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Cronista oficioso de Favanella (Murcia)

MÁS Y MÁS SOBRE LA HERÁLDICA MUNICIPAL DE ABANILLA


A petición de algunos amigos y simpatizantes de la causa pendonera, y a fin de aclarar de forma lo más concisa posible y actualizada este embrollado asunto, voy a tratar de plasmar el tema de forma cronológica, con la pretensión de disipar las dudas que todavía quedan, a pesar de que ya se ha escrito casi todo lo fundamental; porque se escribe mucho y se suele leer muy poco a nivel popular, a pesar de que se comenta demasiado y con poco fundamento.

* Del siglo XVI sabemos documentalmente que el concejo (el Ayuntamiento) tenía una bandera “verde y azul” y un sello redondo con la cruz de Calatrava y la leyenda “FAVANILLA”, para lacrar los documentos oficiales. De dicho sello han quedado vestigios en documentos existentes en los archivos históricos, de los cuales ya se han publicado facsímiles por investigadores acreditados.

*En el siglo XVIII se hizo el retablo del templo parroquial de san José y, presumiblemente, a falta de referencia documental escrita, el blasón que hay en él, encima de la hornacina de san José, se tiene la sospecha de que pudiera ser el del concejo en esa época, lo cual ya ha sido referido en algunas publicaciones: Abanilla, historia de su parroquia; y en el pregón de fiestas de D. Julio C. Rivera Rocamora.

*En el programa de fiestas de 1979, se publicó la fotografía del “escudo de Abanilla”, de un cuadro que hasta la reforma interior del edificio consistorial estuvo en el despacho de la alcaldía y que ahora se encuentra en el almacén del pabellón. Es una pintura al óleo y se puede estropear con la humedad, por lo que sería conveniente que se emplazara en sitio seguro, dado que por las investigaciones llevadas a cabo por PepeCD, es del último cuarto del siglo XIX y su diseño fue aprobado por el pleno, sin que se tenga constancia al respecto de que fuera aprobado con el informe de la Real Academia de la Historia, creada un siglo antes por don Felipe V. Los concejales y ediles de aquel entonces, presuntamente lo elaboraron a su gusto y criterio, pues es un conglomerado de las armas reales de los borbones y las cruces del Santo Sepulcro, procedentes del balsón de don Fernando El Católico como rey de Nápoles, así como el Toisón de Oro y el Vellocino colgando. Dicho blasón, empleado como escudo municipal infringe las normativas académicas de la heráldica, toda vez que los Reyes Católicos dictaron una pragmática todavía vigente, en la que se prohibía utilizar las armas reales en escudos municipales y otros fines. Actualmente, esta cuestión también ha sido confirmada en consulta realizada a la Casa Real.

Dicho escudo del cuadro de la alcaldía que hubo antes de la reforma interior del edificio del Ayuntamiento, el del programa de fiestas de 1979 y otros, no es el mismo que el que se publicó en el programa de fiestas de 1989 y otros, el cual, presuntamente, es el que le hicieron como homenaje cuando nombraron a un personaje de Murcia hijo adoptivo de Abanilla, que pudo ser uno de la familia de los de La Cierva, quizá don Isidoro de la Cierva, que fue diputado en las Cortes. Este cuadro con dicho escudo es de tamaño mucho más pequeño que el anterior y lleva la Corona Real. Es el que en la actualidad está en el despacho del Alcalde.

En la página 151 del tomo II, imagen nº 9, de la Historia de Abanilla, editada por la Asociación Cultural del Moro Muza, vienen ilustrados cronológicamente los escudos hasta ahora localizados y empleados a nivel municipal, excepto el del retablo del templo parroquial, del cual no se ha encontrado referencia escrita. La descripción de la heráldica de dicho escudo ya la refirió José Miguel Martínez Ramírez, en un escrito en el programa de fiestas del año 1999 ó 2000. Dicho escudo contiene armas heráldicas de variados reyes de la Historia de España y, por eso mismo, no se ajusta a la normativa de la heráldica municipal, puesto que toda esa simbología es de La Casa Real, por mucho que se aprobara por unanimidad en nuestro concejo en aquellos tiempos. Decían los griegos, inventores de la democracia, que una tontería o una ilegalidad no dejan de serlo aunque lo aprueben las mayoría, incluso por unanimidad. Y eso es lo que deseo que quede claro al respecto, que de todos los escudos municipales que se representan en la citada página 151 de la publicación reseñada, han omitido el más legal -académicamente hablando- que es el del siglo XVI, de la cruz de Calatrava con la leyenda FAVANILLA, aprobado por el concejo, que también consta en acta.

