REVISANDO NUESTRA IDIOSINCRASIA


NOTA.- Este escrito es un ensayo literario sin ánimo de ofender a nadie ni a ninguno. Al que no le interesen los rollos macabeos que no lo lea.

En el estado democrático y constitucional en que nos encontramos, no es correcto decir que hay corrupción o corruptelas en los partidos políticos que componen el mosaico nacional. Lo correcto sería decir, como se puede comprobar, que los corruptos son algunos garbanzos negros que suelen aparecer en cualquier cocido o potaje partidista. Al poder judicial, que es independiente, le corresponde valorar la toxicidad de estos elementos para la convivencia y apartarlos del guisao. Los ciudadanos tenemos el deber de denunciar su existencia, antes de comernos el potaje, para poderlo digerir en condiciones; pero para ello tenemos que abrir bien los ojos, para no visionarlos ni valorarlos con fines partidistas. Hay cosas que a nuestro juicio parecen evidente y, después, pueden resultar no serlo, porque todo depende del ángulo y la posición del observador, que se supone que debe ser neutral.

Ni que decir tiene, que en todos los charcos hay algo de fango, donde se suelen refugiar para procurarse la subsistencia algunas ranas, sapos, culebras y otros anfibios y batracios. Los reptiles andan por tierra firme, a la caza de insectos y escarabajos. Hay un refrán que dice eso de que una buena capa to lo tapa. Por eso, cuando surgen ciertos atisbos nacionalistas o partidistas, tratan de cubrir sus espaldas con presuntas banderas que gozan de una notoria impermeabilidad popular. La salud democrática se mide por el grado de independencia de La Justicia, que cuando es secuestrada o condicionada por el poder ejecutivo, recibe el calificativo de ser bananera. Ejemplos sobran a capazos, sin distinción de siglas y colores, tanto a nivel local como autonómico, nacional y de la Comunidad Europea. Si en cualquier guisao o potaje partidista se detecta la excesiva conjunción de garbanzos negros, pasa a la categoría de desaguisado; ahora, antes y de to la vida.

Todas las personas debemos ser consideradas buenas, honradas e incluso honorables; mientras no se demuestre lo contrario por los cauces legales reglamentarios. Se supone que cuando un ciudadano se consagra a La Política es para servir al pueblo, que no para servirse del pueblo a través del cargo, en virtud de su puesto en la lista y de los votos que obtenga en las urnas, sin artimañas ni pucherazos. La presunción de inocencia es la base de la equidad, al menos a nivel de la justicia humana. Por tanto, la libertad de expresión debe quedar limitada por esta premisa porque, de lo contrario, la convivencia se puede enturbiar más de la cuenta. Lo que también se suele observar en la selva mediática, es que ciertos lobos y lobbies se puedan disfrazar de corderos y vayamos a parar al cuento de Caperucita o en otras cuestiones del hampa. Los cuentos, cuentos son, con o sin moraleja; las fábulas siempre tienen un trasfondo instructivo a nivel moral; y como se suele decir, casi todos los refranes suelen ser verdaderos, si no en todo, en parte. Predicar es una cosa y el dar trigo otra muy distinta. El quítate tú pa que me ponga yo suele ser la normal moneda de cambio, quedando por demostrar que el camino se hace andando, con la peculiaridad de que algunos que ya han andado legalmente el camino, en su currículo el periplo ha quedado reflejado. Y lo de que más vale malo conocido que bueno por conocer, no deja de ser la excusa para estar siempre en el mismo lugar y con el mismo dilema. Hay situaciones en las que el sucesor deja por bueno a su antecesor, que eso es lo realmente peligroso. El pueblo que tropieza dos o más veces en la misma piedra, puede ser un caso digno de ser estudiado por los antropólogos sociológicos.

Las luces y las sombras de nuestras vidas están mezcladas en una confusa contradicción de guerras, estandartes y tratados de paz, deseos de reformas y la codicia del dinero fácil. El que en este mundo terrenal solo busca el bienestar material y la vana-gloria humana, suele ser o termina, siendo esclavo de la codicia. Las transiciones progresivas y armónicas no suelen ser traumáticas ni dolorosas. La peor desilusión nos viene cuando por manirrotas nos acostamos arruinados e hipotecados y soñamos que a otra mañana nos vamos a despertar “riconarios”. Los castillos levantados sobre el terreno fangoso del dinero, el poder y demás glorias terrenales, tienen los días y las noches contadas. Muchos optimistas experimentados, llamados también pesimistas, son perseguidos de cerca por los fuegos fatuos de algunos exacerbados optimistas sin límite, soñadores de ilusiones ópticas y demás espejismos de paisajes desérticos. Soñar no es malo, pero si se sueña despierto y dicho sueño tiene alguna relación con la parafernalia política, puede llegar a ser destructivo, en la mayoría de los casos, de nuestra propia identidad; porque nos da alas para elevarnos sobre los demás y perder la noción de por dónde pisan nuestros pies. Si en la cadena generacional existe algún índice de corruptela, cuando la temperatura y la humedad reinante alcanzan los valores óptimos surgen las setas y los hongos, que nos indican que debajo está la putrefacción y el micelio. Si de verdad queremos saber cómo son las personas que conforman una población, tenemos que analizar y estudiar lo que se llama su “entorno vital”.

