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Cronista oficioso de Favanella (Murcia)

CONSIDERACIONES SOBRE EL NOMBRE DEL PARAJE DEL CHÍCAMO


El paraje del Chícamo es el que le da nombre al río-rambla que comienza su andadura en la sierra del Reclot, frente al Rodriguillo (Pinoso) y llega hasta Orihuela, desembocando por su curso natural en la margen izquierda del río Segura, en el Escorratel. El adoptar el nombre del paraje del Chícamo, quizá se deba a que es en este lugar donde fluye agua en su cauce por su natural desde tiempo inmemorial, convirtiendo su curso de torrente seco hasta dicho lugar en flujo continuo de agua, como así lo fue en pretéritos tiempos, antes de que los humanos recogiéramos las aguas para aprovecharlas en irrigar las tierras de sus riberas.

En un artículo que lleva por título “Nombres de ayer y de hoy”, de José Miguel Martínez Ramírez, publicado en el programa de fiestas de 2002, se hace referencia a que en el siglo XIV, durante las guerras civiles que hubo por la hegemonía política del antiguo reino de Murcia, en la página 189 del libro “Manueles y Fajardos”, de Mª de los Llanos Martínez Carrillo, editado por la Real Academia Alfonso X El Sabio, Murcia 1985, dice que comisionaron a Fernando Talón para hacer un viaje a Valencia. En las cuentas que rindió a su regreso figura el pago de cuatro sueldos “al moro de Aspe que les guió hasta Murcia, por el camino del CHICANO”. Esto viene a confirmar que una de las rutas de Murcia a Valencia discurría por “Favanella” (Abanilla), Sax, Elda, Villena, Alcoy, Játiva, etc., tal cual lo referencia en su crónica el rey de Aragón Pedro IV El Ceremonioso, en 1364, durante la llamada Guerra de los dos Pedros, reseñando que se alojaron en la huerta de “Favanella” el 9 de diciembre, al anochecer, procedentes de Alcoy, pasando por Sax, que dista 9 leguas, unos 50 Kms. El antiguo camino romano que sale de Cartagena es un ramal de enlace que forma parte de la vía Augusta, de Roma a Cádiz, que discurre por la costa hasta Campoamor, continuando por Rojales hacia Elche, siguiendo por Aspe, Monóvar, Elda, Sax, Villena, Yecla, a empalmar en Montealegre y en Fuente La Higuera con la vía principal procedente de Sagunto y Játiva. Debió existir otro enlace desde Monóvar a Pinoso, Los Baños de Fortuna y Archena, por el trazado actual de la carretera C3223, que pasa por Campules, cerca de Mahoya.

El humanista, médico, geógrafo y cartógrafo alemán Jerónimo Münzer (1437-1508), realizó entre 1494 y 1495 un largo viaje desde Alemania a Granada y después a Portugal y al centro y norte de España, siendo uno de los primeros viajeros extranjeros en visitar Granada tras la Reconquista cristiana. De este viaje escribió un libro narrando sus andanzas y los lugares por donde pasó. J. Torres Fontes, en la revista Murgetana nº 11, “Un viaje a Valencia”, refiere que la ruta que siguió Münzer desde Valencia a Murcia fue por Játiva, Alicante, Elche, Orihuela. Sin embargo, también reseña que Juan Garry viajó a Valencia y que en la relación de gastos que presentó figuran los correspondientes al hospedaje y adquisición de víveres en “Habanilla” (Abanilla), por lo que se deduce que la ruta seguida fue por Abanilla, Pinoso, Villena, Fuente la Higuera, Játiva…, que no por Orihuela, Albatera, Crevillente, Elche, Alicante…, posiblemente por la inseguridad en esos momentos de viajar por las cercanías de la sierra de Crevillente.