El que se cita como de Luis Lisón Hernández, en 1999, es el mismo que el de 1989, del cuadro que actualmente está en el despacho del alcalde. Y lo cita en su libro como que es anacrónica su utilización, por contener armas reales varias y variopintas. No es cosa de enfrascarnos en demasía en los detalles armeros, más que los cronológicos y lo que las Reales Academias han informado al respecto. Lo de que actualmente es legal, lo es, pero esa legalidad administrativa, por supuesto, yo la escribiría entre comillas.

Nota.- De momento, he escrito que el escudo de 1989 (cuadro actualmente en la alcaldía) es un dibujo que le hicieron para algunos de los de la Cierva, benefactores de Abanilla en aquellos tiempos, y puede que esto no sea cierto, pero la información que a mí me ha llegado, es que los familiares del homenajeado como hijo adoptivo lo devolvieron al Ayuntamiento en la década de 1980. Dado que hay varios personajes nombrados como hijos adoptivos de Abanilla, como por ejemplo el General Chacel, en 1903, que publicó la noticia la prensa Regional, por lo que también pudiera ser que se lo hicieran para él.

*Durante la II República, otros concejales electos, todavía más ignorantes en cuestiones heráldicas que los del siglo XIX, a dicho escudo municipal lo mutaron a su gusto, quedando tal cual se publicó en los billetes municipales emitidos en 1937: Le quitaron la cruz del Santo Sepulcro y en su lugar le colocaron el anuncio de una cadena de ferreterías rusas (la hoz y el martillo) de capital marxista, que se estaban estableciendo en España; así como la corona mural en vez de la Real, decretada por orden ministerial; la eliminación de las flores de lis, el Toisón de Oro y el Vellocino; etc.

*Tras el triunfo de las fuerzas fascistas se volvió a la heráldica anterior a la II República- brazo en alto, cara al Sol y con la camisa nueva- iniciándose así, según algunos historiadores, “el movimiento” más inmovilista que ha existido en la historia de España. Pero dada la confusión existente e indocumentada durante largas décadas, algunas bastante ominosas, se utilizó como escudo municipal unas veces el del cuadro del despacho de la alcaldía y otras el de don Fernando VI, que hay en la piedra armera del balcón principal del edificio consistorial.

*Es a finales del siglo XX, durante el reinado local de don Fernando El Romántico, cuando se procedió al estudio de la bandera municipal, en base a los escudos municipales anteriores, con un refrito de ambas versiones, elaborado por un historiador murciano poco ortodoxo, presuntamente acostumbrado a manipular al gusto del consumidor la heráldica y la vexilología, con el resultado apócrifo y pendonero actual. Fue aprobado por el pleno al pleno, por unanimidad, como el vertedero. Y en la Historia de Abanilla, tomo I, páginas 413 a 418, editada por la Asociación Cultural Musá Ben Nusayr (alias el Moro Muza, como así le llamaron los pobladores hispano godos cuando la invasión musulmana), hay una relación cronológica de todo este devenir histórico, aunque algo insuficiente; lo estrictamente necesario para no molestar mucho a los que mandaban y patrocinaban este libro.

*Dado que el actual escudo municipal -el refrito- se exhibe de forma exacerbada, junto con la bandera pendonera favanellera, por haber sido aprobados por decreto de la Presidencia, con el informe negativo de la Real Academia Alfonso X El Sabio (por emplear las armas reales y los colores heráldicos reservados a la Casa Real y a otras autonomías), es por lo que se puede adjetivar la bandera de pendonera – según la primera acepción del diccionario de la RAL- y de apócrifo y anacrónico al escudo municipal, por mucho que les guste a los favanelleros y demás abanilleros de a pie, algunos de ellos entrevistados por la TV7 regional, que dijeron que les gustaba “porque es muy bonico y está de to la vida”.