Los jinetes del Apocalipsis según san Juan, nunca han parado de cabalgar sobre nuestras cabezas, desde que el mundo es mundo: el del caballo blanco, que simboliza el bien; el del ídem rojo, que no para de hostigar a los gobernantes para que no se acaben las guerras; el del ídem negro, que con la guadaña en la mano no para de segar vidas, sembrando la muerte entre los más débiles, por causa de las injusticias humanas; el del ídem pálido, que siembra el marón de las epidemias y otras sinrazones de fuerza mayor, creando el Tercer Mundo, que más bien es el inframundo. Detrás de toda esta caballería van los enterradores, armados de pico y pala, para tapar los efectos colaterales que los jinetes destructivos van generando. Estos tres jinetes que simbolizan el mal, persiguen sin cesar al que representa el bien, en una lucha desigual, campo a través, en este globalizado mundo mundial.

No le debemos poner alas a nuestra calenturienta imaginación en el orden de lo políticamente correcto o incorrecto, porque lo que demuestra la experiencia es que el que no la hace a la entrada la puede hacer a la salida y que en casi todos los sitios cuecen habas y en algunos hasta hacen muy buenos michirones con ellas, por lo que es conveniente que nos mantengamos pegados a la tierra por la Ley de la Gravedad porque, de lo contrario, puede resultar de “mayor gravedad” el batacazo que nos espera. La hiel, por su naturaleza, es amarga y prácticamente imposible transformarla en miel. Para que las playas lleguen al centro de algunas poblaciones del interior, como Játiva, y para que el Chícamo sea navegable, por poner un ejemplo, no es del todo imposible, aunque todavía falta mucho hielo que derretirse en el Ártico y en el Antártico.

AFORISMOS: El que se aprende muchas cosas de memoria, llena el aire de palabras. Y el que corta, copia y pega, empapela su entendimiento. Huye de los hombres que en las conversaciones no paran de discutir, porque no son capaces de razonar.

E. Marco

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EL PASTEL BANDERIL SIN SU GUINDA


Tratando de hablar en romano paladino, para que sea entendible por la mayoría de los abanilleros lo del entuerto de los actuales símbolos municipales de Abanilla, LAS ARMAS REALES, de las que no somos el único municipio de España que las ostenta como escudo y las tiene en su bandera, aunque sí somos la excepción que confirma la regla en nuestra Comunidad Autónoma; de lo que unos abanilleros se sienten muy orgullosos y otros no (diversidad de opiniones nunca faltan y suele ser nuestra más característica bandera), EN MI PARTICULAR OPINIÓN, ES COMO UN PASTEL MUY BIEN ADORNADO CON MERENGUES DE COLORES EN SUS MÚLTIPLES PARCELAS. Pero le falta la guinda del pastel que le corresponde poner a las Reales Academias, con su informe favorable.

Este pastel es legalmente comestible, porque así lo decretó en su momento la consejería de la Presidencia de la CARM. Posteriormente, el Tribunal Supremo, ateniéndose sola y exclusivamente a su proceso de fabricación lo ha confirmado como bueno, sin entrar para nada en analizar sus ingredientes y demás aditivos, por lo farragoso del asunto; y, presuntamente, por no atender ni tener en cuenta el análisis aportado del laboratorio especializado, la Real Academia. En un símil con lo alimenticio, que puede resultar hasta odioso, pudiera compararse a muchos productos elaborados que, en su momento, se dieron por buenos y saludables para la ciudadanía consumidora (al menos eso decían en sus campañas publicitarias, posiblemente engañosas), pero que, a la larga, se ha podido comprobar de forma científica que por sus componentes, incluidos algunos de sus aditivos autorizados, resultan nocivos y peligrosos para la salud, por lo que se ha procedido a retirarlos del mercado o a prohibir su fabricación y consumo con dichos elementos nocivos detectados en los análisis.

El licenciado en Historia e incansable investigador sobre los orígenes y el desarrollo de las fiestas de moros y cristianos, José F. Doménech Verdú, de Villena, que lleva mucha tinta y saliva gastada en escritos y conferencias en distintos congresos y simposios, incluso publicados algunos de ellos en nuestro programa de fiestas de hace pocos años, que por su extensión (más de una página), sobre LAS MILICIAS CONCEJILES y su relación directa, indirecta y circunstancial con las fiestas patronales locales, ha provocado lentamente que los pueblos, que a nivel colectivo gozan de un entendimiento razonable del tema de sus señas de identidad a nivel histórico-cultural, se lo tomen en serio, excepto los que les importa un pi-miento estas batallitas y andan por otros derroteros: ladrándole a la Luna en cuarto menguante, para que no se les vea el pelaje. Un conocido refrán dice así: “Donde no hay harina, todo es pecina”.

La cuestión de someter a plebiscito las distintos diseños artísticos que se puedan derivar de datos históricos, al menos con base en cuanto a sus colores, aunque no a su disposición, es loable y plausible, pero entender lo mismo con el gusto variado de las mantas o las colchas de nuestras abuelas no deja de ser…lo que es, presuntas ganas de joder y de garbillar agua, que no de tratar de llegar a algún entendimiento viable y razonable, bajo el predicamento un tanto equivocado, en algunos casos, de la soberanía popular mal entendida o con fines un tanto peregrinos y brumosos. Democracia sí, pero en su parámetro adecuado. Batacazos colectivos por creernos que todo el monte es orégano, sobran en el devenir histórico de todos los pueblos y naciones, incluso por creernos eso de que “esto es mío, acho”, que me lo he encontrao en mi arca o en mi finca o bancal; o a pie de monte.

Nada en la vida de los hombres y sus comunidades se improvisa. Somos hijos de una época, de su ambiente y de sus circunstancias, incluidas las meteorológicas; y de ciertos satélites y satélites que orbitan a nuestro derredor, incluso después de haber caído de su órbita estacionaria.

E. Marco

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