La siguiente referencia la encontramos en la “Memoria sobre los riegos de la huerta de Orihuela”, de Juan Roca de Togores y Alburquerque, en un manuscrito de 1832, que se conserva en la Real Sociedad de Amigos del País de Valencia. En su página 12 relata que en el año 1595 se efectuó una delimitación con Orihuela: colocando el quinto mojón al cabo de la peña Roja; el sexto en las tres sillas del Agudo; el séptimo en las fuentes del CHICANEO, donde se pusieron tres losas; el octavo en la sierra del Villi; y el noveno y último por aquella parte del mojonazo de Jumilla. Dicha delimitación la consultó en el manuscrito Mollons.

En el libro “Abanilla, historia de su Parroquia”, en la página 103 se reseña el testamento del clérigo don Francisco Ruiz Tristán, natural de Abanilla, en el año 1727, donde especifica la promesa que tiene hecha de fabricar a su costa “una ermita en la hacienda que tengo mía y del dicho mi padre, en dicha jurisdicción de Abanilla, en el partido que llaman EL CHICAMO (sin tilde), con el título de Nuestra Señora del Rosario”. No ha llegado hasta nosotros ninguna referencia más sobre esta ermita, ni se ha detectado hasta ahora ningún resto arqueológico que pueda confirmar su existencia en este paraje, estando documentado que la ermita a Ntra. Sra. del Rosario, en Barinas, se erigió en 1881, siendo el cura párroco de Abanilla don Francisco Bernal Yagües, de cuyas vicisitudes escribió un artículo en el programa de fiestas de 2005, página 79, J. Tenza Lajara (Pepe CD).

Cuando la Jefatura de Carreteras colocó en la década de 1970 los carteles indicadores en el puente de Mahoya, según recuerdo, y es posible que alguien tenga alguna fotografía, ponía: Río Chicano. A muchos nos sonó a error e instamos a las autoridades a que incidieran para corregirlo, lo cual hicieron con posterioridad. Desconocemos de qué planimetría sacaron lo de Chicano, o si fue una posible confusión con el apellido de algunos murcianos, según se puede apreciar en la guía telefónica, existiendo una agencia inmobiliaria que lleva este nombre. La etimología de la palabra chicano, según se puede leer en la Wikipedia proviene de los aztecas y, actualmente, se les llama así a las personas de origen mexicano que habitan en los Estados Unidos de América.

Actualmente escribimos Chícamo con tilde, pero circula por Internet sin ella, por lo que entra dentro de lo posible que fuera sin tilde y que algún escribiente, escribano u oficial de notaría la “n” la pasara a “m”; y la tilde por la fonética popular con que lo pronunciamos.

Observación a modo de especulación histórica.- Según los historiadores, el nombre de Thader al río Segura se lo dieron los romanos. Los hispanogodos le llamaron Taderus, que el historiador Schulten lo identificó con el Theodosus de Avieno. Posteriormente los árabes le llamaron Nahr-el-Abiad, sinónimo de «río blanco», por el color de sus aguas en las avenidas fluviales que provocaban sus periódicas riadas. No sería descabellado pensar que en época de los árabes a nuestro Chícamo le llamaran: Nahr-el-Abiad- Al´banyala (río blanco de Al´banyala). Lo de la época de los romanos ya es otra historia, que pudiera estar escrita en las ruinas de la «villae» de Sahués, por lo que pudiera ser la cuestión indagatoria más difícil que encontrar una aguja en un pajar.

Nota adicional.- La publicación “Historia y Lengua en el reino de Murcia Bajomedieval”, de Pilar Díez de Revenga e Isabel García Díaz; Universidad de Murcia, E.L.U.A., 8, 1992, pp: 85-98, accesible por Internet en este enlace.   Es muy ilustrativa para conocer lo que se habla en Orihuela y la Vega Baja. En la página 97 da referencias del manuscrito Mollons que, entre otras cuestiones, recoge cartas entre los concejos de Abanilla y Orihuela. J. Roca Togores dice que él consultó el manuscrito Mollons, que se guardaba en Orihuela. Actualmente está en Alicante, en La Casa de la Cultura.

E. Marco, cronista oficioso de Favanella

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MÁS SOBRE “MI LIBRO”


Aprovechando que El Chícamo pasa por Abanilla, y siguiendo la doctrina de Paco Umbral, que no la del “botín”, voy a hablar de “mi libro”.