*No somos la excepción que confirma la regla de la estulticia heráldica municipal a nivel nacional, ni mucho menos, pero sí somos algo zascandileros en este tema, puesto que a estas alturas de finales del siglo XX y principio del XXI, no es de recibo admitir la excusa de la ignorancia histórica como atenuante, que lo pudo ser en el pasado, pero que da muy mala imagen actualmente. Porque corregir es de sabios y porque somos uno de los pueblos de la Región de Murcia con un destacado índice de titulados universitarios en general; y algunos ocupando cargos en las administraciones e instituciones públicas, en el ámbito político, funcionarial y de personal en general. Es necesario y conveniente proceder a corregir este error cuando se considere oportuno, aprovechando que ya no reina don Fernando El Romántico, que dijo en un pleno que el escudo no se cambiaba mientras él fuera alcalde; y consta en acta.

*Don Luis Lisón Hernández, académico versado en heráldica y vexilología, perteneciente a la Real Academia Alfonso X El Sabio, en su libro “Símbolos heráldicos municipales de la Región de Murcia”, editado por la Asamblea Regional, coincidiendo su edición con el decreto de aprobación oficial de nuestra bandera pendonera, reseñó que “Abanilla necesita corregir lo antes posible su heráldica municipal…” Este académico fue el que testificó en este sentido en el proceso contencioso administrativo impuesto por esta cuestión, cuyos argumentos históricos y académicos no tuvo en cuenta el TSJ ni el TS, los cuales “no entraron en el fondo del asunto” y se atuvieron estrictamente al procedimiento administrativo: formas, fechas y plazos.

Las Reales Academias denuncian a través de sus informes, de forma institucional, pero no es su misión el presentar denuncias por la vía judicial del contencioso administrativo. Aunque si son requeridas por los juzgados, su trabajo consiste en informar sobre cuestiones de su incumbencia, entrando en el fondo histórico del asunto, aunque después los jueces no lo tengan en cuenta, cosa que no tuvo a bien solicitar ni el TSJ, ni el TS, en el caso de Abanilla. Como ya se ha dicho, el académico Luis Lisón Hernández, acudió a testificar a instancias del denunciante, a título personal, porque a título institucional la Real Academia Alfonso X El Sabio ya había emitido su correspondiente dictamen, para más INRI en sentido NEGATIVO al escudo y a la bandera pendonera, cuya fotocopia se adjuntó a la documentación del proceso judicial.

*Tengo que resaltar que el informe de las Reales Academias es preceptivo realizarlo, pero no es vinculante, pudiendo el pleno al pleno saltárselo, con o sin justificación, como ha sido en nuestro caso, con el resultado pedante y pendonero que nos desacredita a nivel académico siendo, como somos, un pueblo con sobrada historia. Me viene a la tentación el concluir este escrito con ese dicho tan popular de “torres más grandes cayeron”, pero como yo no sé si veré caer esta torre de estulticias, lo digo con las debidas reservas.

E. Marco, cronista oficioso de Favanella

Postdata: Debe ser demasiado aventurado ser concejal de cultura de un pueblo o ciudad de mucha historia, como lo es Abanilla, sin tener el respaldo, al menos, de un cronista oficial y no escuchar en su momento los informes y recomendaciones de los académicos acreditados. Y a las pruebas me remito de las meteduras de pata habidas hasta la fecha.

