EL LABERINTO EN QUE NOS HAN METIDO

Hacía tiempo que no escribía en Abanilla Digital. Pero hoy quiero compartir con todos nuestros lectores una reflexión sobre la situación actual y futura de nuestro Ayuntamiento.

Por decirlo de una manera suave, estamos completamente arruinados. Son tantos los créditos y deudas contraidas por el alcalde y su equipo que el Ayuntamiento no tiene capacidad alguna de maniobra.

En los últimos plenos he tenido que oír cómo el Alcalde y el Teniente de Alcalde justificaban la desproporcionada subida del IBI para mantener los servicios a los ciudadanos. No es cierto. Y voy a explicar por qué.

La subida generalizada de los impuestos y tasas municipales es la consecuencia matemática de casi una década dedicada al más absoluto despilfarro del dinero público. Y lo grave no es que se haya gastado el dinero que había, sino que se ha gastado el que no había pidiéndoselo a los bancos, o comprando y contratando bienes y servicios y dejándolos a deber.

Las cuentas públicas han sido un coladero de dinero para despropósitos de toda clase. Fundamentalmente obras sobrepresupuestadas con empresas íntimamente relacionadas con el PP, una partida de personal insostenible, no sólo desde la cantidad de puestos sino de la remuneración de los mismos, así como otro tipo de gastos abusivos en parafernalia, comidas, celebraciones y fiestas.

La salida para esta situación desastrosa y que el Alcalde ha provocado, es subirnos los impuestos al máximo posible. Ahora, ante la campaña de firmas propiciada por el IUMA, han hecho un pleno para maquillar los impuestos bajando unas ridículas 7 centésimas que siendo la subida del valor catastral de 10 puntos porcentuales no es una rebaja como nos quieren vender, sino una subida atenuada.

El alcalde dice que no hay otra solución, que ya ha recortado todo lo que podía recortar. Otra vez miente. Le queda la partida más grande, la que se come el 50% de los recursos del Ayuntamiento. La partida de personal.

No estamos hablando de echar funcionarios. Estamos hablando de ajustar la plantilla a las necesidades y sobre todo a las posibilidades del pueblo. Exactamente igual que los ajustes que muchos de nosotros hemos sufrido en las empresas privadas a consecuencia de la crisis.

El gasto en personal se incrementó a casi el doble cuando las elecciones del 2007. Eran unas elecciones cruciales para el alcalde porque se jugaba aprobar el Plan General de Ordenación Urbana. Él sabrá a qué se comprometió con los constructores y a cambio de qué. Tenían que ganar las elecciones. Y no hay nada más eficaz que comprar voluntades a cambio de puestos de trabajo.

Prácticamente todos los puestos que se crearon, así como las subidas absolutamente demenciales de los sueldos de los que ya estaban, fueron decisión personal y digital del alcalde y de los entonces concejales.

Las expectativas eran tales que empezaron a gastar dinero en obras y en contratación como si esto fuera Jauja.

Bien. Las falacias y los resultados de esa política han quedado meridianamente claros. Sin embargo se siguen manteniendo los sobresueldos y puestos de trabajo, a dedo, de difícil justificación.

Los impuestos son para tener servicios. Eso nadie lo discute. Pero lo que no se puede consentir es que nos esquilmen literalmente para que un grupo de personas que trabajan para el Ayuntamiento presuntamente por su afinidad política mantengan sus ingresos. Mi dinero es para mí y para mi familia. Para que podamos realizar nuestro proyecto vital, no para mantener el proyecto vital de personas que ni tan siquiera han pasado una oposición o un proceso selectivo objetivo y público.

Tampoco es para que los funcionarios ganen muchísimo más que sus homologos de la administración autonómica o estatal. No cabe en cabeza alguna que un administrativo gane más que por ejemplo un juez. O que un policía gane prácticamente lo mismo que un inspector de la policía nacional. No es lógico y sobre todo no es justo. Igual trabajo, igual categoría, mismo sueldo.

Es el alcalde el que ha provocado esta ruina. Su herencia para lo que queda de mandato y los siguientes es un Ayuntamiento sin recursos, sin propiedades, sin servicios y profundamente endeudado. Sus acciones las vamos a pagar todos durante muchos años.

El futuro más inmediato sea quien sea el alcalde o alcaldesa es un Ayuntamiento mínimo. Sin capacidad para nada. Las opciones serán ese mínimo con impuestos abusivos y manteniendo amiguetes o un ayuntamiento mínimo sin amiguetes y bajando los impuestos para que, al menos los abanilleros tengan algo que llevarse a su boca y no a la de los demás.

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