“MI LIBRO”, del que soy autor al 25%, que lleva por título “LOS REGADÍOS MEDIEVALES Y SU EVOLUCIÓN HISTÓRICA EN EL BAJO SEGURA”; ISSN 2340-874-X, se imprimió en los primeros meses de 2014, a cargo del Patronato Histórico Artístico de la ciudad de Orihuela, fundación perteneciente a la Comunidad Valenciana. Su presentación se fue demorando en el tiempo, presuntamente por los problemas que el caso “Brugal” desencadenó en el Ayuntamiento de Orihuela, al destapar el alcalde Monserrate Guillén, con la vara que le dieron “Los Verdes”, la trama de listillos que pululaban por las orillas de las cloacas satraperas. En la contraportada del libro figuran los anagramas de las entidades e instituciones que lo han patrocinado, no habiendo ninguna perteneciente a la Región de Murcia, porque la Vega Baja comienza su andadura a partir de los Mojones del Reino, en Beniel, aguas abajo. Abanilla perteneció al reino de Aragón durante algún tiempo, bajo la gobernación de Orihuela, que por eso lleva las barras de Aragón en su bandera pendonera, lo cual NO motivó a su corporación municipal a colaborar con esta publicación, porque en su presupuesto de 2014 solo dedicaron un euro para cultura y deportes. No obstante, y dado que El Chícamo es el río-rambla afluente más importante del Segura en su Vega Baja, pasando a ser conocido en su desembocadura por el “azarbe de Abanilla”, el cual fue ampliado por Belluga y empleado para desecar el terreno de almarjales donde creó sus Pías Fundaciones, discurriendo por el término de Abanilla más de la mitad de su curso, un tercio de “mi libro”, de un total de 310 páginas a tamaño folio y el 80% de las ilustraciones y fotografías insertas son del Chícamo y Abanilla.

El 24 de septiembre de 2014, aprovechando que la Universidad Politécnica de Valencia organizó un congreso INTERNACIONAL sobre irrigación, asistí como ponente e hice la presentación de esta publicación a nivel internacional. Se dio la circunstancia de que a pesar de ser dicho congreso “internacional” no hubiera traducción simultánea, porque cada ponente se expresó en su idioma y algunos nos quedamos a medias tintas. A posteriori hemos podido enterarnos que la falta de los traductores simultáneos obedecía a la reducción de los presupuestos y, por consiguiente, del personal especializado. Es que en la tierra del “caloret”, como se está desempolvando, ha habido un excesivo despilfarro en mega obras faraónicas que no sirven pa na, más que para que paguen el pato los de siempre, incluida la cultura, con el consiguiente endeudamiento de los paganini y el enriquecimiento de los listos de to la vida, a base del chupocterísmo del 3% o más.