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EL MOLINO DEL CHÍCAMO


Este molino y su infraestructura (el azud) fue construido entre los años de 1840 a 1844, a cargo del “Heredao”, actualmente la Comunidad de regantes de la Huerta de Abajo y Sahués. Su explotación se adjudicaba por puja a la llana y con esos dineros se le pagaba el sueldo al “cequiero” y si sobraba se empleaba en reparaciones y mantenimiento del sistema de riego y otros gastos. Según el estudio efectuado por el profesor de la UMU, don José Mª Gómez Espín y otros, sobre los molinos hidráulicos de Abanilla y Fortuna, que ya ha sido publicado en el programa de fiestas, este molino tenía dos cubos de rueda horizontal, de 5´50 y 6´50 metros de altura, con sus correspondientes sistemas de molienda (ruedas) que molían simultáneamente: una destinada para moler productos para el consumo humano y otra para consumo animal. Se estima que en aquel entonces el caudal de agua disponible podría sobrepasar de los cien litros por segundo, por lo que la potencia desarrollada total estaría por los ocho caballos. Tenía un amplio casal, con edificación anexa para vivienda del personal y amplias cuadras y corrales. Dejó de funcionar en la década de 1960. En 1967 ya consta en acta que estaba en estado ruinoso y, por lo tanto, se le rescindió el contrato de arrendamiento vigente a José Navarro Torá. Y siguiendo con la desidia muy española de que lo que no tiene utilidad se deja abandonado a su suerte o se intentan reutilizar sus materiales aprovechables, este molino no ha sido la excepción y solo ha quedado de él en pie el azud, sus dos cubos, el foso, los cojinetes de apoyo de los rodeznos y alguna de sus piedras que en su momento no tuvieron oferta de compra. De sus anécdotas, muchas de ellas de sumo interés, fueron referidas en la charla coloquio de “Las Cosicas de Abanilla”, primera parte de un paseo por El Chícamo, el 30-07-2011, por Juan Aº López Marco, que se pasó allí parte de su juventud primera. Todo esto está pendiente de publicar, a falta de completarlo con la segunda parte y quizá sea necesaria una tercera, hasta llegar a Orihuela. Porque el río-rambla El Chícamo tiene una dilatada historia inherente a Abanilla y Benferri que, poco a poco, iremos recogiendo y pasando a letras de imprenta. En el libro “Los regadíos Medievales y su evolución histórica en el Bajo Segura” (ISSN 2340-874-X), cuya primera edición está ya agotada, se hace un somero estudio de nuestro Chícamo, como principal afluente del Segura en la Vega Baja. En la web abanilladigital.com, podéis leer mi escrito titulado “YO, EL CHÍCAMO”, que describe de forma sencilla este río.

Pero mi intención ahora es la de relatar alguna de las muchas anécdotas ocurridas en la década de 1940 y mitad de 1950, al socaire de este molino, donde por efecto de la autarquía reinante y el estraperlo, vivió su época dorada en cuanto a rentabilidad de su industria y de servicio a la ciudadanía, pues en aquel pretérito tiempo de penurias y racionamientos el mercado negro, los ratones coloraos y los de guante blanco, sabido es que suelen ser los más beneficiados. El hambre y la necesidad agudizan el ingenio y este molino trabajada de continuo, con la clientela en cola, las 24 horas del día, y solo se interrumpía la molienda para las labores de mantenimientos (picado de las piedras y engrases) y en las roturas e imprevistos. Se le llegó a acoplar una dinamo de coche para producir corriente y alumbrar la sala de máquinas, a la cual se accedía por unas escaleras, por estar a más bajo nivel del acceso por el casal. En las cuadras, vivienda y demás dependencias anexas, existían una serie de zulos muy disimulados para el almacenamiento, que servían para esconder los productos de los inquisidores inspectores de la Fiscalía de Tasas, que se desplazaban en aquellas históricas “amotos” SANGLA, incluso por las noches. A este molino acudían los pobladores circunvecinos de Macisvenda, La Umbría, Barinas, El Cantón, los Martínez, incluso de la provincia de Alicante: La Algueña, Barbaroja, Hondón de los Frailes y de Las Nieves, La Romana, hasta Aspe. Los abanilleros tenían más cercano los molinos de El Puente, Santa Ana, Ricabacica y El Partidor, por lo que no solían ir a éste, salvo excepciones.


Entorno del molino del «Heredao» en El Chícamo. (foto de Alfonso Atienza Gaona).

