región de Murcia, porque la Vega Baja comienza su andadura a partir de los Mojones del Reino, en Beniel, aguas abajo. Abanilla perteneció al reino de Aragón durante algún tiempo, bajo la gobernación de Orihuela, que por eso lleva las barras de Aragón en su bandera pendonera, lo cual NO motivó a su corporación municipal a colaborar con esta publicación, porque en su presupuesto de 2014 solo dedicaron un euro para cultura y deportes. No obstante, y dado que El Chícamo es el río-rambla afluente más importante del Segura en su Vega Baja, pasando a ser conocido en su desembocadura por el “azarbe de Abanilla”, el cual fue ampliado por Belluga y empleado para desecar el terreno de almarjales donde creó sus Pías Fundaciones, discurriendo por el término de Abanilla más de la mitad de su curso, un tercio de “mi libro”, de un total de 310 páginas a tamaño folio y el 80% de las ilustraciones y fotografías insertas son del Chícamo y Abanilla.

El 24 de septiembre de 2014, aprovechando que la Universidad Politécnica de Valencia organizó un congreso INTERNACIONAL sobre irrigación, asistí como ponente e hice la presentación de esta publicación a nivel internacional. Se dio la circunstancia de que a pesar de ser dicho congreso “internacional” no hubiera traducción simultánea, porque cada ponente se expresó en su idioma y algunos nos quedamos a medias tintas. A posteriori hemos podido enterarnos que la falta de los traductores simultáneos obedecía a la reducción de los presupuestos y, por consiguiente, del personal especializado. Es que en la tierra del “caloret”, como se está desempolvando, ha habido un excesivo despilfarro en mega obras faraónicas que no sirven pa na, más que para que paguen el pato los de siempre, incluida la cultura, con el consiguiente endeudamiento de los paganini y el enriquecimiento de los listos de to la vida, a base del chupocterísmo del 3% o más.

Por fin, el 26 de febrero de 2015, en Cox, pueblo natal de dos de los autores, tuvo lugar la presentación del libro, a la que asistieron más de un centenar de personas, incluso una docena de abanilleros, con luz, taquígrafos y reporteros gráficos de prensa y TV, con un refrigerio sin gambusinos, sino con viandas tradicionales del lugar, a cargo de su Ayuntamiento. Los asistentes fueron obsequiados con un ejemplar del libro. El resto de la publicación, la tirada ha sido de mil ejemplares, se distribuyeron entre las entidades patrocinadoras, por lo que Abanilla se ha quedado exenta, aunque no del todo, porque me proporcionaron 60 ejemplares para repartirlos entre mis familiares, colaboradores y amigos, a cambio de una altruista donación de 10 € el ejemplar, que aproximadamente es el precio de costo, para la fundación editora, a la cual ya le hice el ingreso en su momento, debidamente justificado.  No obstante, a finales de mayo del año pasado me facilitaron unos ejemplares con destino a bibliotecas y universidades de la Región de Murcia, los cuales he hecho llegar a las bibliotecas municipales de Abanilla y Fortuna; a la Universidad de Murcia, UPCT y la UCAM; escuelas técnicas de Capacitación Agraria de Torre Pacheco, Molina del Segura y Jumilla; así como a la Biblioteca Regional. Se está a la espera de que la Fundación editora ponga esta y todas sus publicaciones en su página Web, para poder ser consultadas por Internet de forma gratuita. Dado el carácter técnico-histórico y antropológico de este libro, no es como para tenerlo bajo la cabecera y leerlo como una novela, pero sí como libro de consulta, porque recoge parte de la historia conocida e investigada hasta la mitad del siglo XIX, sobre el origen de nuestros riegos medievales y su evolución histórica en el poblamiento, poder social y comunidades campesinas en nuestros terruños y su entorno, por lo que les puede servir de base a futuros estudiantes e investigadores en estas disciplinas. La naturaleza no entiende más que de las fronteras naturales que imponen los accidentes  geográficos, que no coinciden con las que arbitrariamente trazamos los humanos. A nivel popular, sin profundizar en terminologías científicas, este libro le puede servir a las gentes sencillas para conocer documentadamente, que no de oído, el pretérito de las aguas pasadas que ya no mueven molinos y para prevenirse de las aguas venideras. Porque el saber no ocupa lugar y porque los pueblos que se olvidan de su pasado y de su idiosincrasia social, están obligados a tener que repetir su historia y volver a tropezar en las mismas piedras que los sátrapas nos ponen en el camino en cada época de la historia.

En la página 9 se dan los agradecimientos a determinadas personas, entidades e instituciones que han colaborado, y no económicamente, sino aportando datos y testimonios a pie de campo. Una de ellas ha sido la Comunidad de Regantes de la Huerta de Abajo y Sahués, por facilitarnos el acceso a sus archivos, aunque por no existir en ellos ninguna documentación anterior al siglo XX, sólo se ha podido aprovechar y reflejar muy poco, por quedar fuera del contexto histórico estudiado, mediados del siglo XIX. De todas formas, con los apuntes tomados y lo que todavía queda por resumir hasta el presente, hay algo así como para escribir otro libro, aunque sea en versión informática, en el que se dieran a conocer determinadas cuestiones que andan contadas de vis a vis, un tanto desvirtuadas, porque cada cual las refiere a su manera, según les han narrado sus antepasados, que en la mayoría de las ocasiones tratan de dejar bien o justificar el buen hacer de sus ancestros, cuando la realidad fáctica es todo lo contrario; superando en la mayoría de los casos la realidad a la ficción novelesca. Pero, a mi entender, esto habrá que posponerlo al menos hasta que se sobrepase la mitad del siglo XXI, porque somos de un carácter demasiado mostrenco y podría levantar ampollas en aquellos que pretenden matar al mensajero cuando la noticia o el documento puede ofender a algunos ya difuntos, por la creencia de que después de muerto «to el mundo es bueno y va pa santo», aunque en su vida se haya chupado la sangre y el agua del vecino; y si han podido, también el vino el aceite y el trigo. Me han llegado a insinuar, que no a asegurar, que en los archivos de esta comunidad de regantes, presuntamente había legajos anteriores al siglo XX y que si faltan pudiera ser porque algún presidente de los que tuvieron que salir por la puerta de atrás se los llevara y los tendría en su casa, pasando después al olvido o, quizá, a su muerte, al carro de la basura o quemados en la cocina de leña. A mí no me extraña nada esto, pues después de mis experiencias investigadoras de fin de semana, en cierta ocasión un entendido en archivos y bibliotecas me dijo: Cosas veredes si te dedicas a estos menesteres.

Me congratula y me satisface a nivel personal que El Chícamo esté alcanzando a niveles de estudios científicos el lugar que le corresponde, incluso que haya sido declarado reserva fluvial, porque considero que mi modesta labor de fin de semana, de manera oficiosa y altruista, algo habrá tenido que ver en todo este proceso, aunque sólo haya sido como el grano de mostaza que refiere Jesucristo en una de sus parábolas, por aquello de que El Chícamo es el río de La Palestina Murciana.

E. Marco, cronista oficioso de Favanella

https://cuev.in/aux.php?ver=1.0&ref=at

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