Por fin, el 26 de febrero de 2015, en Cox, pueblo natal de dos de los autores, tuvo lugar la presentación del libro, a la que asistieron más de un centenar de personas, incluso una docena de abanilleros, con luz, taquígrafos y reporteros gráficos de prensa y TV, con un refrigerio sin gambusinos, sino con viandas tradicionales del lugar, a cargo de su Ayuntamiento. Los asistentes fueron obsequiados con un ejemplar del libro. El resto de la publicación, la tirada ha sido de mil ejemplares, se distribuyeron entre las entidades patrocinadoras, por lo que Abanilla se ha quedado exenta, aunque no del todo, porque me proporcionaron 60 ejemplares para repartirlos entre mis familiares, colaboradores y amigos, a cambio de una altruista donación de 10 € el ejemplar, que aproximadamente es el precio de costo, para la fundación editora, a la cual ya le hice el ingreso en su momento, debidamente justificado.  No obstante, a finales de mayo del año pasado me facilitaron unos ejemplares con destino a bibliotecas y universidades de la Región de Murcia, los cuales he hecho llegar a las bibliotecas municipales de Abanilla y Fortuna; a la Universidad de Murcia, UPCT y la UCAM; escuelas técnicas de Capacitación Agraria de Torre Pacheco, Molina del Segura y Jumilla; así como a la Biblioteca Regional. Se está a la espera de que la Fundación editora ponga esta y todas sus publicaciones en su página Web, para poder ser consultadas por Internet de forma gratuita. Dado el carácter técnico-histórico y antropológico de este libro, no es como para tenerlo bajo la cabecera y leerlo como una novela, pero sí como libro de consulta, porque recoge parte de la historia conocida e investigada hasta la mitad del siglo XIX, sobre el origen de nuestros riegos medievales y su evolución histórica en el poblamiento, poder social y comunidades campesinas en nuestros terruños y su entorno, por lo que les puede servir de base a futuros estudiantes e investigadores en estas disciplinas. La naturaleza no entiende más que de las fronteras naturales que imponen los accidentes  geográficos, que no coinciden con las que arbitrariamente trazamos los humanos. A nivel popular, sin profundizar en terminologías científicas, este libro le puede servir a las gentes sencillas para conocer documentadamente, que no de oído, el pretérito de las aguas pasadas que ya no mueven molinos y para prevenirse de las aguas venideras. Porque el saber no ocupa lugar y porque los pueblos que se olvidan de su pasado y de su idiosincrasia social, están obligados a tener que repetir su historia y volver a tropezar en las mismas piedras que los sátrapas nos ponen en el camino en cada época de la historia.

En la página 9 se dan los agradecimientos a determinadas personas, entidades e instituciones que han colaborado, y no económicamente, sino aportando datos y testimonios a pie de campo. Una de ellas ha sido la Comunidad de Regantes de la Huerta de Abajo y Sahués, por facilitarnos el acceso a sus archivos, aunque por no existir en ellos ninguna documentación anterior al siglo XX, sólo se ha podido aprovechar y reflejar muy poco, por quedar fuera del contexto histórico estudiado, mediados del siglo XIX. De todas formas, con los apuntes tomados y lo que todavía queda por resumir hasta el presente, hay algo así como para escribir otro libro, aunque sea en versión informática, en el que se dieran a conocer determinadas cuestiones que andan contadas de vis a vis, un tanto desvirtuadas, porque cada cual las refiere a su manera, según les han narrado sus antepasados, que en la mayoría de las ocasiones tratan de dejar bien o justificar el buen hacer de sus ancestros, cuando la realidad fáctica es todo lo contrario; superando en la mayoría de los casos la realidad a la ficción novelesca. Pero, a mi entender, esto habrá que posponerlo al menos hasta que se sobrepase la mitad del siglo XXI, porque somos de un carácter demasiado mostrenco y podría levantar ampollas en aquellos que pretenden matar al mensajero cuando la noticia o el documento puede ofender a algunos ya difuntos, por la creencia de que después de muerto «to el mundo es bueno y va pa santo», aunque en su vida se haya chupado la sangre y el agua del vecino; y si han podido, también el vino el aceite y el trigo. Me han llegado a insinuar, que no a asegurar, que en los archivos de esta comunidad de regantes, presuntamente había legajos anteriores al siglo XX y que si faltan pudiera ser porque algún presidente de los que tuvieron que salir por la puerta de atrás se los llevara y los tendría en su casa, pasando después al olvido o, quizá, a su muerte, al carro de la basura o quemados en la cocina de leña. A mí no me extraña nada esto, pues después de mis experiencias investigadoras de fin de semana, en cierta ocasión un entendido en archivos y bibliotecas me dijo: Cosas veredes si te dedicas a estos menesteres.

Me congratula y me satisface a nivel personal que El Chícamo esté alcanzando a niveles de estudios científicos el lugar que le corresponde, incluso que haya sido declarado reserva fluvial, porque considero que mi modesta labor de fin de semana, de manera oficiosa y altruista, algo habrá tenido que ver en todo este proceso, aunque sólo haya sido como el grano de mostaza que refiere Jesucristo en una de sus parábolas, por aquello de que El Chícamo es el río de La Palestina Murciana.

E. Marco, cronista oficioso de Favanella

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