 En Aspe, en el siglo XVIII hubo cinco molinos hidráulicos, pero a principio del siglo XX sólo quedaban en funcionamiento dos: uno alejado de la población, que en 1940 ya funcionaba poco por falta de agua y otro en la misma población, al final de la calle Barranco, en la margen derecha del río Tarafa, que recogía además los sobrantes de una fuente pública y abrevadero allí existente, de la que todavía quedan las piedras, sin agua por haberse secado el manantial de origen. La Benemérita local hacía la vista gorda en el asunto de la legalidad de la molienda, pero los de la Fiscalía de Tasas no paraban de incordiar con sus inspecciones, lo que dio lugar a que el propietario les soltara un garrotazo, con la consecuencia de su encarcelamiento y cierre del molino. Y como los molinos más próximos estaban en Crevillente y para llegar a ellos el camino era tortuoso, por estar en la ladera sur de la sierra, el trayecto más factible era el del Chícamo, aunque estaba fuera de su demarcación territorial. Un aspense que tenía una camioneta Ford de 3.000Kgs, se dedicó por las noches a llevar productos a moler a nuestro molino y en uno de sus recorridos, ya de vuelta, por la madrugada, la camioneta se le paró por falta de aceite en el motor (otro producto controlado y escaso, que había que conseguir en el mercado negro, por causa de la autarquía reinante, igual que la gasolina, por lo que se pusieron en marcha también los gasógenos) delante del cuartel de la Guardia Civil del Hondón de las Nieves. Al insistir en arrancarlo y trastearlo el ruido despertó al guardia de puertas, el cual salió a ver qué pasaba y sorprendió al transportista y le dijo: ¿Qué le pasa? El presunto estraperlista, ante el temor a que le revisara la mercancía y ser descubierto “in fraganti” se le ocurrió decirle que había parado para dejarles una “taleguica” de harina. Eso hizo, pero al intentar arrancar el cacharro ya no lo consiguió, pero el guardia, agradecido por la dadiva, le buscó a un vecino que tenía un carro de mulas y le hizo el transporte hasta su destino, sin ser molestado, porque le dio un salvoconducto. En lo sucesivo este camioncillo circuló sin problemas desde Barbarroja hasta Aspe, porque todas las semanas paraba y les dejada a los beneméritos su taleguica de harina. Los del cuartel de Abanilla subían a este molino cuando les tocaba la ronda de las pedanías y solían hacer noche allí, donde eran muy bien atendidos y no regresaba de vacío. La realidad supera a la ficción en todas las épocas, máxime en las ominosas. Así me lo han contado y así lo relato, para mayor gloria y honra de todos los mencionados, afectados por la autarquía y el racionamiento, de la que siempre se suelen llevar la peor parte las clases sociales menos favorecidas por la vida y por la suerte. Ningún tiempo pasado fue mejor, aunque para los que andaban sobre los pétalos sí lo fuera, mientras que para la mayoría que caminaba sobre las espinas y mal calzados no. Espero que la restauración del molino del Chícamo sea un propósito bien empleado y de utilidad futura, en el cual habrá que escribir en paneles esta y otras historias más que nos vayan contando, para ilustrar a los visitantes.

NOTA.- Los agentes de La Fiscalía de Tasas solían ir uniformados con una gabardina tipo Colombo, con manchas de harina de los molinos y los hornos de pan cocer, de aceite cuando registraban las almazaras y de cagarrutas de los ganados, llenaron el mapa de España de manchas negras (altercados) y rojas (por muertes). En Abanilla casco urbano tenemos una mancha negra y en el alto del antiguo camino a Fortuna por la Casa del Reloj una roja, donde pusieron una cruz por la muerte de un inspector, tiroteado por su propio compañero, porque siempre iban en pareja y armados. Trataban de sorprender con nocturnidad a un ganado de ovejas que por allí transitaba, con dirección a Orihuela, escondidos tras unas matas, junto al camino. Los perros pastores que iban delante se detuvieron y empezaron a ladrarles, lo que el pastor interpretó como que allí se escondía alguna alimaña y les zurró con su gallado. Ellos hicieron uso de sus pistolas, con tan mala suerte, porque la noche era oscura y de invierno, que a uno de ellos se le disparó la pistola al intentar sacarla y le perforó el hígado, lo que le provocó la muerte ya en el hospital, después de intentar los médicos hacer lo que estuvo en sus manos. Estos individuos profesionalmente, salvo excepciones, eran perros de presa, que donde entraban sacaban bocado.

E. Marco, cronista “oficioso” de Favanella

Artículo publicado en el programa de fiestas de Mahoya de 2015

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